compartir

Cierto patriotismo

Tras la muerte de Franco, en los albores de la Transición (con mayúscula, por cierto, aunque le duela a algunos), la situación económica del país era extremadamente grave. La crisis mundial que se había iniciado unos años atrás, como consecuencia de la guerra del Yom Kippur y el alza de los combustibles que había provocado la OPEP, había derivado en un cuadro insostenible: la inflación estaba incontrolada, el precio de los productos se subvencionaba por el Estado paternalista franquista, creando una burbuja de consumo en la que los ciudadanos no conocían el precio verdadero de las cosas, los acuerdos entre patronos y trabajadores garantizaban el incremento de los sueldos con base en la que se denominaba €œcarestía de la vida€ por lo que no era infrecuente que los sueldos subieran, año tras año, en cifras de dos dígitos porcentuales, cooperando necesariamente con el desbocamiento de los precios. A ello se unía que los costes de producción convertían los bienes en difícilmente rentables para las empresas y el déficit de la balanza de pagos.  En fin, una situación crítica.
02.03.2012
Luis Alberto Merchán

A este contexto económico había que sumar la incertidumbre que generaba el salir de un régimen político que había imperado los últimos treintaitantos  años de la vida española. Muchos ciudadanos, por su edad, no conocían nada más de los principios del Estado franquista, una suerte ecléctica entre el corporativismo fascista-salazarista de sus inicios y la incipiente apertura política inspirada, más que nada, en un afán de supervivencia tras la previsible muerte del líder. Los que recordaban algo más estaban divididos entre los que repudiaban la memoria de la II República, al considerarla sinónimo de desórdenes públicos, y los que habían perdido la guerra y añoraban algo diferente al régimen de los vencedores, pero, no obstante ello, eran plenamente conscientes de que una guerra como la de aquellos años causa unas heridas tan profundas en todos, que no estaban dispuestos a repetir los errores del pasado.  Añadamos a ello, las reivindicaciones de los nacionalistas periféricos, en unos casos aceptables, como la del catalanismo de Tarradellas y en otras repulsivas, como el terrorismo etarra, cuya fuerza aumentaba día a día.

Transición, blog de Merchán

Puestas estas cartas sobre el tapete, los encargados de regir los destinos de España: Juan Carlos I, Suárez, Torcuato Fernández Miranda y compañía, sabían que se jugaban mucho en el empeño. La inestabilidad política era comprensible, habida cuenta de que se trataba de cambiar la situación desde sus propios cimientos, pero unir a eso la salvaje crisis económica, podría suponer un estallido social de consecuencias poco previsibles, aunque probablemente funestas. Y fue en estas cuando apareció la figura de Fuentes Quintana y su equipo de economistas y universitarios. Sobre esos hombros recayó la obligación de enderezar una situación crítica que amenazaba lo peor para la Nación. Y las propuestas llegaron, tanto en lo económico como en lo político, y fueron lo suficientemente duras como para ponerse a temblar. Pero, en aquel preciso momento, cuando las cosas estaban así, surgió de todos, de los políticos de uno y otros signo, de los patronos y de los obreros (según la terminología de la época. Puntualicemos, al inicio la UGT y siempre los anarquistas, se opusieron), de las organizaciones sociales, de la Iglesia, de todo el mundo, una suerte de patriotismo alejada de las banderas y de los himnos, de los correajes y de las consignas. Un cierto patriotismo que se basaba en el amor por la Nación y por el sacrificio de lo particular en pos de la consecución del beneficio general. Aun cuando ese beneficio general supusiera la preterición de los dogmas de cada grupo.

Primavera valencianaY ese patriotismo generoso, sacrificado y modélico se plasmó en los Pactos de la Moncloa. Todo el mundo cedió, nadie salió ganando para que TODOS ganáramos. Paradójico pero real.

35 años después la situación nacional es, si no idéntica, sí quizás parecida. Se han de tomar medidas dolorosas para todos, y eso, a nadie le gusta. La cuestión es si hay o no hay alternativa.

Y, en este contexto Âżse ve sentido de Estado, se ve búsqueda de acuerdos? No lo sé, pero no creo equivocarme si afirmo que no. ÂżPedimos patriotismo? Âża quién? Âż a los €œamos de la calle€?

Quizás pedir virtudes heroicas es demasiado, nadie tiene esas obligaciones. Pero aquí hay un tufo a politiquerías en vez de a POLÍTICA en el sentido aristotélico: la prudente administración del bien común.

ÂżTan poco merece España?

-----------------------------

ÂżNo estás de acuerdo conmigo? Me parece estupendo, si quieres debatir sobre este u otros asuntos podremos hacerlo en la línea de comentarios de ahí abajo.
Si prefieres hacerlo en privado:

blogdemerchan@gmail.com

Comentarios

Comentar post

Si lo deseas puedes dejar un comentario