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Fernando Rodríguez López
Blog de Fernando Rodríguez López.

A la deriva

Parece que no va a terminar del todo bien este verano. Y lo malo es que, tras varios meses de reformas, de recortes, de suspense, de protestas, de idas y venidas de la prima de riesgo, de tembleque y sudor frío esperando las noticias después de los consejos de ministros, los ciudadanos españoles cada vez tenemos más la impresión de que, cuando menos, el rumbo que lleva el país es un tanto difuso, como si se guiara por el oído en medio de un campo de minas.

Claramente el Gobierno se ha visto superado por la situación. Es difícil saber exactamente cuál sería el plan que el Partido Popular pensaba seguir cuando ganó las elecciones para contener la prima de riesgo, pero visto lo visto parece que la mayoría de las opciones pasaban por convencer a Alemania de que España iba a hacer los deberes, empleando la legitimación de los resultados electorales para introducir reformas poco populares (perdón por el juego de palabras), incluso contrarias a sus promesas anteriores (subir impuestos), para después, entre todos, convencer al Banco Central Europeo de que comprara directa o indirectamente deuda pública española.

Pero la apuesta no ha salido bien. El presidente del BCE, Mario Draghi, dijo el 2 de agosto que comprar deuda española debilitaría al euro (y lo malo es que no le falta razón), así que no pensaba hacerlo mientras España no pidiera el rescate. Dado que las reformas económicas no pueden sacarnos de la crisis a corto plazo (más bien meternos un poco más dentro), resulta que precisamente el rescate es la única alternativa que nos queda. Snif.

Así las cosas, como a nadie le gusta reconocer los fracasos, hace unos días el ministro de Guindos volvió a pedir al BCE que comprara deuda española (Âżno leyó el periódico del 3 de agosto?). Supongo que será para, dentro de unos días, sorprenderse de que el BCE no le haga caso y tener así a alguien a quien echar la culpa de la desgracia del rescate. Ya habíamos pasado por este trance, así que la intervención del ministro de Guindos debe de ser entonces para refrescarnos la memoria, se puede entender.

En realidad, lo grave de todo esto es, más bien, lo que el Gobierno no dice. O más bien, que no diga nada más. ÂżSe han agotado ya todas las ideas económicas? ÂżNo quedan ya más reformas por hacer? ÂżHemos llegado ya al momento de la improvisación, a la espera del rescate? ÂżVamos a salir de la crisis sin hacer más, como con los catarros? Hay varios ejemplos en esa línea de dudas e improvisaciones encima de la mesa: ayuda-no ayuda de 400 euros a parados sin prestación, primas-no primas a las energías renovables (con debate abierto incluido entre los ministros Soria y Montoro), impuesto-no impuesto sobre la energía, banco malo-no banco malo€Ś por no hablar del tema estrella: reforma de la Administración Pública y revisión de las competencias de Estado, Comunidades, Diputaciones y Ayuntamientos para eliminar gastos improductivos y duplicidades.

Y todo ello en una época en la que la crisis todavía no ha tocado fondo y a unas semanas de que la contestación social pase a ser protagonista, con concentraciones y manifestaciones convocadas en número creciente a lo largo, ancho y alto del país. Esperemos que el €œefecto Draghi€ no haya dejado al Gobierno noqueado, porque como siga la falta de timón en estos momentos podemos estar a las puertas del auténtico pánico.

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