Silueta alfredo original

Curiosidades y Anécdotas de la Historia

Alfredo Rodríguez Blázquez

El cerdo como unidad de medida

Los testimonios documentados sobre el cerdo, a partir del siglo X, hablan de un impresionante número de animales reunidos en grandes piaras. En algunos de ellos, como el encontrado entre los legajos del monasterio bresciano de Giulia, se dice que los monjes que regentaban el mismo recibían 400 cerdos de los habitantes del bosque de Migliarina, cerca de Capri, como pago del diezmo acordado. Al ser el diezmo una décima parte, podemos concluir que en aquel bosque había 4000 unidades. Esto da una idea de la cantidad de animales que existían en la época.

 

En la península ibérica, donde ni los musulmanes -para quienes es un animal impuro- pudieron sustraerse a sus “encantos”, había cerdos tanto en Andalucía como en los reinos cristianos. La popularidad de este animal hizo que se le denominase de múltiples formas: cerdo, cochino, marrano, gorrino, puerco, guarro, chancho, gocho, con, o cocho, dependiendo del lugar.

 

Su importancia para la economía y la alimentación era tal que en algunos edictos se establecía un severo castigo para quien se atreviera a robarlo o matarlo. El gran verraco, el macho mayor y más fuerte, era el jefe de la piara. Los demás cerdos y cerdas le seguían y muchas veces llevaba al cuello una campanilla que hiciese notar su presencia a los demás cerdos.

 

Su importancia era tal que si desaparecía el verraco se producía la anarquía en la piara, y no era fácil recuperar la tranquilidad entre cientos de animales en lucha para designar al nuevo jefe. A veces, era una gruesa cerda quien mandaba la piara: era la llamada ducaria y ejercía las mismas funciones que el verraco.

 

Su crianza se desarrollaba en los bosques de encinares, los cuales eran considerados suelo productivo lo mismo que un campo cultivable. De ahí la importancia comercial de dichos bosques. En la terminología de la época solía hablarse de “bosques para engordar cerdos” para denominar a los encinares y, por el contrario, de “bosques infructuosos” para los bosques con árboles de las demás especies.

 

La dedicación de estos encinares a la cría de cerdos permitió establecer una medida basada en el número de animales que podía alimentarse en un espacio determinado. Así, cuando un notario o administrador territorial tenía que indicar la extensión de un bosque, escribía que éste era, por ejemplo, “de cien cerdos”. Con esta información, los historiadores han tratado de calcular la extensión de algunos bosques pero, a falta de un acuerdo sobre unidades de medida, los cálculos necesariamente divergen: algunos piensan que media hectárea era suficiente para nutrir a un animal, mientras que otros sostienen que es necesario incluso más del doble.

 

Sea como fuere, la realidad es que el cerdo siempre estuvo, está y estará tanto en la mesa del pobre como en la del rey. 

Comentarios

Javi Podemos 03/03/2015 20:24 #1
Del cerdo hasta los andares! Además es un animal muy noble, hasta que punto que cuando nos comemos unos huevos fritos con chorizo, la gallina simplemente colabora sin embargo el cerdo se compromete e implica pero bien.

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