Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

Ni rastro de la televisión positiva

Casualmente hace escasos días encontré en Internet un listado de lo que se entiende por televisión positiva.

Tras su lectura, llegué a la conclusión de que en nuestro país no hay ni rastro de este tipo de tele o, por lo menos, en rasgos generales. Llamadme aguafiestas, ceniza o pesimista pero no encontré ningún atisbo de luz que desmontara mi deducción. Por si el día de mi hallazgo no fue el más propicio para toparme con tal discutible listado, bien porque no me atrajera ningún contenido en la pequeña pantalla o bien porque el mal tiempo me privara de salir de casa, he creído oportuno razonarlo en esta nueva cita con vosotros.

 

Qué se entiende por televisión positiva (así decía el artículo):

 

1.      La que no es negativa (lógico, ¿no?). Por tanto, ni pornografía barata y vulgar, ni violencia gratuita… Pues si repasamos lo acontecido tan sólo en los últimos siete días, la televisión nos ha regalado más testimonios de personas en paro, nuevos casos de delincuencia, más corrupción, más dinero B en el caso Mato-Sepúlveda… O soy yo, o sigo sin ver noticias con cariz positivo.

 

2.      La que ofrece modelos de comportamiento socialmente positivos y no negativos. Basta con ver un programa de ‘Hermano Mayor’, ‘Gandía Shore’ o cualquier ‘Sálvame Deluxe’ con los histriónicos Pipi y Miriam para darnos cuenta de que los comportamientos que en ellos se ven son de lo más propicios para tenerlos en cuenta en nuestro desarrollo personal.

 

3.      La que abre caminos, aunque sean difíciles de encontrar. Pocas autovías, autopistas o carreteras secundarias veo que abra en la actualidad la televisión. Al contrario, está envuelta en un halo de dramatismo que no permite vislumbrar más allá de la niebla que le separa de aportar soluciones a los telespectadores.

 

4.      La que es optimista, aunque hayan pocas razones para serlo. No importa el telediario ni el debate con tertulianos que escojas que rara vez te arrancarán una sonrisa y, mucho menos, te convencerán de que el futuro sí puede ser mejor.

 

5.      La que siempre se obliga a hablar de las soluciones posibles después de hablar de los problemas. ¿Qué soluciones nos puede aportar la tele si los que tienen que actuar, la clase gobernante, se está riendo de los ciudadanos al incumplir su programa electoral? Ahora que recuerdo, esta semana por lo menos la tele encontró una solución. Emilia, la madre que usó una tarjeta ajena para dar de comer a sus hijos y comprar pañales, fue indultada. Y eso se debió, en gran medida, a la presión ejercida desde este medio.

 

6.      La que autocensura sistemáticamente los tópicos. Y lo que no son los tópicos. ¿Alguien me sabría explicar por qué TVE retiró la pasada semana un especial de ‘Documentos TV’ sobre el Prestige cuando el programa ya estaba anunciado? Aquí algo huele a podrido porque la justificación que dio la pública de que el documental no estaba ligado a la actualidad no me sirve, y menos que lo sustituyeran por la repetición de ‘El misterio de los centenarios’.

 

7.      La que no adula a su público ni le tiene por tonto. Con cara de tontos nos quedamos cuando el pasado sábado nos tuvimos que conformar con ver a Mariano Rajoy dando explicaciones sobre la trama de corrupción que acecha al PP a través de una pantalla, sin dar opción a que los periodistas que cubrían la comparecencia formularan preguntas.

 

8.      La que habla de amor en vez de hablar de sexo. ¡Pero si cada vez hay más escenas de contenido erótico-sexual en las series y programas! Y luego a mirar para otro lado cuando incumplen el horario de protección infantil.

 

9.      La que enseña modelos de concordia en vez de violencia. Siento decir que hasta los dibujos muestran ya escenas de alto contenido violento.

 

10.  La que presenta retos o sugiere aventuras en vez de hablar de catástrofes. Pocas veces recuerdo que me haya retado la televisión. En cambio, puestos a hablar de catástrofes… El terremoto que sacudió Lorca, el que hizo los mismos estragos en China, las incesantes guerras entre israelíes y palestinos… En fin, lo que sobran son siniestros.

 

11.  La que tiene una ética y, además,­ una ética positiva. La que propone actuar además de no hacer cosas equivocadas. Simplemente, la ética brilla ahora por su ausencia.

 

12.  La que informa y enseña. Este punto, a mi juicio, es el único que se salva.

 

13.  La gente que hace televisión debe ser divertida y tener humor. Como para tener humor con la que está cayendo. Además, parece que no necesitamos el humor porque, cada vez que se estrena un programa de estas características, apenas dura dos semanas en antena.

 

Con este panorama que os he presentado, ¿a alguien os queda ganas de convencerme de que la televisión de hoy en día es positiva? Prometo hacer un esfuerzo.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: