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Rosana Güiza
Actualidad

La desgracia de ser niña

El mundo está loco, la gente está loca y esos locos destrozan las infancias y las vidas de quien les da la gana, sin raciocinio alguno.

Eso de que la cara es el espejo del alma es, a veces, tan cierto como que se refleja en ella por lo que uno está pasando. Imposible disimular el dolor, el sufrimiento o la alegría, a no ser que seas consciente de que hay que disimilarlo y se haga a través de una buena interpretación. Hay gente para todo. Gente mala que intenta disimular con cara de ángel y con los típicos "cariño", "cielo" o "corazón" al final de cada frase para intentar parecer cariñoso y buena persona. Nada más lejos de la realidad. La falsedad que algunos toman por bandera tira por tierra la bondad de las personas que de verdad ejercen el bien.

 

Este escueto y pésimo análisis sobre las caras como espejo del alma viene a cuento de los rostros que vi ayer en el periódico ABC que venían a ilustrar la noticia de las niñas nigerianas violadas por el grupo terrorista islámico "Boko Haram". Un titular demoledor afirmaba que "hacían turnos para violarla", con una imagen más demoledora todavía: las caras tristes, con mirada perdida en el vacío e inexpresivas de esas criaturas raptadas, violadas y liberadas después. Son rostros muertos en vida.

 

No creo que, después de lo que han vivido, la libertad les sirva de consuelo, al contrario, puede que incluso hubieran preferido no salir vivas de aquello, como tantas otras niñas de las que no se sabe su paradero y se las supone muertas. Seguramente las liberadas hayan deseado el mismo destino para ellas que el de sus compañeras muertas. Una vez en libertad, sin hogar a donde ir, perdidas y, para mayor desgracia, muchas de ellas embarazadas de sus violadores, ¿qué será de sus vidas?, ¿quién las querrá? Nadie.

 

Se verán abocadas al destierro de su sociedad, más dura que las sociedades normales. Las mujeres allí no tienen todavía el valor que tenemos las de aquí, y cuando digo "valor" me refiero a que no son valoradas, porque valor tienen, seguramente, más que cualquier mujer del primer mundo.

 

Hay que ser muy valiente para, después de haber sido raptadas, violadas y defenestradas de su vida, intenten rehacerla como si nada hubiera pasado, den a luz a esos hijos fruto del aberrante acto de su violación y tener que soportar que el mundo entero hable de ellas, sin más solución a sus problemas que contarlo como ejemplo de la desgracia y la maldad humana más grande y despiadada jamás contada.

 

Son niñas al fin y al cabo y su infancia no debería haber sido esta que les ha tocado. Debería haber sido como nuestra infancia y como la de nuestros hijos. Pero el mundo está loco, la gente está loca y esos locos destrozan las infancias y las vidas de quien les da la gana, sin raciocinio alguno. Niñas secuestradas y violadas, niños en maletas para cruzar fronteras y más niños en peligro de ser víctimas de tráfico humano después del terremoto en Nepal, por poner algunos ejemplos. Curioso como el ser humano usa al más débil de su propia especie para hacerse el fuerte. ¡Qué asco de esta condición humana!

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