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De por aquí en esto

Patricia Melero

¡Viva la Morenilla!

La solemnidad de la fiesta de Las Candelas se ha visto muchos años deslucida por la ausencia de palentinos, que prefieren festejar la jornada en otros menesteres y también por la falta, hasta hace poco tiempo, de otros alicientes con los que acompañar la jornada festiva.

"Pues a la calle me echas,

me echas con ira,

De la Calle la Virgen,

seré algún día"

 

Cuenta la leyenda que con esas palabras reprendió la Virgen al panadero que arrojó a la calle un madero que no ardía en su horno. El hombre, asustado, bajó a recoger el pedazo de madera y en la punta abrasada de aquel trozo de encina reconoció la talla de la Virgen, que desde entonces llevó la advocación de la Calle y el apodo de Morenilla.

 

El origen folclórico de la patrona de la ciudad es el más conocido, pero lo cierto es que el nombre primitivo de la imagen, el templo, y de la Cofradía era el de Nuestra Señora de las Candelas. En su pequeña ermita existían dos figuras: una, llamada la pequeña o de los milagros, situada en el altar mayor y otra situada sobre la puerta de entrada. Los palentinos paraban a saludar a esta imagen cuando pasaban por la calle. Así que, con el tiempo, fue tomando ese nombre.

 

El caso es que la devoción popular derivó en el patronazgo de la ciudad y cada dos de febrero, los palentinos se echan a la calle a venerar a su imagen. Siempre que no hayan aprovechado la jornada (este año el puente) para salir de compras a otra ciudad, de visita al mercado de Saldaña o de excursión a cualquier otro sitio, si el tiempo acompaña.

 

La solemnidad de la fiesta se ha visto muchos años deslucida por la ausencia de palentinos, que prefieren festejar la jornada en otros menesteres y también por la falta, hasta hace poco tiempo, de otros alicientes con los que acompañar la jornada festiva.

 

Desde hace algunos años, el Ayuntamiento se esfuerza por completar el programa con actividades de corte popular como la matanza o un mercado artesano, que no siempre encuentran el mejor encaje con la procesión, la ofrenda y el protocolo de la fiesta religiosa.

 

La procesión de las Candelas, la presentación de los niños, la ofrenda de flores y todo el color que aportan los grupos de danzas, los colectivos de música tradicional y las decenas de palentinos que salen a engalanar la jornada con sus trajes tradicionales componen una tradición urbana, con décadas de historia, que tal vez debiera encontrar su engrandecimiento dentro de sus mismos elementos.

 

Este año, la danza de danzantes, anunciada en un principio como acompañamiento de la procesión, ha sido finalmente retirada del cortejo por un malentendido derivado de la falta de conocimiento sobre la materia. Y otro año más, seguramente, los grupos de danzas tendrán que esquivar los despojos del cerdo que se chamusca en la plaza Mayor al mismo tiempo que llegan los representantes municipales, para poder improvisar algunos bailes o melodías, que bien pudieran lucirse con un poco de previsión y organización.

 

Burgos celebró hace unos días la fiesta de su patrón, San Lesmes, con un cortejo y una celebración similar a la palentina, pero donde la música, la danza y el baile tradicional tienen su espacio y son protagonistas y llenan las calles del centro de la ciudad. Y además sirven de reclamo y atracción de visitantes.

 

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