Silueta original

El callejón de Hamel

Fernán Labajo

Cerrando persianas

Mourinho detail

Cuando el culebrón Ramos llegó a su fin, entró en escena un personaje al que todos creíamos desaparecido hace unos cuantos capítulos: José Mourinho. Sin quitar mérito a la prensa, que encuentra temas hasta en un concierto de Rihanna, lo cierto es que el portugués es experto en aparecer cuando ya nadie sabía si seguía entrenando a algún equipo.

Cuando tenía doce años, una de las mayores aficiones de mi grupo de amigos era bajar la persiana de una tienda de antenas parabólicas que había en la calle de mi colegio. El dueño del comercio salía detrás de nosotros como un rayo acordándose de toda nuestra familia, primos terceros incluidos. Nadie sabe cómo surgió tal divertimento ni si el tipo salió desde el primer día. Sólo recordamos que nos encantaba hinchar las narices al pobre antenista porque aportaba algo de pimienta a nuestras vidas.

 

Este verano me he acordado mucho de esta anécdota gracias a la prensa deportiva. En un mercado soso, sin jeques ni florentinos que hagan fichajes millonarios, los medios han tenido que tirar de agenda como un treintañero al que le deja la novia justo cuando se acaban de comprar el piso. Lo de Sergio Ramos y el United duró lo que tardó el sevillano en tocar el primer balón. A buen seguro que el nuevo capitán madridista miraba las noticias desde la playa con una sonrisa de oreja a oreja mientras se imaginaba siendo el primer andaluz que prosperaba en una isla sin sol.

 

 

Cuando el culebrón Ramos llegó a su fin, entró en escena un personaje al que todos creíamos desaparecido hace unos cuantos capítulos: José Mourinho. Sin quitar mérito a la prensa, que encuentra temas hasta en un concierto de Rihanna, lo cierto es que el portugués es experto en aparecer cuando ya nadie sabía si seguía entrenando a algún equipo. Mientras en Inglaterra le ríen las gracias como parte de un show, en España los medios deportivos entran al trapo como si fuera un asunto personal.

 

A Mourinho, más que entrenar, lo que más le divierte es cabrear a una prensa ávida de noticias frescas en época de sequía. Se siente poderoso cuando baja la persiana y los medios deportivos salen tras él para iniciar un combate de boxeo que nunca llegará, porque el bueno de Mou siempre está a otra cosa cuando los lectores se quieren dar cuenta.

 

Después de que el portugués dejó el Chelsea, los 'tabloids' ingleses se sintieron vacíos. Todos reconocían que habían perdido una parte importante de la Premier. En España, por su parte, brindaban con Vino de Oporto y bailaban alrededor de una hoguera como un novio despechado que olvida la primera noche y después pasa diez años de luto. Cada vez que paso por delante de la tienda de antenas me imagino al dueño canoso, alerta durante quince años, esperando que algún maldito niño le baje de una vez la persiana.

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