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De todo un poco…

Vidal Holgado

Clavada de verano

Vaya la que ha liado el tal Ignacio Villalgordo tuiteando el tique del restaurante de Formentera, aunque diga que no era su intención armar tal revuelo, habrá sido un golpe, de buena o mala suerte, que le ha hecho famoso, es lo que tienen las redes sociales, nunca se sabe lo que puede suceder ni a qué obedece que se dé tanto despropósito.


Los que no estarán nada contentos serán los dueños del restaurante, porque les están poniendo a parir, aunque yo no me preocuparía, a ellos también les hacen famosos, así que quien sabe si el asunto les perjudica o les beneficia, igual aumentan los clientes que quieran presumir de haber cenado en el restaurante de marras, estamos hartos de ver como verdaderos bodrios atraen la atención de espectadores y visitantes, baste comprobar el buen funcionamiento de las telebasuras, y como en Ávila, sin ir más lejos, tenemos visitantes que quieren comprobar sobre el terreno que el edificio proyectado por Moneo existe y está en el Mercado Grande.


No hace falta ser un lince para comprender que si a uno le cobran 10 euros por una cerveza en el hotel Palace, en realidad la cerveza te la regalan y lo que pagas es el salón, los muebles, la cristalería y hasta la librea del portero, pero que te cobren lo mismo en un chiringuito de playa con mobiliario de plástico, papelillos por servilleta, servida por un adolescente ataviado con una camiseta de 2 por 3 euros, unos vaqueros con agujeros y alpargatas, que aunque te digan que esa es la moda tú en realidad piensas que son unos andrajosos, y que semejante establecimiento tenga clientes, no deja de tener su mérito, no me estoy refiriendo al restaurante del asunto que nos ocupa porque no lo conozco, aunque me da que su caché se debe más a su ubicación y a haberse granjeado clientes famosos que al lujo de las instalaciones, aun así creo que todo empresario es digno de respeto siempre que no engañe, si el cliente conoce el servicio que le ofrecen y el precio, o lo ignora porque no se preocupa, allá él.


Cobrar por un pescado 153 euros kilo, por muchas virguerías que le hayan hecho en la cocina, o por un verdejo diez veces su precio en bodega, que quieren que les diga, así a bote pronto parece que se abusa un poco, desde luego que esos precios no están al alcance de la mayoría mileurista de este país, que se diga además que Paris Hilton, Robert de Niro, ciertos futbolistas famosos y otras personas muy importantes, están dispuestos a pagar esos precios con tal de gozar de cierta exclusividad y no tener que mezclarse con el vulgo, puedo entender que lo hagan, pero no me digan que no fastidia que encima lo cuenten.


Me queda otra duda, ¿todas estas personas importantes que acuden al restaurante pagan? , ¿o son invitadas más de una vez con tal de que acudan y sirvan de reclamo para el común de los mortales?, porque cuando coman gratis creo que sería obligación de los empresarios sumar el importe de la consumición no cobrada, a los precios de carta, directamente a la cuenta de resultados, como parece que tienen lleno y a esos precios, los beneficios tienen que ser altos y por tanto también la cifra que paguen de impuestos, así que cuanto más ganen mejor para todos, por mi parte que se les perdone el ser un poco clasistas y los precios altos, el que no los quiera pagar que no vaya, eso sí, si no cumplen como buenos contribuyentes que los temidos subordinados del Sr. Montoro les metan una que les deje doblados, por supuesto que lo dicho se debe extender a todo establecimiento de similares características, y menos remilgos, a mí no me parece tan mal lo que hacen, al fin y al cabo son empresarios que emplean una estrategia que les funciona, aunque a muchos no les guste, otros hacen cosas peores y no les pasa nada, incluso a alguno nos lo ponen como empresario modelo y ejemplo a imitar, luego cuando se descubre la tostada pasa lo que pasa.


Habrá quien considere que son unos abusones y sableadores y que habría que cerrarles, cortas miras, si lo hiciéramos, ¿cuantos nos tendríamos que llevar por delante?, probablemente entre ellos a casi todos los poseedores de estrellas del muñeco flotador, así que nada lo dicho, a dejarles trabajar y a quien no le gusten estos establecimientos que no vaya y menos escrúpulos que la pasta es la pasta, ¿o sería mejor cerrarlos y echar a los turistas como piden algunos tarados en Barcelona?, si es que aunque nos pasáramos todo el día metiendo tontos y adefesios en campos de golf, los llenaríamos todos y tendríamos que habilitar las dehesas extremeñas y andaluzas para continuar con la faena, pues nada, cerrad el puerto de Barcelona a los cruceros y okupad (con k), vosotros los hoteles, los comercios y los restaurantes, que así os va a lucir el pelo. Lo malo es que nos lucirá a todos.

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