Silueta original

El callejón de Hamel

Fernán Labajo

Rostros en la bruma

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La delicadeza del rostro de porcelana sueca de Ingrid Bergman no desvirtuaba la profundidad de una mirada que atrapaba al espectador.

Es posible que sea un nostálgico empedernido, o que no esté demasiado puesto en temas de actualidad, pero tengo la impresión de que el halo de misterio que acompaña a las grandes actrices de Hollywood se ha ido desvaneciendo con el paso de los años. Hace décadas, las estrellas femeninas del séptimo arte eran las protagonistas de una vida apasionante, intensa, con momentos malos y buenos conocidos por todo el mundo. Y no hablo de la cantidad de páginas de tabloides que llenaban, sino de esa forma que tenían de traspasar la pantalla con su personalidad abrumadora.

 

Es posible que por ser pioneras, e incluso adelantadas en un mundo masculinizado, sus figuras adquirieran mayor leyenda. Pero son innumerables las divas hollywoodienses que tuvieron vidas que bien podrían plasmarse en un guión cinematográfico. Desde el cuento de princesas de Grace Kelly, a la maestría profesional de Katherine Hepburn, pasando por la tormentosa y trágica vida de Natalie Wood. No quisiera olvidarme tampoco de Marilyn Monroe y Audrey Hepburn, dos actrices infravaloradas por su condición de iconos de la cultura pop.

 

Otras, sin embargo, han sido olvidadas casi por la inercia de ser repudiadas en su época de esplendor por causas ajenas a su vida artística. Es el caso de Ingrid Bergman, que el pasado sábado hubiera cumplido 100 años y cuya figura será homenajeada en el Festival de Venecia gracias al documental Viva Ingrid!. La separación de su primer marido para quedarse en Italia, tras enamorarse de Roberto Rossellini, supuso el principio del fin de una amplia y magnífica carrera cinematográfica llena de grandes títulos como Casablanca, Juana de Arco o Encadenados.

 

La delicadeza de su rostro de porcelana sueca no desvirtuaba la profundidad de una mirada que atrapaba al espectador. Aunque años más tarde fue acogida de nuevo en el seno de Hollywood, lo cierto es que se tiende a olvidar una inmensa filmografía y unas interpretaciones memorables, llegando a rozar la perfección gracias a su belleza y a la veracidad de sus personajes.

 

Ese inconformismo plasmado en un amor semiprohibido con un director italiano, el destierro de su país y el repudio de su gremio, son capítulos de una vida que no hacen sino agrandar el mito de Bergman. A veces, nos olvidamos de que las estrellas son personas y tratamos de cubrir su brillo con una densa bruma. Una bruma como aquella que envolvía el rostro lleno de lágrimas de Ilsa Lund en el aeropuerto de Casablanca

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