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Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

El paisaje y Pepe Núñez (in memorian)

A pesar de lo irregular que nos va saliendo este verano, ora tórrido, ora casi otoñal, mi afición a la fotografía me impulsa a seguir día a día la evolución de la luz y el color en de los campos de esta Salamanca nuestra.

La primera vez que salí a €œhacer fotos€ con mi querido y admirado maestro del mirar, Pepe Núñez, allá por el año 1973, fuimos a las minas de Golpejas -entonces no estaba el vallado que ahora impide acercarse a maquinarias y terraplenes- era invierno y la niebla envolvía el paisaje, Pepe, tan espléndido como siempre, me dijo algo que nunca he olvidado: €œLas cosas no tienen alma, el alma se la pones tú con tu ojo€. Entonces yo tenía 20 años, era estudiante de Bellas Artes y quería ser pintor, aquellas palabras fueron suficientes para que cambiara mi postura ante la fotografía, me di cuenta que la pintura no iba a ser mi medio de expresión y que me quedaba mucho por aprender.

Me puse a ello con afán casi obsesivo, las encinas se disolvían en la niebla a medida que se distanciaban de mi posición, haciendo que pareciera aun mayor la distancia entre ellas. Aquello producía en mi retina una sensación de soledad que hacía que aislara de todo entorno que no fuera el me atraía en ese momento: las encinas y la niebla.

Cuando al cabo de varios días fui a visitar a Pepe a la librería Vítor -hoy ocupada por una sucursal bancaria en la Plaza de la Constitución- le enseñé con ilusión las fotos que había hecho, él me enseñó las suyas, la diferencia era notable, yo me había entretenido en el paisaje total luchando por descubrir las formas tortuosas de las encinas inmersas en la niebla , Pepe se había dedicado, casi exclusivamente, a ver detalles de la maquinaria abandonada de la mina y a ver ese mismo paisaje neblinoso a través de los agujeros practicados en ellas. Yo me había embelesado con lo evidente y él había interpretado el paisaje, lo había hecho suyo, el paisaje y Pepe eran uno, no dos.

Esa fue la primera de las muchas e impagables lecciones que recibiría en días, meses y años sucesivos, en los que las salidas fotográficas se hicieron habituales desde la librería en la que quedábamos los domingos por la mañana y desde la que partíamos a fotografiar ese paisaje salmantino de la llanura que en verano se torna cálido, fundamentalmente por el color del cereal, los tonos rojizos de las tierras en barbecho, los múltiples detalles que proporcionan las innumerables hierbas secas que pueblan caminos y cunetas, los últimos frutos de los árboles y, como no, esa neblina matinal que tantos quebraderos de ojo me dio al principio de mi singladura fotográfica y que en verano es tremendamente cristalina y débil.

Pepe: todavía me obsesiona la niebla, aún me queda mucho que aprender, algún día me fundiré con el paisaje para ser lo mismo, voy camino de ello, te lo prometo.

Victorino García Calderón
Profesor del mirar y fotógrafo.

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