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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

ÁRBOL AZULADO

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Quería establecer una parada ante una representación de la Naturaleza, en cualquier caso, toda Galería de Retratos (las entrevistas a amigos y a alumnos) tiene lienzos con jardines y paisajes…

 


Al retomar los parajes de Rilke, encontré al hombre-árbol repleto de significación, con un potencial imaginativo capaz de estimular todo lo vegetal; entre espuma y sabia, se impuso el alma del árbol unido a la imagen de Rosalind, obra de John Everett Millais, así unimos el árbol con el libro para elevar la contemplación hacia lo Celeste, hasta la Nube Blanca.

 


La Mirada, ausente-presente, constata con agitación y suavidad el refuerzo de la magia y del hechizo del Árbol; llegan sensaciones ante la Naturaleza que, viviendo dentro del Bosque como los místicos, van adentrándonos en el árbol invertido, en el Otro Lado del Jardín Blanco de Rilke.


Ante la necesidad de nutrirse, abrazamos el viejo Nogal. La corteza y la piel de los hombres maduros intensifican y amplían la visión del interior del árbol; sobre la savia y la conmoción de la metamorfosis del hombre en árbol, motor de las almas saturnianas, se puede llegar a la gran cima para contemplar el conflicto entre el árbol y la nube, una dialéctica esencial para unir tierra y cielo.


Los árboles marcan caminos para mostrarnos itinerarios de paraísos celestes, edén azulado por la escalera de caracol; la armonía reina en los escenarios que se alteran para vestirse de azul, para convertirse en la morada de los atormentados artistas románticos que, desde la pintura al ballet, retomaron el simbolismo de los árboles e incorporaron abismos infinitos cristalizados en almas errantes. En el Ballet Romántico, el bosque del acto Blanco redime la imagen del Romanticismo, intensifica la dimensión ultramundana del árbol convertido en Castillo de Sueños.


Los troncos de los árboles, como los cuerpos de los telúricos seres alados, viajaron desde los lienzos de Friedrich a las piezas de Pina Bausch. La danza, como obra de arte sublime, cubre el dibujo coreográfico dinamizador que, emulando el movimiento de las ramas giratorias, proclama los procesos de construcción alimentados por lo vegetal.


La nobleza del árbol, sus fuertes ramas y sus infinitas raíces, formulan preguntas en el lenguaje de Pina Bausch; al unirse los Cuatro Elementos, el Azul Aéreo destaca para mostrar la esencia de la purificación en lo terrenal.


Encontré un hombre-árbol en un amplio salón-comedor de la calle Guzmán El Bueno, un joven firme y elevado, le seguí y constaté, en efecto, que Roberto es un bosque con aromas de La Alhambra.


Estos árboles, dentro de un cristal, al ser claros e inalcanzables, al no poder carecer de ellos, podemos ensalzarlos con la certeza de conformar con las ramas un rostro eterno.

Comentarios

Raa 05/04/2015 22:30 #6
Los escritos de Eduardo son como aquellos libros que te apetece releer cada verano. Siempre los abordas con la ilusión de la primera vez, pero también con la experiencia de haberlos recorrido anteriormente. Cada línea escrita por Eduardo Blázquez plantea una propuesta arriesgada, sugerente y diferente. Sus relatos se dibujan sobre caminos que se entrecruzan y los protagonistas se convierten en artífices de múltiples historias, lo que posibilita su aparición en futuros escenarios, propiciando nuevas relaciones. Gracias a su gran capacidad para narrar, para entender el arte y para relacionar cada elemento estético, podemos emprender nuevos caminos hacia la reflexión, alejados de los convencionalismos estéticos.
Fran 05/04/2015 21:56 #5
Los pelos de punta me has puesto , enhorabuena Eduardo .un abrazo
Liuba Cid 05/04/2015 21:25 #4
Maginifica reflexión sobre la luz en la oscuridad, sobre las médulas del arte y sus transfiguraciones múltiples en movimiento. Eduardo Blázquez nos presenta un viaje sensorial hacia la escena contemporánea configurando un mundo simbólico de analogías entre arte y naturaleza. Siempre equilibrado en la reflexión de los antagónicos complementarios: apolíneo y dionisiaco. Cada post de su blog incita a un estudio, a una referencia dialogada o virtual, siempre desatando inquietudes. Gracias.
D.Couso 05/04/2015 15:41 #3
Con una mirada analítica, Blázquez contempla el desarrollo y extensión del arte. Crea y conceptualiza. Tiene un gran don, mediante el que lleva a cabo que el arte se integre en ti, forme parte del humano y se haga persona. La visión que Pina llevaba a cabo con el hombre árbol, el crecimiento del héroe tan plasmado en cada relato épico y el universo que gira alrededor del arte, se exitiende con fuertes raíces enclavadas en la historia, como el arte ha hecho. Sólo espero, que pronto, veamos el arte de Blázquez en museos, donde su mirada se convierta en cuadro y seamos nosotros los que le analicemos.
Javi 05/04/2015 13:11 #2
Genial. Saludos
FIOREN 05/04/2015 11:41 #1
Esto es lo que se llama un Interludio, como los que creó Bernardo Buontalenti. El Interludio de Eduardo Blazquez, quien ha llegado a un punto sublime en sus análisis estéticos sobre las Artes Escénicas del mundo contemporáneo. Me recuerda a agente igualmente brillante en la línea, como Aby Warburg, Gombrich, Ramírez, Faggiolo o Diego Suárez.

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