Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

Faltos de carcajadas

Ya no me sorprendo de nada. O de casi nada. Tampoco de que se me haya olvidado reír. Reír con la televisión, aquella amiga con la que, en tiempos que mi cerebro ya se ha encargado de borrar, compartía carcajadas y momentos de humor similares a los que mantienen los amigos cuando ya se han tomado una o varias copas de más. Razón no le falta a Campo Vidal, presidente de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión, cuando dice que hay peligro de provocar una crisis psicológica debido a la concatenación de noticias negativas en los medios de comunicación, entre los que se incluye aquella amiga con la que mi relación se está resintiendo por esta causa.

Los últimos siete días han sido especialmente duros. Para los telespectadores. No tanto para los imputados, dado que son superdotados en vergüenza. Nuevos casos de corrupción, que son nuestros entrantes diarios en la mesa; la trama de la columnista fantasma Amy Martin, los lamentables datos del paro, el fallecimiento de una monja, Sor María, que se ha llevado a la tumba la esperanza de muchas familias y la foto falsa de Chávez publicada en ‘El País’, que ha subido al ring de boxeo a Venezuela entera, como primeros y segundos platos y postre del menú, es lo que me provocó una indigestión al final de semana.

 

Para ésta no auguro nada mejor. Estoy convencida de que tampoco habrá carcajadas. Puede que nos salgan algunas, un tanto disipadas y con un toque de marcada contención por lo que pueda venir tras cualquier pausa publicitaria, pero jamás volverán a ser como las de antes. Aquéllas con las que nos terminaba doliendo el estómago y nos revolvíamos en el sofá hasta que nuestros ojos, llenos ya de lágrimas, nos decían: ‘Basta’.

 

Y si ahora se vuelve a dar una situación parecida es porque la televisión se encarga de abrir su baúl de los recuerdos para calmar, con ansiolítico y gotero incluido, nuestras ansias de risa. La última vez que abrió la nevera y casi nos morimos del empacho, a tenor de la falta de costumbre, fue cuando a finales de 2012 nos regaló el emotivo homenaje a Miguel Gila, humorista que apenas ha dejado discípulos de su talla.

 

Y como la gala funcionó, sin necesidad de enseñar ni pata ni teta y mucho menos de sacar a la luz intimidades de alcoba que nos sacan a todos los colores menos a los protagonistas –que se prestan a ello sin otro afán que el de engordar su cuenta bancaria–, mi querida amiga, con la que riño muchas veces por haberme privado de la risa, nos volvió a compensar con el programa especial ‘Cómo nos reímos’, en el que descubrimos la relación que existe entre el humor del más grande, a mi juicio, ya mencionado, el de ‘Martes y Trece’, ‘Faemino y Cansado’ y ‘Tip y Coll’. Aquí tampoco faltaron las carcajadas. ¡Ansiadas carcajadas!

 

¿Para cuándo las nuevas? No sois los únicos que os estáis haciendo esta pregunta. Yo ya se la hice a mi querida amiga, a la que da nombre a este blog, pero no me ha sabido contestar. Ni siquiera me ha dado una pista contundente que saciara mi preocupación, aunque me ha dejado caer algo de un tal José Mota que, al parecer, está a punto de regresar a la pequeña pantalla, de un tal Pablo Motos que seguirá reinventándose con su humor y el de sus hormigas, y de un tal Buenafuente que cualquiera de estos días nos puede dejar con la boca abierta. Pero de momento, nada de nada. Así que no nos queda otra que ingeniárnoslas por nuestra cuenta para conseguir ejercitar la sonrisa y que nuestra boca no se quede hierática como la que pone Risto Mejide cuando tiene que dar un veredicto. ¿Probamos?

                                                                                                                                                            

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