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De todo un poco…

Vidal Holgado

De cestos

 
Cuando uno nace covanillo intentar ser mas que cesto tiene sus complicaciones no exentas de riesgo, yo creo que es lo que les ha sucedido a las cajas de ahorro, que han intentado ser bancos grandes y se han pegado el leñazo padre, gestión de políticos como coadyuvante, ¿que se puede esperar de maestros de escuela y danzarinas en los consejos de las cajas de ahorros?, si ya se sabe, zapatero a tus zapatos, que después pasa lo que pasa y ha pasado, un zapatero llegó a presidente del gobierno y nos preparó tal desaguisado que ahora vamos a necesitar años para arreglar el entuerto y reparar los daños.
 
Cuando uno nace covanillo intentar ser mas que cesto tiene sus complicaciones no exentas de riesgo, yo creo que es lo que les ha sucedido a las cajas de ahorro, que han intentado ser bancos grandes y se han pegado el leñazo padre, gestión de políticos como coadyuvante, ¿que se puede esperar de maestros de escuela y danzarinas en los consejos de las cajas de ahorros?, si ya se sabe, zapatero a tus zapatos, que después pasa lo que pasa y ha pasado, un zapatero llegó a presidente del gobierno y nos preparó tal desaguisado que ahora vamos a necesitar años para arreglar el entuerto y reparar los daños.

Las cajas de ahorros nacieron con el objetivo de ser el banco de los pobres (que ya casi no hay pero al tiempo, que pronto seremos muchos), solo hay que fijarse en quienes fueron sus fundadores, a excepción de algún noble, fueron las casas de misericordia, los asilos de ancianos, etc. y cumplieron muy bien su función durante muchos años.

Que tiempos aquellos en que para que te dieran un préstamo había que hacer banquillo para que te recibiera D. Ramón en la Caja Central de Ahorros y Préstamos de Ávila. Don Ramón y su consejo de amigos siguiendo su buen criterio concedían los préstamos al señor Diocleciano, de Muñomer del Peco, para hacer frente a un mal año y, entre otras cosas, que su hijo pudiera continuar el próximo curso en la Universidad de Salamanca, no hacían falta comisiones de control ni departamento de análisis de riesgo, que visto lo visto no han servido para nada mas que consumir unos recursos que deberían haberse destinado a crédito y no para colocar a la familia y amigos, mediante un nepotismo descarado, todo el mundo devolvía sus prestamos, salvo causa de fuerza mayor (fallecimiento por ejemplo y aún así lo devolvían los herederos aunque solo heredaran deudas) o catástrofe natural, no como ahora.

Me comentaba un empleado de una notaría que el no entendía nada, antes no pagar una deuda era un deshonor y a la gente le daba vergüenza salir a la calle, y ahora el que no devuelve un préstamo se va de vinos con el director del banco que no cobra.

Y que decir de los servicios prestados, todos los primeros de mes los empleados de la caja salían por los pueblos, y entre otros iban a visitar al Sr. Marcelino de Narros de Saldueña a ponerle la cartilla al día porque le había llegado la pensión, de paso le dejaban el efectivo para hacer frente a los gastos del mes y le preguntaban si necesitaba algo, lo malo es que las visitas a los distintos Marcelinos llevaban aparejado el vinito o la copa de anís y el bollo de soplo o hasta el chorizo de la matanza y podían acabar un poquito pasados de peso y beodos, ahora no se puede hacer porque si te pilla la benemérita te hace soplar y te dejan sin carnet, a ver como vuelves al mes siguiente, si el caso es fastidiar, además ya no hay empleados dispuestos a hacer la ruta, el horario es el horario, de momento, porque esto está cambiando, cada vez se exigirá menos convenio, menos vacaciones y menos “a mi me pagan por hacer mi horario de oficina”, y como agradecía el Sr. Marcelino la visita de Paco el de la Caja.

Esto me recuerda lo que me contó un día un ahora prejubilado, que cuando entro a trabajar en la caja no le explicaron las condiciones, se le ocurrió ir al despacho del director y preguntar cual era su horario de trabajo, D. Antonio, sin inmutarse, levantó la vista por encima de la media gafa y le espetó, “VEINTICUATRO HORAS DIARIAS”, dio por terminada la visita y volvió a dirigir la mirada al asunto que le ocupaba cuando le recibió. Y los empleados estaban contentos, oye tú, igualito que ahora.

Sigamos inyectando dinero público a estos monstruos que solo sirven para chuparnos la sangre. Un concurso de acreedores en toda regla y el que no lo soporte cierre con todas las consecuencias, ¡¡¡PERO YA¡¡¡, nos ahorraríamos además las indemnizaciones y prejubilaciones millonarias a los dirigentes que no tienen vergüenza para repartirse el dinero de los demás en lugar de indemnizar por el daño que han hecho. ¡Ay! si esto se hubiera hecho hace seis años, pero tranquilos, que ni antes ni ahora, si es que la gente es buena por naturaleza, total cuatro indignados de nada, pero no hay que perder la esperanza, de momento ya han amurallado el Congreso, igual ya a alguien si le está entrando en cuenta.

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