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El base atómico

Saúl Asensio

La extraña pareja

Esperando la confirmación oficial por parte de la ACB del ascenso de Andorra y cual va a ser el siguiente paso que dará el CB Valladolid de cara a su futuro inmediato, hoy os traigo algún curioso recuerdo mas de mis años en el club. En esa etapa me crucé con bastantes tipos peculiares, pero para este post, me quedo con dos. Ambos fueron pareja de extranjeros en la entidad y su relación me resultó llamativa. Se trata de Anthony Bonner y Amal McCaskill. Dos jugadores tan dotados como particulares.

 

 

Ambos llegaron al CB Valladolid con la temporada 2002-03 comenzada. Primero en noviembre arribó a Pucela Bonner para sustituir a Norman Nolan, un muy buen chico que no ofreció lo que se esperaba de él. McCaskill lo hizo en enero para reemplazar al cubano Guibert, que había comenzado bastante bien pero que se fue apagando con el paso de las jornadas. El entrenador cuando ambos coincidieron en el club era Luis Casimiro, que tampoco había iniciado la campaña, ya que se le fichó en diciembre en sustitución de Chechu Mulero con el objetivo de enderezar la marcha del equipo que estaba sumido en el pozo de la clasificación.

 

El rendimiento de esta “Extraña pareja” fue decisivo para lograr la permanencia, pero no quisiera centrarme en lo deportivo si no en algunas curiosas anécdotas que nos dejaron a los que coincidimos con ellos.

 

Bonner era un todoterreno con un físico privilegiado. Con cuerpo de cuatro y estatura de tres, ya que apenas rozaba los 2 metros, pero con la fuerza en sus brazos de un mercancías, era capaz de defender a pívots mucho mas altos y voluminosos que él. Cuando quería era un hombre determinante atrás. Con interesante pasado NBA, su juego se fue alejando del aro conforme entraba en años, pero eso no le privaba de actuar con enorme eficacia también en ataque. McCaskill por su parte era muy talentoso. Un cinco polivalente que te mataba desde la media distancia y cerca del aro. Sus 2.10 y la capacidad atlética que exhibía, le permitían intimidar como nadie aunque pocas veces lo hacía ya que no se desgastaba en defensa. Aún con ello, en medio de la zona era de gran ayuda.

 

Aludiendo al clásico de Gene Saks que he citado antes, a ambos se les podía comparar con los personajes encarnados por Walter Matthau y Jack Lemmon. Trataban de ayudarse pero a la vez estaban en medio de una convivencia imposible, siempre discutiendo entre ellos. Bonner chinchando todo el rato a McCaskill y éste respondiendo y enfadándose como un crío. Que si tienes que salir más conmigo por las noches, que estás desaprovechando el tiempo en España, que eres blando entrenando, que no pisas la zona como el entrenador te pide… de traca, como el perro y el gato. Pero Amal no era el único damnificado de Bonner. El de Saint Louis se metía también a veces con Óscar González, negando siempre, a pesar de que era cierto, que el base madrileño hubiera sido All-American en su etapa NCAA, “no no, imposible” decía mientras meneaba una mano a izquierda y derecha con el dedo índice levantado.

 

Tras una de esas conversaciones entre los estadounidenses, a la mañana siguiente como a las 10.00 horas pillo a Bonner en los pasillos de Pisuerga. Había llegado pronto, el primero, puesto que la sesión no comenzaba hasta las 11.00. Me acerco a él y le veo un poco desaliñado, con aspecto de no haber dormido. Me saluda efusivamente con su típica voz aguardentosa, raro en él, ya que no era muy cariñoso. Apestaba a alcohol. Pensé “Dios, cuando le vea Luis (Casimiro) se va a montar”. Pero a los cinco minutos estaba cambiado y en la pista, haciendo flexiones y abdominales como un loco. De verdad que no he visto sudar a nadie como él, al mas puro estilo Corny Thompson, chorreaba el tío y no paraba de castigarse, sin descanso.

 

45 minutos después comenzó el trabajo del equipo y tras el físico, los jugadores se dispusieron para el cinco por cinco. En el primer lance Bonner chocó en la zona con San Emeterio y le mandó al medio del campo, demostrando tener una fortaleza física portentosa. Había estado bebiendo toda la noche, y no precisamente agua, y a pesar de la juerga fue el número 1 en aquel entrenamiento.

 

En otra ocasión relataré otro pasaje de una salida nocturna suya. En ese ambiente Bonner vestía con americana, nunca le faltaba un puro y mostraba una sempiterna sonrisa especialmente dirigida al sexo femenino. Le sobraba tiempo para ser el centro de atención.c

 

En el caso de McCaskill, era mas tranquilo y discreto, aunque a veces las mataba callando y tampoco se cortaba a la hora de disfrutar de algunos placeres. En eso Bonner era una pésima influencia. En cuanto al idioma, Amal añadía extrañeza a su caso, ya que hablaba castellano bastante bien pero no entendía gran cosa. Al revés de lo que suele ser habitual. Entonces en una de esas me tocó echarle un cable con la traducción.

 

Junto al director general de entonces Oriol Humet, estábamos McCaskill y yo. Una mañana el jugador no quería ejercitarse por un dolor poco común. A Humet y a mi nos quedó muy claro bien pronto de que se trataba, “yo cagando en casa y… uff mucho dolor en el culo, no puedo correr, no debo moverme mucho. Duele y sangra”, nos espetó McCaskill, y así lo repitió un par de veces en castellano. Lo que pasaba es que tenía unas almorranas de caballo. Total que no fuimos capaces de convencerle y se acabó marchando a casa con un tratamiento prescrito. Por suerte el dolor no le duraría mucho y al día siguiente se reincorporó a los entrenamientos para ayudar al equipo de cara a los partidos mas importantes de la temporada.

 

A McCaskill le perdí la pista poco después de aquella campaña que jugó en Pucela, aunque parece que prolongó su trayectoria hasta los 38 años y colgó las botas en 2012. De Anthony Bonner se algo mas. En 2006 en Argentina y ya pensando en la retirada, coincidió con Anicet Lavodrama y estuvieron cenando juntos. Anicet me contó que le vio bien físicamente pero que ya en su cabeza asumía una vida alejada de las canchas. Contaba con 38 años. Bonner presumió siempre de ser un hedonista que utilizó su privilegiada carrera profesional para intentar pegarse la vida padre durante la misma y especialmente después.

 

Espero que a los dos les vaya muy bien. Al club, a la afición y particularmente a mi, nos dejaron un buen recuerdo. Su colaboración fue imprescindible para conseguir la dura permanencia en aquella larga campaña 2002-03 y, como he dicho, protagonizaron algunas inolvidables anécdotas que seguro evocaremos a menudo.    

 

      

 

 

Comentarios

Pucelo 13/06/2014 18:35 #1
Qué grande Saúl y qué grande era Anthony todo un jugón!

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