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Fernando Rodríguez López
Blog de Fernando Rodríguez López.

Déficit público, cortando cables

Se veía venir. Tras el éxito de la primera película (véase la entrada anterior de este blog), el equipo se ha animado y ha sacado una segunda parte. Para mantener el interés ha habido que complicar un poco la trama y meter nuevos personajes. En concreto, nada más y nada menos que cinco en papeles principales, curiosamente todos ellos como asesores económicos.

Recordemos la situación: crisis en la planta de procesamiento de déficit público, con la prima de riesgo en zona roja. El director se dirige, acompañado por su ayudante de confianza, al cuadro de mandos. €œEsto va mal. Algún cable hay que cortar€, dice en voz alta mientras blande los alicates. Hay voces alrededor. Encuentra cinco cables, porque detrás del rojo, el azul y el amarillo que se veían inicialmente aparecen ahora uno verde y uno negro. Plano contrapicado del director de la planta, que ahora se aprovecha para mostrar que está rodeado por cinco asesores económicos. €œAlgún cable hay que cortar€, repite en voz alta, €œY rápido, Âżpero cuál?€.

- Corte el cable negro, señor -escucha decir a uno de los asesores. Con un cierto acento griego, podría decirse.

- ÂżCómo? ÂżPor qué? ÂżQué pasará si corto el cable negro?

- Esta situación se ha producido por haber entrado en el euro, sólo se solucionará saliendo del euro y pasando a una nueva moneda, €œel pesote€ si me permite la sugerencia. A grandes males, grandes remedios. Todas las deudas, incluyendo la deuda pública, se redenominarán en pesotes. Como las imprentas de pesotes será nuestras, podremos imprimir todos los billones de pesotes que necesitemos para pagar deudas y saldar la deuda pública. No problemo.

Entonces escucha a su ayudante susurrar discretamente:

- No es una buena idea, no lo haga. El pesote se devaluará un montón nada más nacer. La cesta de la compra pasará a valer el doble, o el triple, o diez veces más€Ś la economía se paralizará durante un buen tiempo€Ś nuestras empresas se venderán a inversores extranjeros por dos pesetas, digo pesotes€Ś Haga lo que haga, mejor no corte el cable negro.

- Corte el cable azul €“ dice otro asesor, con acento de Estados Unidos, como de Minnesota-, el del respaldo al sistema financiero. Al hacerlo, estará diciendo a los mercados que el presupuesto público no se va a utilizar para sostener ningún banco, y así el riesgo del sistema financiero no se trasladará a la prima de riesgo. Que sean los bancos quienes apechuguen con el riesgo que hayan asumido, peor para ellos si se hunden.

- Tampoco es una buena idea €“vuelve a susurrar el ayudante-. Si dejamos caer un banco también estaremos diciendo a los ciudadanos que no vamos a sostener a los demás bancos si tienen problemas€Ś que quizá en algún momento también decidamos no garantizar los ahorros€Ś Y además, es posible que originemos una reacción en cadena si existen vínculos con los activos de otros bancos€Ś el sistema financiero puede colapsar€Ś y con él, la actividad económica€Ś

- Ni el negro ni el azul. Corte el cable rojo €“indica el tercer asesor, esta vez con acento puramente español-. Hay que cambiar el artículo 123 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea y autorizar al Banco Central Europeo a comprar directamente títulos de deuda pública de países en dificultades, como España, Italia, Portugal o Grecia. A fin de cuentas, la Reserva Federal de Estados Unidos lo hace continuamente €“con Estados Unidos, claro-, y no les va tan mal.

- Podría valer, pero tenga en cuenta que tiene sus problemas €“apostilla discretamente el ayudante-. Tendríamos el mismo problema de inflación que si nos pasáramos al pesote aunque, eso sí, mucho menos severo al diluirse los efectos entre todos los países del euro€Ś No lo descarte, aunque lógicamente haría falta un acuerdo con los demás países de la Unión Europea€Ś

- Disculpe. ÂżPodría sugerirle que cortara mejor el cable verde? €“añade el cuarto asesor, con acento francés-. El problema de la prima de riesgo se produce porque cada país emite su propia deuda pública, así que los mercados comparan la situación en cada uno de los países e imponen mayor coste a los económicamente más vulnerables. ÂżPor qué no emitir deuda conjunta, garantizada por todos los países, y luego repartir los fondos obtenidos en función de las necesidades de financiación? Si me permite un nombre para este instrumento€Ś podría sugerirle€Ś Âżqué le parece €œEurobonos€?

- Es una idea excelente para nosotros €“susurra el ayudante-, pero antes de que se emocione, señor director, le hago notar que nuestros alicates no cortan el cable verde. De hecho, sólo lo cortan unos alicates especiales que tiene Alemania. Se los podemos volver a pedir, una vez más, pero siempre nos los deniegan. Ellos dicen que es posible que los eurobonos disminuyan el coste de nuestra deuda, pero que a la vez aumentarán el coste de la suya, y que no están muy contentos con ese resultado. No contentos, no alicates.

- ÂżY qué le parece cortar de una vez el cable amarillo? €“dice entonces el quinto asesor, en realidad asesora, con un acento que extrañamente suena mitad alemán y mitad de Washington-. Equilibren el presupuesto, eliminen gastos innecesarios o duplicados, ayuden al saneamiento del sector financiero, consigan que los ciudadanos vean recompensado su esfuerzo, construyan una economía que sea capaz de crecer sin lastres, rémoras ni sanguijuelas... El ajuste será doloroso, pero la economía resultante será más sólida y el sector público no tendrá tanta necesidad de acudir al endeudamiento. A la larga, merecerá la pena.

El director se vuelve buscando consejo de su ayudante, pero no le encuentra. €œDónde se habrá metido en un momento tan importante€, piensa, €œnunca está cuando se le necesita€, y está a punto de llamarle a voces cuando, de pronto, su cara se paraliza por el terror, porque allí, en medio de la sala, en el hueco que queda detrás de los asesores, iluminado de forma intermitente por la luz roja de alarma€Ś yace tendido el cuerpo del ayudante cual largo es. ÂżInfarto? ÂżAsesinato?... ÂżLipotimia?

Siguen los títulos de crédito.

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