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El base atómico

Saúl Asensio

Yo jugué ahí hace 30 años

No hay mejor manera para acabar algo que recurriendo a los clásicos. Y este evento se ha ganado ese calificativo. El Día del Mini por el que la mayoría de la gente del baloncesto local hemos pasado como jugadores o también como entrenadores o auxiliares es la referencia para despedir cada campaña. Y que no falte.

 

 

Pues si, yo también jugué ahí. Lo hice en varias ediciones hace alrededor de 30 años y tengo recuerdos imborrables. Hoy la foto sigue siendo magnífica y el ambiente espectacular. Síntoma de que la base goza de una salud de hierro en la ciudad de Valladolid, que si por algo se caracteriza es por su sana competencia en materia de oferta deportiva.

 

Me encantó ver la ilusión y el esfuerzo de los chavales, como hace ya 34 años tenía yo cuando empecé a jugar. Aprecié como la cita sigue reuniendo a cientos de participantes y a sus acompañantes y familias en el área deportiva del Campo Grande. Esta enorme asistencia afianza a la actividad como evento referente. Diez canchas donde se practica baloncesto al unísono. Puro espectáculo para los sentidos.

 

Lástima que esa demanda palpable y las ganas por jugar a baloncesto no se haya traducido en seguimiento a nuestro primer equipo. El diagnóstico es claro. El referente que debe ser el CB Valladolid pasa por una terrible crisis que no sólo es institucional si no que es también social, ya que se asienta en una alarmante falta de credibilidad y confianza. Por eso y a pesar de que el conjunto de Pisuerga, incluso con su falta de recursos humanos y materiales, ha encandilado en la Adecco Oro, el seguimiento que se le ha hecho no ha sido acorde a sus méritos.

 

Evidentemente esto es conocido por el presidente y la directiva actual que tienen mucho trabajo de regeneración por delante. Como las crisis están para reinventarse se han ideado proyectos firmes para darle viabilidad al club junto a la urgente ayuda institucional. A partir de ello confiemos en que el trastocado CBV no eche el cierre definitivo ahogado por su deuda.

 

Que la entidad salga adelante permitiría tener de nuevo a los jóvenes un espejo en el que mirarse y ayudaría en su motivación. Porque la base, los buenos formadores y entrenadores, en Valladolid se han mantenido generación tras generación, así que sería una pena que nos faltara la cúspide de oro de la pirámide.

 

Este sábado pasado en el Campo Grande también estaba representada la cantera morada, que sigue teniendo un gran peso a pesar del castigo que ha recibido por la situación financiera del club. Yo particularmente volví a saborear la esencia de nuestro deporte y regresaron a mí muchas sensaciones. Recuerdos mágicos como mi primer trofeo como ganador del concurso de tiro del Torneo Peñalba SM2 o la convocatoria para la Preselección de Valladolid Mini. Se respiraba un ambiente festivo, competitivo pero sano. Baloncesto de nueve a nueve con masiva participación y fantástica actitud, optando y promoviendo siempre el “fair play” desde la FBCyL y la Delegación Vallisoletana.

 

Como ya he dicho, había una atmósfera similar a la que viví como participante hace 30 años justo cuando nuestro deporte explotó y estaba en la cresta de la ola. Eran los años de Plata, primero en el Europeo de Nantes del 83 y después en los Juegos de Los Ángeles 84. Y como no, estábamos a las puertas de nuestro Mundobasket 86, en el que el crecimiento del baloncesto en España alcanzó su techo.

 

Muchos momentos fueron compartidos. Pondré un solo ejemplo. Nacho Gallego, gran profesional del fotoperiodismo vallisoletano, fue rival y compañero de correrías. Años después nos reencontramos y recordamos aquellos momentos mágicos comentando como las nuevas generaciones han cogido el testigo, pero también como se ha mantenido la naturaleza de la cita del primer fin de semana de junio.

 

Mi sobrina Paula que actúa en La Salle alevín femenino es ahora la representante familiar en este especial evento. En su reciente participación estaba encantada con la medalla que recibió nada menos que de manos de Porfi Fisac, con el mismo entusiasmo que yo hace tres décadas cuando Quino Salvo me la dio a mí.

 

Fue una jornada de reencuentros también. De poder saludar a gente con la que he trabajado y vivido buenos momentos y sobre todo, con la que comparto pasión por este deporte como Samuel Puente, Mike Hansen, Paco García, Luis Peña, Iñaki Martín, Juan Carlos Del Pozo, Ángel Cano, David Enciso, Javi Hernández Bello, Alberto Díez, Dani Manso… además de varios compañeros periodistas. Personas que nunca fallan y año tras año cumplen con su necesaria presencia. También me gustó ver en la distancia a otros eternos como el factótum de esta ineludible iniciativa, Pepe Moratinos, que sigue demostrando una energía envidiable a pesar de su veteranía.

 

Que decir de este clásico al que conocí una fría y lluviosa mañana de invierno de 1985 cuando nos abrió las puertas del Centro Cultural a mí y a mis compas del San José alevín. Eran las 09:30 y en el centro no había nadie. Él todavía se acuerda de aquel día, yo no me lo podía creer. Sin auxiliares ni personal para darnos cobertura en el colegio, se puso el mono de trabajo y organizó la logística que nos permitió jugar aquel choque, que perdimos por cierto, además de arbitrarlo. Ese día lo tengo clavado en mi memoria. Pepe ya lucía canas y estuvo esplendoroso.

 

Ahí empecé a ser consciente de la importancia de este imprescindible del baloncesto pucelano, sin cuya perseverancia nuestro deporte a nivel local no habría mantenido las cotas de desarrollo alcanzadas. Siempre tendremos que estar agradecidos a Pepe Moratinos por su labor. Por suerte creo que le queda cuerda para rato y espero que continúe al frente de la Delegación Vallisoletana de Baloncesto.

 

Me fui a casa satisfecho y contento de poder ver que el Día del Minibasket sigue siendo un vivero en ebullición de cara al futuro. Creo que todo aquel que quiera invertir, aquella empresa que quiera obtener retorno positivo ya sabe donde va a ver recompensada su aportación y esfuerzo.

 

Todos los sueños de ese montón de pequeñas promesas esperan ser cumplidos. Que nadie se los quite, ayudémosles y apostemos por ellos y por este extraordinario deporte llamado baloncesto.

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