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El base atómico

Saúl Asensio

Fisac y el espíritu de Illescas

Si nada se tuerce, cuando se publiquen estas líneas Porfirio Fisac habrá sido o estará a punto de ser oficializado como nuevo entrenador del CB Valladolid y comenzará su segunda etapa de morado con un objetivo inicial casi idéntico a cuando fue presentado en verano de 2008, recuperar la ilusión alrededor del club.

 

Después de una temporada de sin sabores en la ACB marcada por las contundentes derrotas, cambios de jugadores y problemas económicos, el CB Valladolid de las siete vidas pretende ahora retornar a sus valores esenciales una vez confirmado el descenso y participación en la Adecco Oro, con un entrenador de proyecto y recio carácter, especialista en sacar leche de un botijo a plantillas de perfil medio pero que se identifican plenamente con él y con su filosofía.

 

Por el bien del club, Fisac ha aparcado sus conocidas diferencias que le hicieron chocar en el pasado con los actuales rectores y aludiendo a ese “amor al baloncesto” que comparte con Juan Vela y Felipe Martín, se va a embarcar pleno de energía en una nave encallada que él espera reflotar en la Adecco Oro, categoría perfecta para una regeneración a medio-largo plazo y que un todoterreno como el técnico segoviano conoce a las mil maravillas, como ya demostró en su anterior etapa a orillas del Pisuerga.

 

Los aficionados estamos de suerte ya que la llegada de Porfi Fisac genera esa expectación que se esperaba. Retorna en su esencia, es un motivador nato y tiene unas ganas tremendas de volver a entrenar. Es la gasolina que necesita el desgastado CB Valladolid para comenzar la travesía de su 39 temporada de existencia. Una piedra angular a pie de pista y un líder que se echa sobre sus espaldas, a veces demasiado, los proyectos a los que se vincula.

 

Le conozco bien, trabajé y aprendí mucho con él durante tres años. Ni por asomo Porfi va a permitir que sus jugadores arrastren la historia de este club. No va a volver a haber humillaciones. El trabajo y sentimiento hacia los colores van a ser su denominador común. Se dará el cien por cien en la cancha. Si se sigue la línea adecuada, Fisac es un valioso y poderoso aliado en el vestuario que absorbe sobre sí toda la presión que se genera en sus equipos dentro y fuera de la pista.

 

Fue uno de los protagonistas destacados de aquel “Espíritu de Illescas” surgido en torno al 20 de septiembre de 2008 coincidiendo con el primer encuentro en la LEB Oro. Una cita dura y difícil que suponía algo más que un partido. Era una reivindicación como institución. Un histórico humillado hacía sólo unos meses que necesitaba renovar su orgullo.

 

Aquel día se consiguió. En una cancha de aire setentero, para 2.000 espectadores tirando por lo alto, como era el Municipal de Illescas, el equipo a base de gotas de talento, garra, sacrificio y fe consiguió sacar adelante con nota su primer examen (58-69).

 

Todo era diferente a la ACB. Aquella pista, que rezumaba el típico y cargado ambiente de la liga de 25 años atrás, el arbitraje casero, creo recordar que Garmendia y López sólo pitaron ¡4 faltas! a favor del CBV en los primeros 20 minutos, los arreones del equipo local que no se dio nunca por vencido y la presión de tener que empezar con buen pie. Éramos el Real Madrid de la categoría y todo el mundo quería ganarnos. Para ello pusieron toda la carne en el asador incluso en lo extradeportivo.

 

Ese día conocimos la crudeza de la LEB Oro, en la que no basta el talento. Hay que saber sufrir cada día para poder llegar a tu objetivo. Pero el que ya lo sabía antes que nadie era Fisac. El coach ya había vivido ese purgatorio y mentalizó a sus jugadores especialmente, pero también al entorno del club, para la carrera de fondo que nos esperaba. Desde la primera a la última jornada.

 

Aquella cita en Illescas que viví en primera persona me dejó recuerdos imborrables. Todo lo que rodeó a ese día fue absolutamente especial. Me hizo evocar épocas pasadas y recuperar la ilusión por mi profesión y mi deporte tras el palo del descenso sucedido hacía escasos meses en Murcia.

 

Desde el viaje a la localidad toledana con los motivados peñistas de Pucelaikos, Cruzada Morada y El Canastón hasta la emotiva cita que tuve con uno de esos “otros” históricos del club y del periodismo pucelano que nunca reciben sobre si mismos los focos. Juan Carlos Real, el primer jefe de prensa del CB Valladolid y autor de uno de mis libros de cabecera “Historia del baloncesto vallisoletano”, con el que intercambié impresiones y al que escuché atentamente ya que sus palabras fueron para mi una master class en dosis concentrada.

 

Juan Carlos, que lleva años viviendo en Madrid, fue cronista de referencia del Castilla y del entonces Valladolid CB y me prestó para mi satisfacción y agradecimiento un incunable como es el tomo de Nuevo Basket con las revistas de 1983 y 1984, que yo devoré en las semanas que tuve bajo mi custodia. Le resultó curioso ser el único periodista entre la expedición visitante, aunque no sorprendente.

 

En cuanto al encuentro, lo disfruté y sufrí con algunos otros clásicos. Representantes de la directiva con el presidente Mayordomo a la cabeza, el director general José Luis Alonso y Felipe Martín y Juan Vela. A mi izquierda en la grada inferior, tras el banquillo del equipo, estaban ubicados los peñistas, que animaron sin parar durante todo el choque silenciando a veces el tremendo bullicio de los hinchas locales. Parafraseando al propio Juan Carlos Real aún me pitan los oídos cuando me acuerdo de esos momentos.

 

De nota lo que pasó después del partido. Muchos del algo más del centenar de seguidores del CB Valladolid que viajaron, despidieron a los jugadores y al técnico Fisac en el aparcamiento del pabellón. Parecía que habíamos logrado el ascenso y sin embargo sólo era la primera jornada de un largo camino que acabaría en celebración.

 

Pero la gente tenía hambre de ver el sacrificio de los jugadores por sus colores. El equipo fue fiel reflejo de eso. Era justo lo que querían los aficionados independientemente del marcador y así se lo hicieron saber y agradecieron a la plantilla. 

 

Ese espíritu de Illescas es necesario para la catarsis que la institución demanda. Habrá que hacer sacrificios, el camino será duro. Quizá ese patrocinador que siempre anda cerca pero que nunca acaba de llegar sea una realidad pronto. Pero mientras, hay que creer y tener la paciencia suficiente para saber manejarse en el lodo. Para ello será clave la figura de Fisac. La viga maestra en la que apoyarse en el sinuoso camino que espera

 

 

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