Lambas silueta original

Enganchados al running

Eduardo Lambás
¿Corro un maratón?

El último esfuerzo

Entramos en la semana previa a la carrera y el plan marcado por el entrenador es ya suave, tiraditas cortas y muchas precauciones para no estropear todo el trabajo acumulado.

 

Lo verdaderamente curioso de esta semana es que no te sientes cómodo con la bajada de intensidad de los entrenamientos sino que te inunda una sensación de duda sobre si habrás entrenado suficiente o podrías haber hecho más. El cuerpo se relaja pero la mente sigue tensa y las dudas crecen, o mejor lo llamamos miedo.

 

La logística de viaje está preparada y el trabajo realizado pero el miedo no reduce intensidad.

 

El día antes de la carrera estaba nervioso, mejor digamos ansioso; el tiempo pasa despacio y no paras de pensar en el día siguiente. En mi caso, paso el día por Madrid con mis dos hijos que están deseando hacer cosas y yo lo único que quiero es ir al hotel y descansar pero, nobleza obliga y cumplir con la familia es lo primero. Comida en pizzería, inflada de pasta y un intento de siesta que se queda en paseo porque no te dejan. Llega más apoyo logístico familiar para la cobertura del día siguiente y la consiguiente cena en la que el estómago ya está cerrado por los nervios y por el montón de hidratos de carbono que todavía está circulando.

 

Hora de dormir, por fin, traje de faena preparado, dorsal prendido, alarma puesta, cansancio pero el sueño no se concilia. Una hora antes de que suene el despertador estoy en el coche por La Castellana buscando un buen sitio para aparcar.

 

Son las siete y cuarto de la mañana y ya estoy en El Retiro, afortunadamente no estoy solo porque mis compañeros de fatigas también acuden a la cita en el guardarropa una hora antes de lo previsto. Me relajo con su compañía y sus bromas.

 

Vamos calentando hacia meta y dando vueltas a la primera gran decisión del día que se basa en si salgo a su ritmo arriesgando a pinchar o conservo y hago solo la carrera. Estoy tan cómodo con ellos que me la juego sabiendo que su apoyo puede ser fundamental, tanto por experiencia como por compañerismo.

 

Salimos fuertes, el ritmo es alto pero vamos cómodos, como me alegro de haber salido junto a ellos, los kilómetros van cayendo entre risas. El apoyo del público en Madrid es impresionante y desde los primeros kilómetros se hace notar

 

En el kilómetro 14 se bifurca el camino de la media maratón y se nota en menos apreturas y sobre todo en los ritmos. Ya sabes que todos los que van contigo correrán 42 kilómetros. Llegamos al 21 en 1 hora 42 minutos prácticamente sin enterarnos. Son las 10.45 de la mañana y lo digo porque coincide con la hora en que un grupo de buenos amigos tiene la sana costumbre de desayunar huevos con torreznos antes del rugby. Además se han descargado una App en la que nos siguen durante la carrera y sabemos que están brindando con clarete por nosotros. Todo anima.

 

Encaramos la segunda mitad de la carrera con los ánimos por las nubes y las fuerzas no intactas pero casi. La parte de la Casa de Campo resulta agradable por correr por la sombra pero la salida de esta se hace bastante dura por la pendiente.

 

Las fuerzas empiezan a flaquear y tiramos de motivación; tres jugadores de rugby juntos se animan con tópicos que no hace falta reproducir pero todos suponéis.

 

Nos plantamos en el kilómetro 35. Israel va fresco y nos empieza a dejar poco a poco, Pachi y yo vamos más justos pero convencidos a estas alturas de la carrera de que estamos en meta y en tiempo.

 

El público te lleva en volandas, las piernas duelen pero tu cabeza ya está en meta y solo una rotura puede pararte, empiezas a ver abandonos que te hacen pensar, pero es un instante porque tu cabeza y tu corazón quieren llevarte a meta.

 

Huele a meta, te duele todo, pero el último impulso para llegar en mi caso me lo dan mis hijos a apenas un kilómetro de la llegada. Ese beso te lleva con una sonrisa que se transforma en lágrimas de felicidad en la línea de meta. Isra hace 3 horas 27 minutos, Pachi 3 horas con 28 minutos y yo 3 horas y 29 minutos. Los tres hemos bajado de 3.30 que para Madrid es un tiempazo a nuestro nivel.

 

 

Prueba superada, carga de emociones, objetivo cumplido, promesas realizadas, sacrificio compensado, agradecimientos, abrazos, felicidad, todo está bien, todo ha merecido la pena, todo tiende a mejorar desde este momento.

 

Solo palabras de agradecimiento para los que me habéis apoyado, me habéis entendido, me habéis soportado, me habéis entrenado, me habéis acompañado y os habéis alegrado conmigo y por mí. Esto es lo más grande e intenso de un maratón; diría de cualquier reto que exige sacrificio y superación.

 

Sin olvidarme de nadie solo voy a citar a mi entrenador Juan Mañeru que desde el primer día confió en mí y a dos de mis compañeros de rugby&run que aparte de entrenar conmigo, hicieron la carrera conmigo y me llevaron en volandas hasta la meta, Israel Gorostiza y Pachi Diezhandino, los demás ya sabéis lo que os agradezco todo lo que habéis hecho por mí.

 

Gracias a todos.

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