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El base atómico

Saúl Asensio

El espectador perplejo

Como observador desde la distancia que soy ahora del deporte y en especial del baloncesto, estos últimos días hay cosas que me han llamado la atención sobre varios acontecimientos. He de reconocer que algunos de esos sucedidos me han dejado algo perplejo.

Empezaré aludiendo a un torneo que ya ha finalizado como el Mundial de balonmano celebrado en Qatar. España ha sido cuarta, en parte víctima de un calendario de competición para mi imperfecto, ya que en caso de que hubiera habido una segunda liguilla, el cruce de semifinales habría sido otro.

 

Pero lo que quiero es centrarme en un aspecto que no me entra en la cabeza. Mientras todos los participantes han presentado una selección nacional, Qatar, organizador y finalista, ha intervenido con un equipo formado por muy pocos qataríes y una mayoría de jugadores nacidos en países tan dispares como Cuba, Montenegro, Bosnia, Egipto, Francia o España. Una Torre de Babel incomprensible fichada a golpe de talonario. Perfectamente legal sí, porque se cumplió con las reglas IHF, pero que desprestigia la filosofía de un extraordinario evento como es un Mundial de balonmano.

 

Por eso la medalla de plata de Qatar, que dudo vuelvan a conseguir sin ser locales, parece una pantomima. La IHF debería hacérselo mirar y cambiar esta norma contra natura. Espero que les sirva como ejemplo la FIBA, que actualmente sólo permite un nacionalizado por selección, aunque en el pasado recordemos que España llegó a tener dos naturalizados en varias ocasiones. Por ejemplo los americanos Luyk y Brabender primero y posteriormente en los 80 el argentino De la Cruz y el dominicano Sibilio, defendieron juntos nuestra camiseta. Por descontado estoy seguro que a estos cuatro mitos les dio tiempo a sentir mucho más los colores españoles que a los miembros del combinado qatarí, que para colmo en los prolegómenos de los partidos hacían como que se sabían la letra del himno del país que les ha contratado.

 

Mi segunda reflexión es sobre la Copa de África de fútbol. Muy interesante resulta este torneo por todo lo que le rodea culturalmente y por el colorido y entusiasmo que ponen las aficiones. Desgraciadamente esta edición ha estado marcada por el ébola, que provocó la renuncia de Marruecos a ser sede por el temor a la enfermedad y desencadenó su expulsión por parte de la Confederación Africana. A pesar del contratiempo se pudo cambiar de sede en tiempo récord.

 

Guinea Ecuatorial, país con una estrecha relación con España debido al pasado colonial, fue la elegida. Y la verdad, visto desde fuera está mostrando capacidad de organización, una hinchada volcada y unas instalaciones modernas para acoger un evento tan importante en el continente vecino. Una pena que esta imagen no se corresponda con la realidad social del país. En lo deportivo me surge una duda inmediata. Guinea Ecuatorial fue expulsada precisamente de esta Copa de África 2015 debido a la alineación indebida de un jugador en las eliminatorias previas a la fase de clasificación. Curioso que poco después ante la conveniencia de la CAF, la sanción quedara sin efecto.

 

Eso ha permitido a los ecuatoguineanos, que por cierto cuentan con representación vallisoletana, estar en una competición a la que probablemente no habrían accedido por méritos. Al margen del cariño que pueda sentir por este pequeño país africano y alegrarme mucho de sus éxitos, no queda más remedio que reconocer que han llegado a semifinales merced a alguna ayuda arbitral. Esto último dicho sin querer menospreciar su trabajo y enorme esfuerzo.

 

Continuando con mi perplejidad sigo con la Super Bowl 2015 de fútbol americano. Es otra galaxia. Un evento cumbre dentro del aislamiento deportivo que vive la nación más poderosa del mundo. En su microclima donde la gran mayoría de habitantes no saben que hay otro universo ahí fuera, los estadounidenses se vuelven locos con esta cita que es deporte pero sobre todo espectáculo cien por cien. Audiencias astronómicas, control sobre las estadísticas deportivas y otras que no lo son como los kilos de pizza o hamburguesas que se consumen, anuncios que dejan beneficios de un millón de dólares, actuaciones de estrellas musicales, etc. Están a otro nivel en todo. Son los reyes de la promoción y la mercadotecnia y allí los futboleros son minoría y a su deporte se le llama soccer, mientras que por aquí no demasiados entienden la NFL.

 

Pero pasando de puntillas por la Super Bowl celebrada en Phoenix donde los Patriots y su quarterback Tom Brady fueron los triunfadores, quería detenerme en el asunto que más me ha turbado. Se trata de Porfirio Fisac, el gran protagonista de la semana en el deporte pucelano. El técnico del CB Valladolid nos dio un buen susto cuando estuvo a punto de aceptar la oferta del Cajasol y retornar a la ACB. Tras varios días sopesando esta posibilidad el segoviano finalmente dijo no a Galilea y por fortuna continuará por aquí.

 

En las horas posteriores a su decisión vimos nuevamente al Porfi más emocional. A un entrenador romántico que respeta el compromiso con el club y los jugadores más allá del dinero y la proyección profesional. Aún sabiendo que la situación en Pucela le supone un gran desgaste, ya que es un técnico líder que absorbe la presión y protege al jugador del entorno, pero a la vez le exige el cien por cien de puertas para adentro, y no dispone de muchas herramientas sobre todo económicas para trabajar con tranquilidad en el día a día.

 

A pesar de haber tomado ya la decisión son lógicas sus dudas porque el club no puede ofrecer ninguna garantía de nada. Esa frustración ha quedado escenificada con sus enésimas reivindicaciones  públicas en forma de fichajes, de hacia dónde debe caminar el club, de que haya unidad y de trasladar su pensamiento sobre las bases del proyecto. Pero para ese escenario ideal que quiere el entrenador la entidad debe ser capaz de ir limando su deuda y cumplir con trabajadores y proveedores. A partir de ahí tendrá las manos libres para tomar decisiones y poder invertir la mayor parte de su presupuesto abajo, en la cancha de juego.

 

Quiero ver la decisión de Fisac como un voto de confianza al proyecto del CB Valladolid que personifica su presidente Sunil Bhardwaj. Porfi tiene y espero que siga teniendo en el futuro un papel clave como aglutinador de la estructura deportiva del club y asimismo, como constructor y director del referente que es el primer equipo. Esta temporada ha formado un bloque de currantes y tipos con hambre que vuelve a ilusionar a la grada y eso ha ayudado enormemente a que un CBV conectado a la máquina de respiración asistida mantenga un hilo de vida.

 

Iremos viendo a partir de ahora pero es el momento para que los que tienen que apostar por el CB Valladolid lo hagan firmemente o de que se desconecte y acabe el sufrimiento del moribundo. Sigo diciendo que es la última oportunidad. Nuevas medias tintas ya no valen.

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