Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

Rozar la muerte para contar

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Con el Gorila de Montaña, el leopardo de las Nieves, el rinoceronte de Java o la tortuga Baula tienen un punto en común: están en peligro de extinción. Su ADN dista kilómetros del resto de los mortales, que piensan que ser juez en el llamado ‘caso Bárcenas’ es una profesión de alto riesgo. Saben lo que es trabajar en medio de las balas y salir ilesos y, a veces, resultan tan molestos que las partes implicadas en los conflictos prefieren borrarlos del mapa. Son los corresponsales de guerra, esos que no están ahí por el dinero, sino por una búsqueda genuina de la verdad. Una verdad que, más veces que pocas, quiere ser sepultada por quien ni nos imaginamos.

En estos días en los que esos que se hacen llamar católicos acérrimos han celebrado la pasión, muerte y resurrección de Cristo, a mí se me han agolpado en mi cabeza otro tipo de recuerdos. Noches de soledad en hoteles, lágrimas por sus familias, ruido de metralletas, atrevimiento desproporcionado por captar una instantánea, gritos de socorro, huídas en vano, un disparo. Silencio. Y finalmente José Couso.

 

Para el resto de la población son simplemente caras que ven en los informativos cuando se habla de esos países que tan poco les interesan como Siria, Irak o Somalia y que se ven incapaces de localizarlos a la primera en un planisferio. Para mí son héroes. Perdón, HÉROES. Aún recuerdo la cantidad de HÉROES que conocí tras las páginas del libro ‘Los ojos de la guerra’ de Manuel Leguineche y Gervasio Sánchez, un homenaje a Miguel Gil, asesinado en Sierra Leona. Lo que no recuerdo es ningún otro libro que me haya emocionado tanto.

 

Les molestan muchas cosas, entre otras, que les llamen locos. “Hay muchas mujeres que me dicen: eres una inconsciente”, cuenta la corresponsal de guerra Mayte Carrasco. “Es algo que no le dirían a un hombre. A un hombre le dicen qué cojones tienes”, matiza. Se encargan de escribir y contar para que las guerras no queden en el olvido, aunque ello signifique rozar la muerte, algo que nosotros puede que sólo acariciemos una vez en la vida. “Soy un superviviente (…). Todas las guerras son iguales en algo: siempre hay víctimas inocentes de las que nadie se acuerda”, contó Fran Sevilla, un experto reportero de conflictos armados en Centroamérica, Oriente Próximo, los Balcanes, Perú, Irak y Afganistán, cuando lo conocí hace años en mi facultad de Periodismo.

 

Perdonad si me equivoco, pero en pocas profesiones se reportan tantos sentimientos como en la suya, con un añadido, los alcanzan desde el frente. Si se os preguntara a cada uno de vosotros si os gustaría ser reporteros de guerra, al igual que a mí, lo más probable es que se nos agolparan de forma atropellada las excusas, tantas o más que las que ha dado Urdangarín para desvincular a nuestra infanta triste de las actividades ilegales del Instituto Nóos, las que dan nuestros políticos menos honrados para salvarse de las rejas o las que da ‘la princesa del pueblo’ para no abandonar definitivamente la televisión.

 

‘Informe Semanal’, ese veterano de los informativos de gran formato de las televisiones europeas y el segundo más longevo del mundo tras el estadounidense ’60 minutos’, que ayer cumplió 40 años en emisión con más de 2.000 semanas y 8.000 reportajes en TVE, nos ha enseñado su gran labor durante todo este tiempo, una labor que peligra sobre todo en España, donde la excusa de la crisis ha hecho que ya no se envíe a nadie o casi nadie a zonas de conflicto. Y digo excusa porque sí hay dinero para el espectáculo, el fútbol o para pagar los despidos improcedentes de los gobernantes que nos han robado y están empobreciendo a la clase media.

 

No soy demasiado partidaria de rendir homenajes a alguien después de muerto. Firmaría porque se los dieran en vida pero, después de 90 posts en este blog, veo necesario brindar un reconocimiento a todos ellos y, sobre todo, a una profesión de la que muchos huiríamos y que tantas veces queda plasmada en televisión en conexiones efímeras y piezas de menos de minuto y medio sin que el espectador les dé la importancia que tienen. Pero hasta que no cesen las guerras ellos allí estarán aunque soy de las que pienso, como Winston Churchill, que “una guerra nunca resuelve problema alguno. No hace sino plantear otros nuevos”.

Twitter: @VeronicaFdezGo

Comentarios

Juanca 02/04/2013 15:35 #1
Me encantó!!!!!!!!!!!!!

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