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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Peces-Barba

El fallecimiento de un personaje, de una persona de distinción, calidad o representación en la vida pública, como Gregorio Peces-Barba Martínez, provoca la publicación de numerosos reconocimientos  y reflexiones sobre su vida y obra. Posiblemente estas líneas se enmarcan en ese aluvión de composición desigual. No he podido resistirme, quizá tampoco existía razón para ello, a mencionar algunos extremos de su brillante actividad parlamentaria, la de un hombre comprometido con la democracia y el socialismo, la de un académico sobresaliente desde la cátedra de Filosofía del Derecho y desde la política universitaria como rector fundador de la Universidad Carlos III de Madrid.

Peces-Barba se afilió al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 1972 y fue diputado de 1977 a 1986, como se sabe, en momentos esenciales para la recuperación y la posterior consolidación de la democracia y el Estado de Derecho en España. Formó parte de la ponencia redactora del proyecto de la Constitución Española de 1978, la vigente, junto con Gabriel Cisneros Laborda (UCD), Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD), José Pedro Pérez-Llorca Rodrigo (UCD), Manuel Fraga Iribarne (AP), Miquel Roca i Junyent (CiU) y Jordi Solé Tura (PCE-PSUC). Se le considera, por tanto, padre de la Constitución. Presidió el Congreso de los Diputados de 1982 a 1986. En aquella etapa el parlamentarismo español alcanzó un nivel muy alto en sus formas y contenidos. La política logró que el pueblo recobrara la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político, en fin la soberanía perdida, y todo ello a pesar de la dura resistencia de los poderes fácticos. Por cierto, que no se nos olvide la importancia de la política en el peligroso contexto actual.

Hace poco más de un mes escuché con atención unas declaraciones de Peces-Barba, realizadas con motivo del treinta y cinco aniversario de las elecciones generales del 15 de junio de 1977, relativas a la importancia real del consenso (palabra que se puso de moda en el argot político de aquellos años) en la aprobación de la Constitución de 1978. Recordé entonces el discurso del propio Peces-Barba, que leí en segundo curso de Derecho, pronunciado en la sesión inaugural de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas, celebrada el 5 de mayo de 1978, presidida por Emilio Attard. Aquella reunión comenzó a las diez y veinte de la mañana y concluyó a las ocho de la tarde. Intervinieron valorando el proyecto de Constitución, por este orden, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, Gregorio Peces-Barba, Santiago Carrillo, Manuel Fraga, Joan Reventós, Miquel Roca, Enrique Tierno Galván y Xabier Arzalluz (http://www.congreso.es/public_oficiales/L0/CONG/DS/C_1978_059.PDF).

Decía Peces-Barba aquel día que €œEl consenso no es solamente un problema cuantitativo, como algún otro dignísimo representante de esta Comisión ha interpretado, diciendo que debemos ponernos de acuerdo en un 80por ciento y dejar un 20, !ojalá pudiéramos ponernos de acuerdo en un cien por cien! Pero, naturalmente, no es un problema cuantitativo, sino de que no haya nada que pueda ser absolutamente inaceptable para cualquiera de los Grupos Parlamentarios aquí existentes, porque entendemos que con esta Constitución deben poder gobernar todos; es decir, todos aquellos a los que la voluntad popular les lleve al Gobierno€. Y añadía que €œNuestra idea del consenso, tal como la hemos expuesto, tal como la expuso ensu momento Felipe González, tal como la hemos intentado -con mejor o peor fortuna- defender en la Ponencia, se mantiene; nuestra buena voluntad para no hacer una Constitución partidista, sino una regla de juego válida para todos, también se mantiene€.

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