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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

RAFAEL CALVÍN, reconstruyendo el Templo de San Sebastián

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Rafael Calvín, maestro de pintores, desarrolló una labor amplía al margen de sus lienzos, sus pinturas están enriquecidas por una iconografía pintoresca que, en muchas ocasiones, estaba definida por una técnica rica en materia, con manchas desarrolladas por su mágica espátula, espátula orquestada con insólita destreza y con una imaginación insondable, como las pinturas de los árboles del Cerrito Alto o los óleos con las Chimeneas aladas de la villa de Guisando.

 

 

 

En los años ochenta, los lienzos y las esculturas del retablo del templo de Guisando estaban abandonados en un sótano, las obras estaban agrietadas y en ruinas, las piezas, obras maestras renacentistas y barrocas, fueron rescatadas y restauradas por Rafael Calvín; recobrando todas ellas su esplendor, un lienzo brilla con especial fuerza, con singular luz se eleva la imagen de san Sebastián.

 

 

La sensualidad y las ondulaciones del apolíneo santo, se unen a la cabellera de la escultura de la Inmaculada, los entrelazados cabellos se ensamblan a los ornamentos ampliados en los pliegues que, como campos de luz, agitan el manto profusamente dorado de la Virgen; la escultura, restaurado con rigor por Calvín, descubre una obra maestra clásica.

 

 

La tabla de san Sebastián, antiguo patrono del pueblo, muestra su cuerpo herido por las flechas algodonosas. El rostro, abatido, recupera la iconografía de la Luz y de las Tinieblas, el santo construye las alegorías de la Aurora y del Crepúsculo, se cierran las tinieblas para adentrarse en el reino de la Luz, desde la iconografía de la Melancolía. El san Sebastián de Guisando recupera la dimensión renovada del santo que, desde claves alegóricas, construye la paradoja de la Luz y de la oscuridad; desde la clave iconológica del reino saturniano, se eleva para mostrar el reino espiritual de Apolo.

 

 

Las pinceladas y las veladuras de la escuela veneciana del Renacimiento, definen una imagen reconstruida por el pincel y por la espátula de Calvín que, con genialidad, empapan de movimiento sutil la luz y el color, matices entre la suavidad y la violencia; enfrentando las líneas serpenteantes con las manchas sublimes, las atmósferas unen el cuerpo desnudo del santo con el árbol reconstruido por Rafael, la pierna oculta se alimenta de la neblina romántica de los paisajes imaginarios, lugares idealizados que se fusionan con la piel reconstruida por Rafael; los esfumados y difuminados paisajes alimentan las moradas del cuerpo y del alma en conflicto; al ser  recuperados en los años ochenta por un ilustre pintor-poeta, se descubre la capacidad de Rafael para revelar en las obras maestras los enigmas clásicos revitalizados en la imagen eterna de Sebastián.

 

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