Silueta original

El callejón de Hamel

Fernán Labajo

Ni culebrones, ni canciones del verano

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No hace muchos años vivíamos pendientes de la televisión porque unas telenovelas nos tenían en vilo durante todo el verano. Mientras, sonaban canciones pegadizas que bailábamos y cantábamos de manera incansable durante 3 meses. 

Hubo un tiempo en el que a los españoles, en vez de tenernos entretenidos votando un gobierno cada seis meses, nos mantenían distraídos con culebrones. Había una especie de rivalidad entre televisiones que inevitablemente terminaba traspasada a una sociedad tan bipolar como la nuestra. Eran veranos en los que Esmeralda, Franco, Norma o Luis Mario, eran los nombres que pondríamos a nuestros hijos si nacieran al día siguiente.

 

De esta forma, si TVE emitía durante cinco interminables meses Gata Salvaje o Amarte así, Frijolito, Antena 3 contratacaba con Pasión de Gavilanes. Las tardes de los españoles se repartían entre las siestas, la playa, la piscina y los culebrones. Hubo quien renunció a tener vacaciones en agosto para poder ver cómo terminaba la trama de alguna telenovela. Otros, sin embargo, retrasaban su chapuzón veraniego y llenaba el salón de trozos de uñas. Muchos maridos se divorciaron porque no pudieron ver a Óscar Pereiro ganar un Tour de rebote.

 

Y si piensan que esto sólo pasó en algunas casas, están muy equivocados. Porque las audiencias millonarias de estas teleseries hacen constar que hasta los más jóvenes quedaban a las seis de la tarde para comentar el capítulo y hacer especulaciones sobre con quién terminaría tal personaje. Las noches, sin embargo, eran para bailar y cantar la canción del verano. Normalmente una melodía pegadiza con una letra insulsa que habla del calor, del amor, de las noches calurosas y de lo caliente que está la arena de la playa.

 

Por mucho que lo neguemos, éramos felices. No vivíamos preocupados de si Rajoy se decidía si presentarse o no a la investidura, o si la prima de riesgo podía subir o bajar en cualquier momento. Aunque lo cierto es que ahora tampoco. Sólo teníamos dos inquietudes: cuál sería el fichaje más caro del verano, otro de los culebrones que en este caso emitía la prensa deportiva, y que el verano podía acabarse en cualquier momento, y con él todas las historias televisivas.

 

Ya no hay Luis Marios, ni Frijolitos, ni besos bajo la luna estrellada que alumbra el rancho grande… No hay nada que nos distraiga y, sin embargo, tampoco nos importa un carajo si hay Gobierno o no. Seguimos yendo a la playa y a la piscina, pero nos falta una distracción sobre las que basar nuestras conversaciones. La única nota positiva de la actualidad es que David Civera ha dejado de manera definitiva la música. Aunque todo puede ser que haga el himno pachanguero del PP en la próxima campaña electoral. 

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