Silueta alfredo original

Curiosidades y Anécdotas de la Historia

Alfredo Rodríguez Blázquez

LA INQUISICIÓN Y SUS CONSECUENCIAS

La Inquisición española fue abolida por la Constitución de 1812 durante la guerra de la Independencia, pero el “deseado”, el rey Fernando VII, el monarca más vil de cuantos han ceñido la corona española, restableció al tribunal inquisitorial para utilizarle como policía política. Su última víctima, según se cuenta, fue un pobre hombre, maestro de escuela, llamado Cayetano Ripoll, que se negó a retractarse de no sé qué delito y fue ajusticiado en agosto del año 1826. Ocho años después, su viuda, la reina regente María Cristina abolió definitivamente el tribunal eclesiástico inquisitorial. Y uno de los plumillas de la época, Mariano José de Larra, escribió al respecto un epitafio que ha pasado a engrosar esas anécdotas de la historia que tanto gustan a algunos, entre los que me incluyo: “Aquí yace la Inquisición: murió la vejez”.


Se calcula que, en sus casi cuatro siglos de historia de la Inquisición, el santo tribunal español ejecutó a cerca de veinticinco mil reos, cifra inferior, según algunos historiadores, a la de otras inquisiciones europeas que actuaron durante mucho menos tiempo que la española. Pero, fíjense que curioso, nunca oímos hablar de la Inquisición en Alemania, Francia, Italia o Portugal. Parece que los potros de tormento y el espectáculo de quemar vivo a un reo solo se ha producido en España. Pero la explicación es evidente: En Europa los santos tribunales inquisitoriales fueron abolidos dos siglos antes que en España. En  fin… Los historiadores no se ponen de acuerdo muchas veces, pero algunos afirman que la Inquisición ha sido el causante del retraso científico y técnico de España respecto a Europa. Y se la damos carta de probable a este aserto, podemos entenderlo: a finales del siglo XV, España era, uno de los países más adelantados de Europa, pero un siglo después se marginó a sí misma de las corrientes del progreso, y ya nunca se reenganchó al mismo. Como ejemplos de dicha marginación y autocensura tenemos varios.


 Felipe II prohibió a los españoles estudiar en las universidades europeas y los inquisidores prohibieron la entrada de libros filosóficos y de pensamiento en España. Tantas trabas puso el santo tribunal al progreso, que, en 1523, el humanista español Luis Vives profetizó lo siguiente: “Ya nadie podrá cultivar las buenas letras en España sin que al punto se descubra en él un cúmulo de herejías… que hará imponer el silencio a los doctos”.


 Los intelectuales y los artistas españoles no podían expresarse libremente, mientras  sus colegas europeos vivían días de exaltación de todo lo humano y lo divino durante el Renacimiento.


 La revolución francesa y la ilustración divulgaban ideas libertarias que la Inquisición española se encargaba de perseguir, hasta el punto de examinar cualquier producto procedente de Francia, en busca de cualquier cosa que atentase contra la dignidad cristiana de la población.


Y así, explican algunos, el hábito inquisitorial ha llegado hasta nuestros días. Y es que vivir casi cuatrocientos años con el miedo a ser delatado, con el temor al qué dirán, ha hecho que el hábito inquisitorial siga presente en nuestras vidas, sobre todo si uno pertenece a lugares y vecindades pequeñas.

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