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R.I.P. Cámara oculta

La semana pasada el Tribunal Constitucional dictó la sentencia que muchos llevaban esperando hace años. Es de esas sentencias que no dejan indiferente a nadie: a unos porque les beneficia mucho y a otros, por todo lo contrario. Por primera vez la sala primera del alto tribunal considera ilegítimo el uso de la cámara oculta, un método que como sabéis está en auge en el periodismo de investigación audiovisual. Programas como €˜Diario de€Ś€™, €˜Equipo de investigación€™ u otros magazines recurren a menudo a ella para obtener información que de otra forma no conseguirían. Por tanto, a partir de ahora, tendrán que pensarse mucho si van a continuar utilizando esta técnica porque esta sentencia puede suponer el adiós definitivo al uso de la cámara oculta en el ámbito periodístico, a no ser que las televisiones y las productoras estén dispuestas a asumir la sanción que se les pueda imponer porque al final ganen más con la emisión de ese reportaje.

No puedo estar más en desacuerdo con esta sentencia, aunque evidentemente hablo desde el prisma periodístico. Entiendo que el tribunal opine que la utilización de estas cámaras se basa en un engaño que el periodista despliega simulando una identidad falsa para obtener declaraciones que muy posiblemente no hubiera logrado al presentarse con su verdadera identidad. Hasta aquí, estoy de acuerdo porque en verdad se trata de un engaño. Pero, a partir de aquí, existe una diferencia. No es lo mismo emplear una cámara oculta para seguir a un famoso con el fin de mostrar sus escarceos amorosos que usarla para destapar una trama de prostitución infantil, de malos tratos en guarderías o residencias o de prácticas ilegales en clínicas de cirugía estética.

En ambos casos, la información que se obtiene con la cámara oculta es de relevancia pública pero no es comparable; en el segundo, nadie dudará de que el fin es ayudar a la sociedad. El problema que radica aquí es que los programas del corazón han abusado de este método para mostrar a la audiencia imágenes y conversaciones morbosas de personajes famosos y, como en todo, pagan justos por pecadores. De ahí, que entienda que para el Constitucional el carácter oculto de esta técnica de investigación suponga una vulneración del derecho a la propia imagen y a la intimidad personal, pero sólo en el caso de personajes famosos y no del resto, puesto que en la mayoría de las ocasiones se les tapa el rostro.

Desde tiempos infinitos ha existido el debate sobre si debe primar el derecho a la imagen y la intimidad al de información, o viceversa. A mi juicio, no todo vale, ni el fin justifica los medios, pero cuando se trata de proteger a menores, a discapacitados físicos o psíquicos o a cualquier persona a la que se esté estafando de alguna manera nadie, ni siquiera la Justicia, me podrá convencer de que la información tiene que quedar en segundo lugar. Tajantemente, no.

En este sentido, creo que esta sentencia supone un verdadero hachazo al periodismo de investigación de calidad, como también ha apuntado la presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, Elsa González. De igual forma, reconozco que la cámara oculta se ha utilizado a veces de forma banal y abusiva pero invito al Constitucional a reflexionar y a diferenciar entre los distintos usos que puede tener este método y, sobre todo, a recordarle que gracias al uso de las cámaras ocultas la Justicia en no pocas ocasiones ha tomado medidas para terminar, por ejemplo, con muchas tramas de corrupción. Siento decirlo pero todos somos humanos y es de sabios rectificar.

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