Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

La campaña de la oxitocina

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Los poetas juegan a su favor con el conocimiento profundo de los sentimientos humanos y van un paso por delante de los científicos. Sin saber, intuyen, y por eso llevan siglos hablando de cómo embriaga el amor y de cómo los besos crean adicción. No es necesario conocer el comportamiento de las hormonas para sentir, pero si se hace indispensable sentir para encontrar las palabras exactas que expliquen los comportamientos. Los políticos, me temo, tienen poco de poetas.

Las mujeres sabemos algo sobre la oxitocina. Decía un amigo mío que teníamos tanta hambre por conocernos y ellos tan poca, que con el paso de los años las diferencias entre los dos sexos levantarían un muro de incomunicación. El era de la teoría de que hombres y mujeres no pertenecíamos a la misma especie y sus argumentos dieron de si en muchas tardes de lluvia. Siempre es alentador tener un hombre con el que poder hablar de sentimientos, y que ese hombre sea heterosexual.

 

El caso es que en ese laberinto de palabras acerca de como vivimos el amor unos y otros, los apaleados, y aún presos de sus efectos, repetían lastimosos que no podían quitarse de la cabeza a esa persona, que pasaban los días como borrachos y que darían cualquier cosa por olvidarla. Y yo siempre apostillaba: “algún día la ciencia dará con la causa y podremos comprar pastillas para acabar con esta desazón”.

 

El momento se acerca. En Neuroscience and Biobehavioral Reviews acaban de publicar un estudio en el que han llegado a la conclusión de que la oxitocina, esa hormona que algunos llaman del amor porque su función está asociada a los vínculos afectivos,  tiene un lado oscuro y provoca el mismo efecto que el alcohol: nos vuelve temerarios, agresivos e irresponsables.  “¿Y acaso no ha tenido siempre un lado oscuro el amor?”, pregunta y se responde Susana. Quien lo vivió, lo sabe, que diría Gustavo Adolfo Becquer.

 

Francesco Alberoni compara el amor con las grandes revoluciones y le otorga a este sentimiento una fuerza tan avasalladora que es temida por cualquier jefe de estado. Por amor se abdica, se inician guerras o se lleva la empresa a la bancarrota. Ahora sabemos que la culpa es de la oxitocina, que nos emborracha y nos funde los circuitos cerebrales. Y lo mismo que los borrachos perdemos el miedo, la ansiedad o el estrés. Nos desatamos. No es que estemos embriagados de amor, es sencillamente que estamos embriagados. Conocida la causa, es cuestión de tiempo que encuentren el remedio.

 

Yo he notado mucha oxitocina de la oscura en esta campaña electoral y muy poca de la buena,  la que aumenta la generosidad, el altruismo o la empatía y nos dispone a confiar en los demás. Los candidatos se están lazando a la batalla arriesgando su propio feudo. Los enemigos mas peligrosos no están fuera, están dentro. Un descontrol.

 

La imagen de Pedro Sánchez con Susana Díaz sería una prueba de desamor si antes hubieran sentido el uno por el otro algún afecto. Como no ha sido así, es la estampa del harakiri del sentido común, el tiro en el pie de un despropósito que ni siquiera Felipe González ha podido enmendar.

 

Lo de Ana Botella con Esperanza Aguirre, o lo de Esperanza Aguirre contra el mundo del charrán, es otra novela de intriga que no promete un final feliz. Albert Rivera, como no puede con Pablo Iglesias, anda a la gresca con los candidatos de su partido que huyen a última hora, o con los que tienen que salir de él porque no cumplen las expectativas de limpieza y esplendor que proclaman sus siglas. En Podemos hay quien está, como Carmena, pero no es, lo cual no deja de ser desazonador. Y los de IU y los de UPyD caminan dando tumbos de puerta en puerta sin encontrar la llave de su futuro.

Borrachos de ego, de ansias de poder, de mediocridad. Así van nuestros políticos en esta recta de final: borrachos. La ciudadanía, con su sabiduría popular, lima sus uñas para escoger la papeleta adecuada, aún sabiendo que elija la que elija, se va a equivocar. Lejos del teatro de la política, a pie de calle, lo que sigue en valor es echar una mano al cuñado, a la vecina o a los hijos. Un plato de cocido y una palabra de ánimo en espera de que amaine la crisis. Oxitocina en estado puro. A pie de calle están los poetas, los que han puesto en marcha la hormona del amor mucho antes de saber su nombre.

Comentarios

Ribera 25/05/2015 20:45 #1
La ciencia lo es todo....hasta en los sentimientos

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