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Una cura de humildad

Esta semana ha sido de auténtica locura, de ataque al corazón. Y no, no me refiero a que el IBEX35 esté por los suelos (Âżserá este buen momento para comprar acciones?) o a que la prima de nuestra deuda vuelva a rozar el firmamento. No, me refiero, como no, a algo mucho más trivial, pero que, sin embargo, estoy seguro de que ha quitado el sueño a más españoles que todas las desgracias que estamos viviendo hoy en día juntas... y no son pocas. Efectivamente, me refiero al fútbol y más concretamente a la eliminación de la Champions League de los dos transatlánticos de nuestro país: El FC Barcelona y el Real Madrid CF.
27.04.2012
Luis Alberto Merchán

La cosa empezó con un calentamiento en la liga, el pasado sábado, en el que un Barça de mucho tiqui taca pero de poca o nula profundidad ofensiva mordió el polvo ante un Madrid que hizo su partido: bien cerraditos atrás y saliendo a la contra en cuanto que pudieron. Feo y pobre, pero inteligente a la postre. En esa ocasión, el gran ídolo de la parroquia merengue, Cristiano Ronaldo dejó bien claro eso que tanto le gusta remarcar: ÉL había marcado el gol, ÉL había sentenciado la Liga, ÉL había hecho morder el polvo al archirival en su propia casa, ÉL, ÉL, ÉL. La gloria para ÉL, las portadas para ÉL, el mundo giraba en torno a ÉL.

La cosa tenía que continuar, porque en diez días se jugaban todo el año, y tenían que remontar en las semifinales de la Champions ante rivales que les habían ganado los partidos de ida quizás sin grandes merecimientos.

El Chelsea se presentaba en el Nou Camp para, como vulgarmente se dice, poner el autobús. El Barça, mucho mejor equipo, lo tuvo en sus manos, pero un ridículo fallo defensivo y la misma negación de cara al ataque que el sábado, lo dejaron de patitas en la calle, convirtiendo una temporada en la que la expectativa era altísima en algo mediocre (para ellos, claro está, cualquier otro equipo se cambiaría por su posición a ojos cerrados).

Se oyeron petardos en Madrid. Los blancos, de un crecido subido, veían la gran posibilidad al alcance de la mano: si pasaban de ronda, se tendrían que encontrar con un equipo devaluado, que perdería parte de su potencial en la final por las bajas (sanciones y lesiones)... vamos, que todo estaba de cara para la ansiada Décima (qué pesadez) Sólo había que ganar por 1-0 en el Bernabéu, con un equipo en racha y con una megaestrella de 100.000.000 de euros (o sea 16.000.000.000 pesetas). Y las cosas se pusieron pronto de cara: dos goles de CR7 en diez minutos hacían presagiar una fiesta blanca.

Pero, como bien predijo el Marca, 90 minuten im Bernabéu sind sehr langen (aquello que dijo Juanito del los largos minutos del coliseo de la castellana), pero, en esta ocasión, lo fueron a favor del Bayern, todo un señor equipo, alemán, por más señas, que demostró que se puede ganar con sudor, esfuerzo, entrega y sin dar nada por perdido hasta el último momento. Los típicos valores germanos puestos al 100%. Y se llegó a la prórroga, y tras ella, a los penaltis. E Iker, el más humilde y EL MEJOR del Madrid, cumplió su función de manera sobresaliente. Y los chicos de los 100.000.000 ‚Ź y de los 70.000.000 ‚Ź fallaron.

El uno es muy chulo, el otro no, pero con lo que cuesta no puede fallar. Y, para rematar, otro de los que no tiene abuela mandó el balón a las nubes cuando su equipo más lo necesitaba. Todos habrán visto la multitud de chistes que se han hecho hoy sobre el desacierto de Sergio Ramos.

Moraleja: no se puede ser tan prepotente, no se debe ser así. Cuando se presume de dinero, de posición, de poderío, hay que tener los pies en el suelo. Porque si no, siempre viene uno que te da detrás de las orejas cuando menos te lo esperas. Y luego se te queda cara de tonto, Âżverdad chico rico, guapo y que juega bien al fútbol?

ÂżNo estás de acuerdo conmigo? Me parece estupendo, si quieres debatir sobre este u otros asuntos podremos hacerlo en la línea de comentarios de ahí abajo.
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