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Rosana Güiza
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Ilusiones despeñadas por gobiernos sordos

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Un año planeando una ilusión. Un año preparando un proyecto en grupo para divertirse, para compartir experiencias únicas por una pasión, inexplicable para ellos e ininteligible para los demás, para los que no la comparten. 

Como tantas otras pasiones, la de la montaña y la espeleología tiene su adrenalina y su enganche, como una droga dura que se aferra a quienes la sienten como un estilo de vida y no pueden pasar sin ella. Así son las pasiones, como las amorosas, que muchas acaban en tragedia. Así ha acabado esta pasión precisamente, en tragedia y con la vida de dos de los tres espeleólogos españoles que llevaban un año llenando mochilas de ilusión para preparar este viaje.

 

Por fin llegó el día, el 29 de marzo y partieron con sus mapas, sus cantimploras y las ganas de disfrutar sufriendo entre riscos, peñones y recovecos que la naturaleza hace inalcanzable, pero que el sueño humano se empeña en alcanzar. Precisamente por eso, por lo dificultoso del reto y la inaccesibilidad de la hazaña, es por lo que el hombre se empeña en conseguir lo imposible de la naturaleza. Y cuando la naturaleza se enfada, siempre gana y acaba sin piedad con el ser humano que intenta retarla en esa lucha incesable por ser superior.

 

Así lo ha querido el destino, que un grupo de nueve se dividiera en dos y tomaran caminos diferentes: el de la vida y el de la muerte. Ahora no valen las disculpas, los lamentos ni las justificaciones. Fueron allí por voluntad propia a enfrentarse a lo que mas les gustaba hacer y la muerte esperaba a dos de ellos. Los vivos se alegran de su suerte con la pena por los que han perdido en el camino. ¿Los políticos? Basura en este caso. Echar las culpas de un país a otro ya no vale. Colgarse las medallas del rescate un país u otro tampoco. Ya es tarde. Gustavo y José Antonio volverán de su expedición a casa sin mochilas y en un ataúd mientras los gobiernos de Marruecos y de España se pelean por eximir responsabilidades.

 

Que uno de ellos estuviera perdido, subido en una piedra durante seis días y medio sin que nadie fuera a rescatarle sabiendo dónde estaba, cómo llegar y cómo hacerlo no es culpa del destino sino de aquellos que no fueron capaces de coordinarse, de ordenar y de hacer efectivo un rescate que podría haber resultado exitoso si hubiera habido rapidez y acuerdo entre dos gobiernos sordos. Gustavo y José hubieran podido contar a sus nietos su hazaña si los gobiernos de dos países se hubieran puesto de acuerdo en el minuto uno y no hubieran tardado seis días y medio en iniciar un rescate. Que ahora diga Marruecos que la culpa es de los espeleólogos imprudentes por haberse metido en una zona difícil es de vergüenza.

 

Que Marruecos quiera dejar claro que fueron ellos los que rescataron al único superviviente de esta tragedia y no los españoles es denigrante. Después de esta repugnancia política, sólo queda preguntarme: ¿cuánto tiempo tardará Juan, el superviviente, en empezar a pensar en su próxima expedición? Si es que le han quedado ganas después de esto...               

Comentarios

Manuel Álvarez 08/04/2015 10:04 #1
Muy bien escrito y muy bien expresado, Rosana. Pero..¿ Que nos vamos a esperar de los politicuchos que tenemos? Está claro que no le ha importado a nadie la vida de estos deportistas .Hasta aquí llega la ineficacia. Penoso.

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