Hoy estamos más huérfanos que hace un año. Y si todo sigue por este desatinado rumbo dentro de un año estaremos más huérfanos que hoy. No está mal quedarse huérfano, bueno, solo en algunos casos. Confieso que no me importaría quedarme huérfana de Ana Mato, José Antonio Grillán, Oriol Pujol, José Antonio Duran i Lleida o de Carlos García Revenga, ese secretario de las infantas, las mismas que evitan ahora salir en la foto con él, que lleva el triste título de primer empleado del Rey en ser imputado en una causa. Os aseguro que ni yo ni la tele nos sentiríamos desabrigados sin ellos.
Definitivamente nos hemos vuelto locos. No intentéis convencerme de lo contrario. Ya lo he probado yo muchas veces antes y mis esfuerzos han sido en vano. Incluso, me atrevería a decir que estamos mucho más locos que hace unos años. Por lo menos, más chiflados que hace 13 años cuando se nos ocurrió la brillante idea de meter en una casa a diez concursantes para ver cómo convivían. ¡Menudo experimento! Ni las ratas lo hubieran hecho mejor. Ni se hubieran echado sobre el lomo catorce ediciones. Dudo también de que hubieran participado en concursos de bailes, realities en granjas e islas salvajes y, mucho menos, en gimkanas en países exóticos, aún sabiendo lo que les gustan a estos roedores las ruedas giratorias y las cloacas.
Ya no me sorprendo de nada. O de casi nada. Tampoco de que se me haya olvidado reír. Reír con la televisión, aquella amiga con la que, en tiempos que mi cerebro ya se ha encargado de borrar, compartía carcajadas y momentos de humor similares a los que mantienen los amigos cuando ya se han tomado una o varias copas de más. Razón no le falta a Campo Vidal, presidente de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión, cuando dice que hay peligro de provocar una crisis psicológica debido a la concatenación de noticias negativas en los medios de comunicación, entre los que se incluye aquella amiga con la que mi relación se está resintiendo por esta causa.
La palabra que más he escuchado la pasada semana por televisión ha sido corruPPción. Bien hubiera podido ser el título de una nueva serie de ficción de Telecinco pero, sin pizca de asombro ya, se trataba de otra bomba informativa. A la cabeza, Luis Bárcenas, el ex tesorero del Partido Popular, acusado de desviar bastantes millones de euros, que ni vosotros ni yo veremos jamás, a paraísos fiscales y de pagar sobresueldos en negro durante años a parte de la cúpula del PP. Otro más que cayó. Y ya van, como podréis observar en el mapa que acompaña a este post, unos cuantos. Tantos como para proponer a los productores y directores de este país que se planteen hacer una serie basada en ellos en la que se recojan todos los fraudes, bribonadas y truhanerías que han cometido. Darían para un capítulo diario.
Pocos recuerdos perduran con tanta fuerza en la memoria de una persona como las Cabalgatas de Reyes que vivió de niño. Fueron tardes inolvidables, noches mágicas. Horas de poco dormir y de emociones condensadas en forma de zapatillas, leche y galletas para sus majestades. Aún recuerdo la noche en que le vi a usted, Melchor, entrar en mi habitación y depositar sobre el escritorio una gran caja envuelta en papel de regalo, que a la mañana siguiente resultó ser un necesario cabás con su carpeta, cuadernos, estuche y bolígrafos a juego. Desde aquel día, usted se convirtió en mi rey preferido.