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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Elecciones de rector

Veintisiete años hace ahora de la primera elección del rector de la Universidad de Salamanca conforme a lo dispuesto en unos Estatutos ajustados plenamente a la Ley de Reforma Universitaria (Ley Orgánica 11/1983, de 25 de agosto, citada habitualmente por su sigla LRU), esto es, en el marco de un sistema presidido por la autonomía y la participación democrática de los miembros de la comunidad universitaria. En 2001 la LRU fue derogada por la Ley Orgánica de Universidades (LOU), modificada ampliamente en 2007, que mantiene con matices aquel modelo de gobierno y gestión. Han sido rectores desde entonces Julio Fermoso, Ignacio Berdugo, Enrique Battaner, José Ramón Alonso y Daniel Hernández Ruipérez.

Pronto cumplirán veintiocho años las dos asociaciones que copaban la representación estudiantil de aquel Claustro Universitario, nacido de las urnas en mayo de 1986. Formaban parte de la Asociación Progresista de Estudiantes Renovadores (ASPER), a la que pertenecí desde sus inicios, sesenta de los setenta y cinco claustrales del sector de estudiantes. Los demás eran miembros de la Asociación de Estudiantes Independientes de la Universidad de Salamanca (AEUS). Estas dos organizaciones se han convertido en las decanas del asociacionismo estudiantil en España.

 

Ahora que empieza una nueva campaña electoral en la Universidad de Salamanca, que concluirá con las elecciones de rector en noviembre, y que la LOU ha sido objeto de una reforma impuesta por decreto-ley en 2012, generadora de recortes gravísimos en la financiación, de la subida exagerada de los precios de matrícula, de la fuerte bajada de las becas, del ninguneo de la investigación y de la injustificada reducción de las plantillas, me parece oportuno recordar aquel contexto universitario. Y es que la LRU constituye un espléndido ejemplo del decenio del cambio (1982-1992), una de las etapas más interesantes de la historia de España. Se confinan los demonios del pasado. Se reconquista el futuro. Se descubre la falsedad de la tesis determinista del destino trágico e inapelable de la convivencia en democracia, en libertad. Se espantan muchos de los complejos sentidos o sugeridos. Se reinventan con vigor el europeísmo y las Comunidades Europeas.

 

Subraya la LRU que la democratización de la universidad supone “la más sólida base para la sociedad estable, tolerante, libre y responsable” y que “la ciencia y la cultura son la mejor herencia que las generaciones adultas pueden ofrecer a las jóvenes y la mayor riqueza que una nación puede generar, sin duda, la única riqueza que vale la pena acumular”. Propone por ello un modelo de vida académica encaminado a “conseguir unos centros universitarios donde arraiguen el pensamiento libre y crítico y la investigación”, porque solamente así la universidad será “un instrumento eficaz de transformación social, al servicio de la libertad, la igualdad y el progreso social, para hacer posible una realización más plena de la dignidad humana”.

 

La Universidad de Salamanca impulsó la reforma, supo estar a la altura del momento histórico y aprovechó la ocasión (democratización, crecimiento, dotación de recursos humanos e infraestructuras, mejora de la calidad). Fueron los tiempos del proyecto, el grupo, el liderazgo compartido, la implicación y el compromiso, en definitiva, los tiempos del cambio.

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