Atrezzo original

El Baúl del atrezzo

Antonio Sánchez

Hasta siempre maestros, y gracias

En sólo dos días de este fatídico fin de semana para el cine español que acabamos de pasar hemos perdido a dos referentes del séptimo arte patrio. Un actor, un buen comediante, como fue el gran Tony Leblanc, y un “todoterreno” como José Luis Borau, que demostró su genialidad como director, productor, guionista, actor ocasional, editor literario y crítico de cine
Como muchos otros jóvenes como yo, no descubrí a Ignacio Fernández Sánchez, nombre real de Tony Leblanc, hasta que Santiago Segura no le condujo de nuevo a la senda de la interpretación con la saga de la exitosa Torrente. Le descubrimos como un hombre ya mayor –ya tenía por aquel entonces 76 años- que nos enganchó desde el primer segundo en el que apareció sobre su silla de ruedas –que usaba en la realidad por una enfermedad y de la que se desprendió después del rodaje tras una milagrosa recuperación- pidiendo en alguna calle madrileña…

De Torrente a Torrente 4, pasando también por sus papeles en la segunda y tercera entrega de la saga, Tony Leblanc demostró al cine español después de quince años de inactividad que seguía ahí y que pasaría a la historia hasta que su cuerpo dijera basta. Esa primera entrega de Torrente le valió el Premio Goya al Mejor Actor de Reparto (el segundo de su carrera después de recibir en 1993 el Goya de Honor), y le abrió las puertas a más proyectos en los que pudimos verle, como en su papel de Cervan en la serie ‘Cuéntame cómo pasó’.

Pero estos éxitos tan actuales nos sirven más que para corroboran el magnífico currículum de un enorme actor de comedia que participó a lo largo de su carrera en más de cincuenta películas –además de televisión y teatro-, no sólo como actor, sino también como director, además de que se convirtió en uno de los más conocidos humoristas del panorama nacional. Hoy, revisando su currículum le recordamos por grandes papeles cinematográficos como ‘El Tigre de Chamberí’, ‘Muchachas de azul’, ‘Los tramposos’, ‘Las chica de al Cruz Roja’ o ‘Historias de la televisión’.

Sólo un día antes nos dejaba José Luis Borau. Fue presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España entre 1994 y 1999, Premio Nacional de Cinematografía en 2002, y nombrado en 2008 académico de la Real Academia Española de la Lengua cubriendo la vacante que dejó otro grande del cine, Fernando Fernán Gómez.

Borau, siete años más joven que Leblanc, repartió creatividad y maestría por las numerosas ramas del arte cinematográfico y literario, por lo que ya le definía como “todoterreno” al principio de este artículo-homenaje.

Fue considerado en sus inicios, allá por los años sesenta, como una de las grandes esperanzar de la renovación del cine español. Fue un gran seguidor del cine hollywoodiense, y así lo reflejó en sus primeros trabajos encuadrados en géneros como el spaghetti western o el trhiller, pero fue también un convencido de que para hacer buenas películas tenía que hacerlo sólo bajo su control, lejos de influencias y presiones externas. Así lo demostraría, una vez creada su propia productora con el trhiller político ‘Hay que matar a B.’ (1974), que puso de relieve, por primera vez, su estilo preciso y minucioso en la dirección, la construcción de la historia y el montaje.

De ahí en adelante forjaría una carrera llena de éxitos que pronto consiguió su mayor reconocimiento gracias a su película ‘Furtivos’, un drama que consiguió en 1975 la Concha de Oro a la mejor película en el Festival de Cine de San Sebastián.

Entre sus muchas películas en todas las facetas descritas destacaron ‘La Sabina’, ‘Río Abajo’, ‘Tata mía’ o ‘Leo’ (con la que consiguió el Goya a la mejor dirección), o en su incursión en televisión con series tan recordadas como ‘Celia’.

Borau y Leblanc, Leblanc y Borau, dos maestros, dos artistas cada uno en su terreno, pero ambos estrellas del firmamento del cine español que nos han dejado para siempre y con su ausencia nos queda su legado. Sus películas, hoy y siempre, serán parte de la historia y la cultura de nuestro país, y servirán para seguir demostrando la calidad de nuestro cine, tantas veces defenestrado. Descansen en paz maestros.

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