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Rosana Güiza
Actualidad

Caprichoso e injusto destino

La vida puede cambiar a veces en cuestión de segundos. El mejor ejemplo lo hemos vivido este lunes en Barcelona, en un trágico suceso.

Nunca se sabe con lo que la vida te puede sorprender. Cuando la situación laboral está al límite, de repente, surge un trabajo que te ayuda a salir adelante y te da esperanzas para volver a creer en el sistema y en la sociedad. Crees que estás mal y que este giro inesperado se ha convertido en un golpe de suerte a tu favor que acabará con esa mala racha que llevabas.

 

Eres profesor y te han llamado de un instituto para cubrir una baja. Estás feliz. Llevas dos semanas y, de repente, oyes ruidos al lado de tu clase. Sales a ver qué pasa y un crío de 13 años te mata de un machetazo en el tórax. Así, sin más. Lo que se suponía que era algo bueno, en realidad era una buena suerte camuflada en destino fatal. Tan fatal que ha acabado con su vida. Así es el destino, nunca se sabe lo que nos tiene preparado. Cuatro heridos más por culpa de un crío al que se le ha ido la cabeza y ha deambulado por todo el instituto intentando matar con una ballesta a todo ser viviente que se cruzase con él. Que si un brote psicótico, que si esquizofrénico, que si a saber qué...

 

Cuántos casos hay en los que los padres tienen hijos que ni si quiera conocen. Creen que son ideales, con buenos modales, estudiosos y amables pero en realidad tienen algún tipo de obsesión impensable que esconden en su más estricta intimidad. Gente normal, familia normal, instituto normal y amigos normales. Pero, ¿qué es normal?

 

Supongo que normal es a lo que estamos acostumbrados, a lo que no reviste ningún tipo de rareza. De un matrimonio de clase media alta nacen dos hijos; uno normal y el otro serio, raro, muy suyo. Con el tiempo, esos padres de bien se enteran de que el hijo raro ha hecho esta o aquella fechoría que creen imposible ya que su hijo es incapaz de hacer algo así.

 

Muchos casos en los que los padres son los principales culpables al no querer ver en sus hijos la vena de maldad que pueden desarrollar. Pero también ocurre que, a veces, creen tener un hijo modélico que en realidad es un capullo a escondidas que acosa a compañeros, con ideas radicales o, como es el caso, una obsesión por la violencia que disimulaba tan bien que, incluso sus compañeros se lo tomaban a broma.

 

El asesino duerme en su cama esta noche, con sus padres. Curioso destino el suyo; que la vida o lo que sea le otorgue ciertas ideas o determinada mente capaz de matar. Destino frívolo ya que en este caso es inimputable pues la ley dice que un crío que mata con 13 años no sabe lo que hace pero si lo sabe con 14. No creo que sea cuestión de límites de edades sino de formas de hacerlo. Vale que no vaya a la cárcel o que no pase la noche en un calabozo, pero sí debería haber algún sistema o alguna fórmula para que este niño asesino pague de alguna manera lo que ha hecho. La ley dice que con 13 años no sabe lo que hace pero él sí sabe con 13 años trazar un plan, coger una ballesta, un machete e intentar cargarse a medio instituto. A ver cómo se mide esto.

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