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Domingo Benito

Domingo Benito
Blog del Teniente de Alcalde de Ciudad Rodrigo y portavoz de IU.

Jesús Prado. Un hombre bueno

Despedir a un amigo es un trago de los duros. Esta semana se nos iba Jesús Prado, un militante empedernido y una persona con la que merece la pena haber compartido sueños e ilusiones.  

Jesús fue un hombre bueno, quería a la gente por encima de todas las cosas. Gorka Esparza le conocía bien, colaboraron en la titánica tarea de empujar de una organización como Izquierda Unida en la provincia de Salamanca en los peores momentos.  En el acto civil de su despedida, Gorka nos recordaba cómo su amigo, el bonachón, ese con el que tan buenos y tan malos momentos había vivido, tenía entre sus virtudes esa sonrisa interna que le permitía dar humor a situaciones duras y difíciles pero también la grandeza de, por mal que lo estuviera pasando personalmente, siempre regocijarse de los éxitos y alegría ajenas. Mirando a Jesús uno podía encontrar todo lo contrario a la envidia, era alguien que daría todo lo que tuviese para que sus amigos fuesen felices.

 

En mi recuerdo y el de muchos compañeros de Ciudad Rodrigo quedará siempre el esfuerzo que dedicó, siendo Secretario de Organización, a convencernos de que la adversidad no debía hacer desvanecer la esperanza. Jesús Prado fue, probablemente, uno de los culpables de que IU sea hoy lo que es en Ciudad Rodrigo. Cuando lo que pedía el cuerpo era tirar la toalla, después del desastre electoral de 2007 y no digamos de la derrota sin paliativos de 2008, desde la impersonalidad de las llamadas telefónicas, podíamos percibir su esfuerzo por transmitir la necesidad de mantener la llama viva.

 

Jesús dio ejemplo de una lealtad inquebrantable, tanto a sus ideales como a sus amigos. Tenía la firme convicción de que una de las tareas fundamentales de un ser humano era la de ayudar a construir un mundo más justo, estando siempre del lado de los débiles. En su participación en la lucha sindical y la militancia política (en Izquierda Unida y CCOO) nunca tuvo afán de protagonismo, sino seguramente lo contrario. Era demasiado capaz de saber encontrar el lugar desde el que tenía más que aportar. Y de estar siempre allí. Recuerdo a Jesús como a alguien siempre presente. Si algo se torcía, en última instancia siempre podrías marcar su teléfono y haría todo lo que estuviera en su mano para resolverlo. No fallaba.

 

No recuerdo que Jesús haya actuado nunca, en sus decisiones políticas, con intereses distintos a los de las ideas que defendía. Fue uno de tantos que militó en la izquierda cuando ésta estaba desahuciada, y la palabra ganar apenas se podía conjugar en la partida de mus, pero desde luego jamás pensando en los procesos electorales. Nunca olvidaré una entrevista que apareció en la contraportada del diario Público en las generales de 2008. La primera pregunta del periodista era certera “¿Hay que tener más moral que el alcoyano para ir el 4 en la lista por IU en Salamanca, donde en 2004 la coalición obtuvo el 1,94% de los votos y el PP el 54,25%”. Su respuesta, siempre breve: “Es indudable”.

 

Así era Jesús, un idealista que dio lo mejor que tuvo para hacer felices a los demás. A los que tenía cerca con su humor y sus buenas acciones. A los parias del mundo, aportando su granito de arena en la lucha social incluso cuando sabía que los esfuerzos, por titánicos que fueran, acabarían en una clamorosa derrota y servirían, sencillamente, para que hubiera una mínima presencia sobre la que otros pudieran construir. 

 

Quienes le teníamos cerca pudimos observar como una terrible enfermedad iba deteriorando poco a poco y de forma imparable el físico de Jesús, dejando intacto su espíritu de superación y dando ejemplo hasta el final de su vida. La última vez que pude estar con él fue precisamente en Ciudad Rodrigo, cuando vino a escuchar a su querido amigo Honorio Cardoso en una conferencia que iba a ofrecer en el Centro Social Aldea. Sus amigos Mariasun y Peli le trajeron y debo reconocer que fue una de las pocas ocasiones en que le vi sin su inseparable compañera, Mari Jose. Ya débil, sabiendo que sus fuerzas se iban apagando con el paso de los meses, disfrutó participando en una actividad más junto a los amigos que le habían acompañado durante tantos años en las luchas. Como siempre, sonriendo.

 

Que la tierra te sea leve, compañero, y sin embargo, gran amigo. Los que nos quedamos recordaremos tus enseñanzas y seguiremos luchando por hacer de éste el mundo que siempre soñaste. 

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