Silueta original

El callejón de Hamel

Fernán Labajo

Imagina un día en la vida

Ef61d1044c6b1d9f3f570ba1a46e9f9d detail

John Lennon amaba la música y optó por perseguir sus sueños. Sin embargo, a mitad de trayecto pidió ayuda y nadie le escuchó. Cuando consiguió salir del pozo, alguien decidió que debía acabar con su vida. De eso hace ya 35 años.

Imagínate con quince años. Eres un adolescente normal, te gusta la música, el deporte, salir con tus amigos. Conoces a otro joven soñador, como tú, con tus mismas aficiones y esperanzas. Montáis un grupo que, de repente, se convierte en un modo de vida. Notáis que gusta, que cada vez os invitan a más sitios a tocar. Las chicas que amontonan a vuestro alrededor, despertando la envidia de otros muchos muchachos de vuestra edad. Imagina que, sin haberlo planeado, has montado la banda más famosa de la historia.

 

Imagínate con veinte años. Ya no eres un joven como el resto de tu generación. Muchos se ganan la vida levantándose temprano para trabajar en la siderurgia, o en la construcción, poder llevarse algo de comida a la boca. Otros, más afortunados, estudian en la universidad. Y tú tienes aún más suerte, porque eres rico, famoso y haces lo que te gusta. Sin embargo, te preguntas por qué no eres feliz. Ni siquiera el consumo de alguna que otra droga alivia ese miedo que te envuelve.

 

Imagínate con casi treinta años. La música te sigue gustando, pero te has dado cuenta de que no es como te la esperabas cuando eras sólo un crío. Los managers te saquean, tocas para gente que no te cae bien, el dinero se ha convertido en un problema y, para colmo, ya no soportas a los otros miembros del grupo, esos que hasta hace muy poco tú llamabas amigos. Imagina que, la banda más importante de la historia, de la cual formas parte, se separa.

 

Imagínate con treinta y tantos. No entiendes al mundo en el que vives. Sufres una crisis existencial muy aguda. La escisión de tu banda también lo es de tu vida personal. Dejas a tu mujer y a tu hija para empezar de cero. Descubres una nueva realidad y piensas que todo aquello que has vivido anteriormente no es real. Te rebelas y luchas con la única arma que posees: la música. Vuelves a ser un referente, intentas que la sociedad abra los ojos. Algunos lo hacen; otros muchos te odian.

 

Imagínate con cuarenta años. Eres feliz a nivel profesional, personal y espiritual. Tienes una rutina, has madurado. Sigues siendo famoso, pero de una manera más relajada. La gente te deja vivir y lo haces como siempre lo quisiste hacer.

 

Imagina un día normal en tu vida. Te levantas, te afeitas, te vas al trabajo y, tras una dura jornada llegas a casa. Al entrar por la puerta, alguien grita tu nombre y, sin que te dé tiempo a darte la vuelta, notas que un zumbido te azota la espalda. Y otro. Y otro. No entiendes nada. Caes al suelo, desmayado. Oyes voces que, poco a poco, se van atenuando hasta apagarse por completo. Dejas de sentir, dejas de existir.

 

El destino es caprichoso. Hay quien dice que está escrito y puede que lo esté. Yo creo que hay varios caminos y cada uno elegimos el que estimamos conveniente. John Lennon amaba la música y optó por perseguir sus sueños. Sin embargo, a mitad de trayecto pidió ayuda y nadie le escuchó. Cuando consiguió salir del pozo, alguien decidió acabar con su vida. De eso hace ya 35 años.

 

Tendemos a endiosar a las estrellas del Rock&Roll, a los pintores, a los futbolistas… Nos dejamos llevar por el espectáculo que gira en torno a sus vidas y nos olvidamos de que también son personas. Sucede a veces que hasta que no conocemos algo desde dentro, no sabemos realmente qué demonios se siente. Supongo que Lennon también pensó eso alguna vez. Me imagino que un día se dio cuenta de que es más fácil vivir con los ojos cerrados y que ya era hora de abrirlos.   

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: