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Patricia Melero

A matar judíos

Entre el ayuno y la penitencia siempre hubo tiempo para el solaz y el disfrute en Semana Santa. Rozando lo irreverente y lo legal, se sale a matar judíos o a jugar a las chapas.

La Semana Santa son días de oración y recogimiento, pero entre el ayuno y la penitencia siempre hubo tiempo para el solaz y el disfrute.

 

Después de los oficios religiosos hay tiempo para matar judíos, recorrer las cofradías, las casas o los bares degustando la tradicional limonada y, si puede ser, ayudándola a pasar con alguno de todos esos dulces, austeros pero deliciosos, de estas fechas: rosquillas -de palo o de baño-, ciegas, torrijas, pestiños...

 

Por otra parte, el Oficio de Tinieblas del Viernes Santo sumía a la cristiandad en la oscuridad y el sonido atronador de matracas y carracas. Caída la noche, llegaba el momento de otra profana tradición que supo esquivar, incluso, la prohibición de la dictadura, que hacía la vista gorda ante las tiradas de 'chapas' en muchas regiones.

 

Cuentan las Escrituras que los soldados romanos que custodiaron a Jesús en su camino a la Cruz se jugaron su túnica después de crucificado. Siglos después cuentan las historias populares que alguno se jugó, incluso, a su mujer en las tradicionales tiradas que se celebran en estas fechas en muchas localidades.

 

Dos 'perras gordas' (de las de 10 céntimos de Alfonso XIII) marcadas con una cruz en su reverso y el sencillo sistema de apostar a cara o lis han llenado las veladas y vaciado los bolsillos en las noches de Pasión.

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