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Fernando Rodríguez López
Blog de Fernando Rodríguez López.

El enemigo común

Imagine que va conduciendo su coche por una carretera aislada, sin tráfico. No tiene móvil, o mejor, para que sea más creíble, sí tiene pero se ha quedado sin batería. Desde hace un rato lleva viendo señales que dicen “Precaución, está entrando en un área sin gasolineras” y, después de unas cuantas, otra con “Ésta de aquí es la última gasolinera en 100 km”. El indicador dice que el depósito de su coche está medio lleno, o medio vacío según se mire, y usted decide seguir adelante sin repostar, que malo ha de ser.
Después... lo típico, ya se sabe: carretera de montaña con muchas rampas, pone el aire acondicionado porque hace calor, se para a descansar con el motor en marcha (porque hace calor), se pierde en un par de cruces y… se queda sin gasolina. La noche cae, el coche ha quedado parado en la cuneta, aúllan los lobos y desde el bosque cercano llegan ruidos de pisadas que se acercan... Si lo quiere con música, imagínese la de “El hombre y la Tierra” (si tiene menos de 20 años y no la conoce, no se preocupe; seguro que en unas semanas TVE nos la vuelve a poner en prime time, a continuación de Curro Jiménez). Y entonces surge la pregunta, la gran pregunta: ¿quién es culpable de la situación?

a) El fabricante del coche, por no ponerle un depósito más grande.

b) El fabricante del móvil, por no hacer baterías que duren más.

c) Tráfico, por no informarle más veces de que no había gasolineras.

d) Repsol, por no poner más gasolineras.

e) Usted, usted y sólo usted.

Si su respuesta es alguna entre la a) y la d) esto va mal, especialmente porque la próxima vez que esté en la misma situación se volverá a quedar sin gasolina. Ya sabe, el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra (hoy la cosa va de clásicos de TVE). Para que no vuelva a suceder es necesario comenzar reconociendo que el problema se debe a su comportamiento irresponsable. Había que repostar, y no lo hizo. Con un depósito más grande, con móvil, con más señales o con más gasolineras el problema se evitará en algún caso, pero si no cambia su comportamiento tarde o temprano se volverá a quedar sin gasolina. Es así, ¿verdad?

Si está de acuerdo con ello, le parecerá como a mí que una de las noticias económicas más significativas de la semana se produjo hace unos días, cuando el ministro de Asuntos Exteriores, García-Margallo, dijo que necesitamos otro Banco Central Europeo (al actual lo llamó “banco clandestino”), uno que haga algo “para parar el incendio de la deuda pública”. Y no es que no tenga parte de razón, a lo mejor hasta es verdad. Lo significativo, a la par que preocupante, es que de repente se comience a focalizar la crisis y sus causas en la falta de acción del BCE. Por supuesto que el BCE puede aliviar la crisis de deuda de España, porque puede comprar directa o indirectamente títulos españoles y abaratar nuestra financiación. PERO hay que tener bien presente que a) la falta de acción del BCE no es la causa de la crisis de la deuda, y b) si el BCE actúa “comprando” deuda española seguiremos teniendo un serio problema de déficit público, aunque en este caso enmascarado por unos tipos de interés artificialmente bajos.

Sobre el primer punto, la crisis de la deuda se ha producido porque el mercado no se termina de creer (y cada vez menos) que España sea capaz de devolver los préstamos que está pidiendo para recapitalizar el sistema financiero y sanear las cuentas de las Comunidades Autónomas. Podríamos decir que el sistema financiero ya tiene su hoja de ruta, pero las cuentas de las Comunidades son otro cantar. Sobre el segundo punto, el problema del déficit público seguirá si no se cambian las estructuras que lo generan, entre ellas el gasto público inútil o redundante entre administraciones. Como en definitiva ambos puntos convergen, se va consensuando en la sociedad la idea de que los principales ahorros deben provenir de reformas en el modelo autonómico.

Y por eso es precisamente por lo que sorprende el “giro” del Gobierno, en boca de García-Margallo. El Gobierno debe tener informes, conocer estudios, leer las noticias, ver la televisión, hablar con la gente, leer los blogs (aunque no sea éste)… De hecho, hasta hace un par de semanas declaraban abiertamente que la falta de control en el gasto de las Comunidades Autónomas era una de las causas del déficit. Entonces, ¿cuál puede ser el origen de este “giro”, tras el cual el Gobierno ha pasado a responsabilizar al BCE de nuestros males (curiosamente, igual que hizo en su momento el Gobierno socialista)?

Miedo me da sugerir el más obvio: que una cosa es decir que hay que controlar el gasto autonómico y otra muy diferente convencer a compañeros de partido de que hay que empezar a desmontar andamios. Extremadura y Castilla y León, gobernadas por el Partido Popular, ya se abstuvieron hace unos días en una votación que proponía el Gobierno fijando objetivos de déficit. Si se continúa en la misma línea, ¿sería mucha sorpresa si en unas semanas comenzaran a alzarse voces dentro del Partido Popular, quizá algún alcalde o algún presidente autonómico, diciendo que quizá hayamos ido demasiado lejos con los recortes y que es necesario replantearse la política de ajustes, todo ello por supuesto por el bien de mantener nuestro modelo de bienestar?

Ante este riesgo, mejor buscar enemigos fuera, ¿no?

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