Silueta alfredo original

Curiosidades y Anécdotas de la Historia

Alfredo Rodríguez Blázquez

LA INFANTA ENANA Y PELUDA

Lean la descripción que Albert Savine, un biógrafo de la infanta Carlota Joaquina, hija de Carlos IV y María Luisa de Parma, hace de ella:
  

“Enana, parece ser que de resultas de una caída de caballo se le había acortado una cadera y cojeaba. Su busto era un misterio de la naturaleza, la cual se había entretenido en deformarla. Los ojos, pequeños y muy juntos. Su nariz, por la costumbre de la caza y de una vida al aire libre y errante, estaba casi siempre hinchada y roja como la de un suizo. Su boca, guarnecida de hileras de dientes negros. La piel, ruda y curtida, abundaba en granos, casi siempre en supuración. Los cabellos, negros e hirsutos, sin que pudiera domarlos cepillo, ni peine, ni pomada, semejaban crines”

 

Tras esta descripción, el biógrafo termina añadiendo que Carlota Joaquina “no estaba desprovista, sin embargo, de gracias y encantos”. Cuesta imaginarse, al leer la descripción que de ella hace, donde estaban las gracias y encantos, pero en fin…

 

Se casó con el príncipe Juan, el heredero del trono portugués, pero su vida privada se asemejaba, según dicen otros historiadores, a la de su madre María Luisa, subyugada por Godoy. Así se dice que su hijo Miguel, era el fruto de sus encuentros amorosos con un joven escudero, que a la vista de la descripción física de la infanta, debía tener ceguera o necesidades muy perentorias. De otra forma no se entiende

 

Cuando Napoleón dispuso la invasión de Portugal en 1807, la familia real portuguesa con Carlota Joaquina al frente, buscó refugio en Brasil. Desde allí, conocedora de las vergonzosas abdicaciones de su padre Carlos IV y su hermano Fernando VII en Bayona, en favor de  Bonaparte, la infanta española maquinó ofrecerse como regente de España y protectora de las colonias hispánicas en América. Toda una historia que merece un artículo aparte. 

 

Retirada o desterrada de la corte portuguesa por no querer jurar la carta magna, a la localidad de Sintra, siguió conspirando, intrigando y desafiando contra los liberales portugueses, y contra su propio marido, que estaba realmente loco, para poner en el trono a su malvado hijo Miguel, y así restituir el absolutismo.

 

En su retiro, a veces se la oía canturrear en castellano una coplilla castellana, que se supone debió de aprender de niña por boca de alguna gitana:
                                 “En porfías soy manchega
                                  y en malicias soy gitana.
                                  Mis intentos y mis planes
                                  no se me quitan del alma”
 

Murió, cuando sus intrigan entronizaron a su querido hijo Miguel en el trono portugués, convencida de que el absolutismo reinaría ya para siempre en Portugal y alguien escribió la siguiente misiva, al conocer su fallecimiento: “La muerte de la vieja reina no es un acontecimiento desgraciado. Los pobres portugueses, en realidad, deberían dar gracias a Dios”.

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