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El callejón de Hamel

Fernán Labajo

Que sí son gigantes

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Hay un denominador común que flota por encima de toda la trayectoria de Aaron Sorkin: pretende mostrarnos la épica de la sociedad actual de una manera literaria y a la vez moderna. Nos alienta a que seamos capaces de superarnos cada a día y, sobre todo, nos inspira.   

Para Aaron Sorkin, hablar de El Quijote es como hacerlo de La Biblia. Es un libro sagrado que le ha acompañado desde su infancia hasta la actualidad, releyéndolo cada cierto tiempo y descubriendo cosas nuevas, como ha asegurado en numerosas entrevistas. Ese amor por la obra más célebre de la literatura española se ve plasmada en toda una carrera repleta de éxitos y también de fracasos. 

 

Reconozco que me irritan las personas que critican a un autor cuando no les gusta una obra nueva recurriendo a argumentaciones del tipo "a este se le ha subido el éxito a la cabeza" o "ya no es el mismo". Se olvidan que en la escritura, el cine o la música, la conformidad no es una opción. Es cierto que se debe forjar un estilo propio y mantenerlo para conseguir una personalidad, pero el conformismo es el peor enemigo del autor y recurrir constantemente a la misma fórmula es un signo inequívoco de inmadurez

 

Las dos funciones principales de la cultura deben ser el entretenimiento y su misión civilizadora, esto es, mover conciencias y crear debate. Toda la obra de Aaron Sorkin cumple estos dos requisitos. Ha tratado temas como el abuso de poder en la marina americana, se ha adentrado en las costuras de la vida política y ha mostrado cómo funciona la televisión desde dentro. Todo ello lo ha planteado como si la pantalla fuera el escenario del mayor teatro del mundo. 

 

La fuerza de sus historias es tal que, en ocasiones, ha conseguido que la parte del guión se coma a la de la dirección. Es el caso, por ejemplo, de su última película, Steve Jobs, una visión en tres actos de la vida y obra del creador de Apple. Lo mismo ocurrió, aunque en menor medida, en La red social.    

 

Hay un denominador común que flota por encima de toda la trayectoria de Aaron Sorkin: pretende mostrarnos la épica de la sociedad actual de una manera literaria y a la vez moderna. Nos alienta a que seamos capaces de superarnos cada a día y, sobre todo, nos inspira.   

 

Es curioso que, pese a haber pasado los últimos años de su vida escribiendo sobre las redes sociales y las nuevas tecnologías, tenga una opinión tan nefasta sobre ellas, llegando a decir en alguna entrevista que es "un arma para la crueldad". Pero su postura acerca de ellas, o sobre la información en los medios de comunicación de masas en los tiempos que corren, se hace latente en The Newsrrom, una serie en la que, a través de una visión idealista del periodismo, se cuestiona si el empobrecimiento de la sociedad es fruto de la sobreinformación (o desinformación). 

 

Sus personajes, sus 'alter egos' y sus discursos buscan una reacción en el público. Para Sorkin, encerrarse en una habitación de hotel frente a un papel en blanco es como enfundarse una armadura vieja y cargar a lomos de Rocinante una lanza y un escudo oxidados. En cada película o serie nos inspira y nos anima a creer que aquellos molinos, en realidad, son gigantes.  

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