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Fernando Rodríguez López
Blog de Fernando Rodríguez López.

El déficit público y el cine de catástrofes

El próximo éxito del cine de catástrofes será una película española, y tendrá como tema central el déficit público. He tenido ocasión de asistir al preview, y puedo avanzar que la película promete. La protagonista es una periodista de televisión a la que encargan hacer un reportaje en una planta de procesamiento de déficit público; en cierto modo nos recuerda a €œEl Síndrome de China€.

En una de las primeras escenas el director de la planta explica a la periodista que el déficit público se genera cuando las administraciones públicas (Gobierno central, Comunidades Autónomas y Ayuntamientos) gastan más dinero del que ingresan recaudando impuestos, lo que obliga a endeudarse emitiendo y vendiendo títulos de deuda pública (Letras, Bonos y Obligaciones) en los mercados para poder cubrir la diferencia, tarea que corresponde a la planta de procesamiento de déficit. El director se esfuerza en explicar cuán necesaria es su misión: si no se emitieran títulos de deuda, no sería posible financiar la sanidad, las infraestructuras, los servicios básicos€Ś Otra posibilidad sería subir los impuestos, explica, pero la cantidad recaudada no aumenta tanto como parece porque los ciudadanos en estos casos deciden consumir menos (y además, se enfadan).

- ÂżY si se redujera el gasto público? -pregunta entonces la periodista-. Quizá no sea necesario construir aeropuertos y obras megalómanas que luego no van a tener uso€Ś ni mantener 17 sistemas diferentes para gestionar los servicios públicos, cuando en muchos casos la integración en unidades de más tamaño generaría ahorros de escala€Ś ni seguir costeando las pérdidas de algunas de las más de 4.000 empresas públicas que funcionan en el país€Ś

- Sin duda, pero es más grave aún -contesta el director-. La economía evoluciona de forma cíclica, con alternancia de períodos de recesión y de crecimiento. En los períodos de recesión la economía se ralentiza, se recauda menos en impuestos y se gasta más en subsidios de desempleo, así que es natural que haya déficit. Pero ese déficit tendría que compensarse con superávit en los períodos de crecimiento, cuando la recaudación de impuestos aumenta y se reducen los pagos a desempleados. Si no se aprovechan los períodos de crecimiento para ahorrar o, lo que es peor, si se mantiene el déficit público incluso cuando la economía crece, la deuda pública engorda cual bola de nieve en diciembre rodando ladera abajo.

- Si todo el problema es que no hay dinero, Âżpor qué no utilizamos las máquinas de imprimir billetes para cubrir la diferencia entre ingresos y gastos?

- Hasta hace unos años a veces lo hacíamos así. Pero no es tan buena idea. Si se imprimen demasiados billetes y se ponen en circulación, el dinero tiene menos valor y los precios suben, así que al final el déficit lo acaban pagando los ciudadanos en su cesta de la compra. De todas formas, desde que usamos el euro y las máquinas de imprimir billetes están en el Banco Central Europeo esta opción ya no es posible. La única alternativa es vender títulos de deuda en los mercados€Ś por el momento, claro está €“añade misteriosamente-.

La conversación se desarrolla de forma desenfadada mientras director y periodista pasean por la planta. De repente, aparece en escena el ayudante del director. Está nervioso, sudando, la cara desencajada. Se reclama la atención del director en la sala de control. La periodista les sigue hasta la entrada en la zona restringida, en la que domina una luz roja parpadeante, y se queda mirando detrás de un grueso cristal.

El director está de pie, pensativo, delante de una gran pared blanca, casi vacía salvo por tres grandes indicadores en el centro, en forma de reloj, cada uno con su correspondiente aguja en su correspondiente zona roja. Sobre el primero, una inscripción en la que se puede leer €œComunidades Autónomas€; la periodista recuerda en voz en off que en 2011 han sido responsables (es decir, irresponsables) de más del 65 % de la desviación del déficit público.

Sobre el segundo, un rótulo que dice €œSector Financiero€; también en off se recuerda al espectador un Decreto-Ley del mes de febrero (http://www.boe.es/boe/dias/2012/02/04/pdfs/BOE-A-2012-1674.pdf) por el que, para disminuir la incertidumbre, las entidades de crédito deben aumentar sus provisiones por riesgo en activos inmobiliarios, en algunos casos hasta llegar al 60 % del valor de tasación. Si no encuentran recursos para hacerlo, es posible que el Estado tenga que destinar fondos adicionales para sanear el sector. Significaría más déficit. Sobre el tercer reloj, de estilo más sobrio y clásico, la inscripción €œPaciencia ciudadana€, en zona roja-violeta debido sin duda a los más de 5,5 millones de parados, los copagos, los aumentos de impuestos llegados y por llegar y, sobre todo, las grises expectativas para el futuro inmediato.

La periodista se da cuenta entonces de que, en la parte alta de la habitación, hay otro indicador, también en forma de reloj, bajo un rótulo que dice €œPrima de riesgo€, es decir, el sobreprecio que los mercados piden como compensación del riesgo que tiene comprar títulos de deuda españoles frente a comprar títulos de deuda alemanes. La aguja marca 410, y eso quiere decir que los mercados piden a los títulos españoles que paguen 4,1 % más en intereses (4,1 puntos porcentuales más) que los alemanes. Y si no, no compran. Mediante una rápida sucesión de planos el espectador comprende que los relojes €œComunidades Autónomas€, €œSector Financiero€ y €œPaciencia ciudadana€ determinan lo que pasa en €œPrima de riesgo€.

La música recuerda a la de Psicosis, y ayuda bastante a producir un efecto de desasosiego.

Finalmente, de forma un tanto acelerada, se ve al director agachado, enfrente de una maraña de cables de distintos colores. Con su mano temblorosa selecciona un cable rojo, uno amarillo y uno azul, aunque la luz roja parpadeante no permite ver claramente cuál es cuál. El ayudante saca unos alicates y se los pasa al director, quien los acerca al cable rojo, al azul, al amarillo, nuevamente al rojo€Ś Entonces la música para y, aprovechando un plano contrapicado, encuadrado en la cara del director, suena un seco €œclic€ mientras se oye de fondo al ayudante gritar €œnooooooooooooooooooooo€...

Siguen los títulos de crédito. Claramente, el final queda abierto para hacer una segunda parte.

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