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Desde el alero

Félix Ángel Carreras
Opinión variada y de actualidad

Un espacio que no tenemos en la ciudad

Alboran detail

El concierto de Pablo Alborán, atractivo y con todas las entradas vendidas, puso de manifiesto una carencia clara en Valladolid. No hay un lugar adecuado para celebrar actuaciones musicales en espacios cerrados. Lo resumo: el sonido fue un horror.

Claro que, con la que está cayendo, plantear este tipo de necesidades para Valladolid puede resultar insultante. Lo cierto es que así estamos. Somos una ciudad con grandes atractivos culturales, llena de dinamismo, con acciones continuas de promoción exterior e interior pero... nos faltan esos detalles que podrían suponer un indiscutible salto de calidad en todos los sentidos.

 

El alcalde acaba de hacer un balance de sus dos años de mandato y, por supuesto, no está el patio para veleidades. Tenemos lo que tenemos y nos debemos apañar porque las prioridades son otras. Ya ni siquiera planteo la necesidad de un Palacio de Congresos para atraer el turismo de negocios porque eso ya son palabras mayores y, además, como dicen que el Miguel Delibes hace esas funciones pues nada más que decir, de momento. Yo por lo menos, creo que no vendría nada mal.

 

A lo que íbamos. La gira de Pablo Alborán tenía una fecha programada en Valladolid con el escenario instalado en el polideportivo Pisuerga. Alarma. No es el mejor lugar, sin duda, pero otros espacios tampoco acaban de encajar como la Feria de Muestras. En fin, que el cantante del momento se encontró con un público entregado que respondió a un buen montaje escénico y un atractivo repertorio, en consonancia con el último fenómeno musical del momento capaz de aglutinar a todo tipo de público con sus canciones, compuestas desde su talento y conquistadoras de los primeros puestos de las listas de ventas porque, sí, todavía se venden discos aunque esto ya no es lo que era.

 

El polideportivo Pisuerga machacó el sonido de la banda de Alborán. El hormigón de la instalación no ayuda y los que padecieron el concierto en las gradas superiores sufrieron de lo lindo para diferenciar las letras de sus canciones. En la pista, el sonido mejoraba pero tampoco para lanzar cohetes. Solo hubo algo de respito cuando el intérprete simplificaba con guitarra o piano algunos de sus éxitos machadados por la intensidad de los decibelios.

 

Una pena. Un problema. Valladolid necesita algún contenedor cultural que sirva para estas cosas porque casi 5.000 personas no pueden ubicarse de manera sencilla en otros espacios de la ciudad. No los hay. El Miguel Delibes no acoge más de 2.000 y espectáculos como los de Pablo Alborán piden otra cosa que, en este momento, no tenemos.

Comentarios

Gonzalo 04/06/2013 22:52 #1
Totalmente de acuerdo. El espectáculo, genial. El sonido infumable.

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