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El base atómico

Saúl Asensio

28 años no son nada (II)

Todavía digiriendo la derrota ante Francia y decepcionado porque la historia se haya vuelto a repetir, os completo ahora mi post en dos partes dedicado a los Mundiales de baloncesto de España. Incomprensiblemente y calcado al 86 la selección se quedó fuera del podio y de los cuatro primeros. Sin embargo, tres sucesoras de aquellas que alcanzaron la gloria en el 86, han repetido en los puestos de honor.

 

 

EEUU incontestable campeón, Serbia, medalla de plata, como heredera del carácter y método de la antigua Yugoslavia y Lituania que fue la escuela de mayor talento de las que dio la extinta Unión Soviética y ha sido cuarta, han destacado. Junto a ellas, Francia, que ha conseguido por primera vez una medalla mundialista, un Bronce que les sabe a gloria. Ellas son las triunfadoras del Mundial 2014. Nosotros como un deja vu recurrente, volvemos a no estar entre los cuatro mejores, algo que nadie se habría imaginado antes del fatídico cruce de cuartos.

 

Pero tras tragar el sapo de no tener a la selección ni siquiera en semis, quiero desatascar haciendo historia. Una vez contada mi experiencia en la parte 1 de este post sobre la jornada del Mundial 2014 que viví en directo en el BEC de Bilbao-Barakaldo, hago ahora el flashback prometido al otro Mundobasket, el del 86, una cita única donde el baloncesto en España quedó elevado a la enésima potencia.

 

Primero me pongo en situación sobre lo más cercano. El Fórum Valladolid acabó la temporada 85-86 de manera tranquila. El equipo entrenado por Mario Pesquera fue undécimo con una de las parejas de extranjeros históricas de la liga, el líder en el ranking de rebotes ACB, Granger Hall (4.292), y uno de los mejores en tapones, el atlético George Singleton (3º ACB con 588).

 

Paralelamente se preparaba la mudanza al flamante Polideportivo Pisuerga, el pabellón de los mil millones –de pesetas claro-, que como dije y seguramente por razones de peso, de muchos kilos supongo, no fue una de las sedes del Mundobasket a pesar de ser inaugurado a bombo y platillo menos de un año antes para el Campeonato Mundial de Gimnasia Rítmica. Una decepción para mí desde la óptica de un niño ilusionado con ver a los mejores de su deporte favorito.

 

La inauguración del Mundobasket me pilló en un campamento de verano fuera de la provincia de Valladolid, donde participaba con muchos de mis amigos y compañeros de EGB del Colegio San José. Desde allí estuve pendiente del inicio del torneo. La competición echó a andar el 5 de julio. España, que jugaba en Zaragoza la primera fase, abrió el fuego curiosamente ante su bestia negra hace unos días, Francia. Entre actividades, marchas y competiciones deportivas llegó la tarde-noche de ese sábado y todos, responsables, monitores y alumnos estuvimos muy pendientes de ver que hacía nuestra selección.

 

Sin televisión donde ver el partido, se nos iba informando del resultado a través de la radio, supongo que Antena3, la emisora más popular en aquel momento, donde estaban periodistas referentes del mundo de la canasta como Siro López y el malogrado Andrés Montes. España empezó nerviosa pero los de Díaz-Miguel lograron una trabajada victoria, 84-80, ante unos galos mucho más sólidos que de costumbre en aquella época.

 

El Mundobasket 86 nació avalado por un ambicioso proyecto que suponía un salto de calidad. Por primera vez 24 selecciones, siete sedes y una expectación sin precedentes que no se ha vuelto a repetir. Canchas llenas y el país paralizado ante este magno acontecimiento. No había un lugar en el planeta que reuniera los condicionantes de España ese verano y la organización fue un acierto. Sin internet, los medios de comunicación tradicionales, prensa, radio y televisión -sólo existía TVE y sus dos canales-, tuvieron un papel fundamental en la difusión.  

 

En cuanto al sistema de competición fue en mi opinión más atractivo que la edición actual. Para empezar liguilla de cuatro grupos de seis combinados de los que pasaban los tres primeros. Una segunda fase con los doce clasificados, también en formato liguilla y dos grupos de seis, a la que se arrastraban los resultados entre equipos del mismo grupo que habían accedido a esta siguiente ronda. El caro premio eran dos puestos por grupo en semifinales. Ello obligaba a hacer un torneo muy regular para optar a medalla pero te permitía poder subsanar un mal día, lo que no ha podido hacer España en 2014 tras perder contra Francia.

 

El listado de participantes era la flor y nata del baloncesto del momento, mucho menos disperso en cuanto a fronteras que ahora. Por la zona europea a España como anfitrión le acompañaron la URSS, Yugoslavia, Italia, Grecia, Francia, Alemania, Israel y Holanda. EEUU, Argentina, Brasil, Uruguay y Canadá acudieron como representantes sudamericanos, mientras que Puerto Rico, Cuba y Panamá lo hicieron por Centroamérica. China, Corea del Sur y Malasia (que sustituyó a Filipinas) por Asia, mientras que Angola y Costa de Marfil por África y Nueva Zelanda y Australia de Oceanía completaron el elenco.

 

Todavía con el subidón por la Plata Olímpica en LA y a pesar del cuasi fiasco del cuarto puesto en el Europeo del año anterior en Alemania después de perder sorprendentemente ante Checoslovaquia en semis, España partía con unas expectativas altísimas, alguno incluso hablaba de Oro, palabras mayores, pero si al menos aquella selección debía haber estado entre los cuatro primeros, algo que 28 años después tampoco ha podido certificar la generación presente.

 

El equipo nacional de Antonio Diaz-Miguel ya sin Corbalán pero con los Sibilio, Solozábal, Villacampa, Epi, Margall, Fernando Martín, Jiménez, Romay, etc, en su mejor momento, quedó encuadrada en el Grupo A. Después de ganar a Francia llegarían las palizas a Corea del Sur y Panamá y entre medias el susto, 87-86, ante una Grecia liderada por el máximo anotador del torneo (33.7), Nikos Gallis. Aún inexpertos, los helenos gustaron mucho a pesar de la importante baja de Fassoulas. Apuntaban un futuro inmediato prometedor –serían campeones de Europa al año siguiente-.

 

Pero España falló en el momento decisivo (72-86) ante el Brasil. Ya en la segunda fase en Barcelona las plegarias no surtieron efecto y no hubo tropezón de los Oscar, Marcel, Gerson, Maury o Israel y compañía. Sólo cedieron frente a los soviéticos, ante los cuales en una apasionante cita donde la Ciudad Condal se volcó con la selección, también cayó España (83-88), lo que provocó quedarse fuera de la lucha por medalla a pesar de superar a Israel y Cuba. Se colaron en semis desde el otro grupo las favoritas EEUU (1º) y Yugoslavia (2º).

 

Después de seguir lo que pude de la primera y segunda fase desde el campamento, vi los últimos cinco días de torneo ya en casa. España acabó quinta ganando consecutivamente a Canadá e Italia. No mal premio pensamos entonces, pero si costó asumir la dosis de cruda realidad. Se sentía envidia al ver el choque por el Bronce que disputaron Brasil y Yugoslavia (117-91 para los balcánicos).

 

De lo que si guardo un claro recuerdo es de la final del domingo 20 de julio que pude ver con parte de mi familia. Entre los que nos encontrábamos allí estaba un clásico del basket vallisoletano llamado Manuel Suárez. Una persona muy peculiar, precursor de la modernización en la gestión del CB Valladolid tras entrar después del “ascenso” administrativo de junio de 1994 y con buen olfato para los fichajes. Fue director general en dos etapas.

 

Los protagonistas de ese encuentro fueron EEUU y la URSS. Los americanos alcanzaron la cita yendo de menos a más. Llegaron a perder un partido en la 2ª fase ante Argentina y en la 1ª quedaron invictos ganando por los pelos a Puerto Rico. Pero los universitarios alcanzaron su punto álgido en el momento adecuado y dieron su mejor versión en sus tres últimos compromisos consecutivos ante Yugoslavia (69-60), Brasil (80-96) y los soviéticos.

 

Por su parte, la URSS, levantó una épica semifinal a Yugoslavia venciendo en la prórroga (91-90) con un Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid jaleándola por la animadversión que se tenía a Drazen Petrovic. Los plavi tenían el partido en el bolsillo a un minuto y pocos segundos para el bocinazo (76-85), pero tres triples consecutivos de Sabonis, Tikhonenko y Valters llevaron el choque al tiempo extra donde se impusieron los de Obukhov. 

 

Volviendo a Estados Unidos, aunque no era el de Los Ángeles, estaba entrenado por un técnico de prestigio alejado del “histrionismo” de Bobby Knight. Lute Olson, coach de la universidad de Arizona, formó una selección de alto nivel, aunque sin la agresividad y enorme talento del conjunto que lideró Jordan junto a Ewing, Mullin, Perkins, Tisdale, Wood, Fleming, Robertson, Alford, Turner, Kleine y Koncak en el Forum de Inglewood. No se quedó sin ir ningún fuera de serie como Barkley en 1984, que no entró en el equipo definitivo de Knight y tendría que haberlo hecho.

 

Sin embargo, los estadounidenses fueron tan competitivos que se llevaron el Oro dejando recuerdos imborrables como la gran defensa del diminuto Tyrone “Mugsy” Bogues a Drazen Petrovic y las exhibiciones en la zona del almirante David Robinson. Además de ambos, Rony Seikaly, Charles Smith, Kenny Smith, Armon Gilliam, Sean Elliott, Derrick McKey o Steve Kerr entre otros, tendrían un dilatado futuro NBA.

 

Ya disfrutando de la final por TVE y viendo mi mayor simpatía por los soviéticos, Manuel Suárez me dijo con su característica voz rasgada, “no tienes ni idea Saúl, los rusos no tienen nada que hacer, Robinson será una estrella NBA y Sabonis acabará agotado este partido. Con los americanos bien, su defensa y calidad está aún a años luz de Europa”. No le faltaba razón y a pesar de que el center lituano y los Volkov, Tkachenko, Kurtinaitis, Belostenny, Homicius, Tikhonenko, Valters… apretaron el tanteador después de ir 18 abajo, sólo pudieron soñar con repetir la hazaña ante Yugoslavia. Cayeron 85-87. Más de tres décadas después Estados Unidos volvía a ser campeón en un Mundial

 

 

Sobre Manuel Suárez, diré que era un perfecto conocedor del baloncesto NCAA. Para mí siempre fue muy curioso ver lo bien que se desenvolvía sin hablar ni papa de inglés, ya que era muy eficaz en su relación con los agentes. Se le debe atribuir el mérito de que jugadores nacionales poco conocidos como Sergio Luyk o Alex Rodríguez recalaran en Pucela directamente desde sus universidades en EEUU. Además fichó para el CBV a Mike Hansen y Lavodrama y trajo americanos de alto nivel como Jerome Lane o Tony White. 

 

Manuel Suárez era el manager del CB Valladolid cuando yo comencé mi periplo, con lo que es justo agradecer su confianza. En la sombra fue quien me abrió las puertas de la entidad, con la aprobación de Anicel Lavodrama. La pena es que no acabó de salir airoso. Aún así tiene su hueco en la longeva historia del club morado.

 

 

Para concluir mi particular visión de ese lejano ya Mundobasket, diré que aunque no presencié ningún partido en directo en los pabellones lo seguí intensamente. Por suerte 28 años después conservo esa ilusión. El destino me ha permitido resarcirme en 2014, pero la situación es muy distinta a la de aquel tiempo mágico. Mucho tendrá que cambiar, y más por desgracia tras el fracaso de la selección actual, para que el baloncesto reconquiste la cúspide alcanzada en el maravilloso e irrepetible mes de julio de 1986 y saboreemos una segunda época dorada.   

 

 

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