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Con la verdad por delante

Gabriel De la Mora
Blog de Gabriel de la Mora en Tribuna de Salamanca.

Salamanca, Cataluña y España y los nuevos pactos constitucionales (II)

Los nuevos pactos constitucionales que deberán llegar, bajo una y/o varias asambleas constituyentes, deben blindar los derechos  universales, ya reconocidos como fundamentales por la población de este país...

Los nuevos pactos constitucionales que deberán llegar, bajo una y/o varias asambleas constituyentes, deben blindar los derechos  universales, ya reconocidos como fundamentales por la población de este país, como el derecho a la participación política directa, la salud, las pensiones o la vivienda; pero también deben atajar la cuestión territorial, al menos por una temporada, y en especial mejorar el modelo de democracia en la que supuestamente nos encontramos, pero en la que no participamos, pues hay que recordar que quien gana las elecciones es la abstención y que esto es más un autoritarismo electoral que no una democracia participativa; y donde ya no se sabe donde acaba el poder ejecutivo, que invade al judicial y al legislativo, el cual ha sufrido en estos años los peores legisladores de la historia de este país y que ademś se han visto atados a la cúpula del partido.

 

Por otro lado, el modelo autonómico, del café para todos, ha resultado un fracaso, generando una multiplicación de administraciones y elites políticas competidoras por ser igual que las otras y que lógicamente ahora se resisten a bajar del burro y reconocer su parte de culpa en toda esta crisis política general en la que vivimos. Ejemplo clamoroso serán esos mismos presidentes autonómicos que pedirán la suspensión de la autonomía de Catalunya al mismo parlamento que, in extremis, les concedió la suya por pura gracia política de la elite del partido del momento; es comprensible, se piensa el ladrón que todos son de su condición. ¿Es que no entienden que decidir la suspensión de la autonomía de las instituciones catalanas es sinónimo de facilitar la ruptura, porque Catalunya no es Murcia, ni Segovia, ni La Rioja?

 

Hay que repensar un nuevo modelo territorial, donde el Senado necesitará un repaso, mucho más complejo del que Ciudadanos propone, y en el que quizá se deberían eliminar algunas regiones, así como gran parte de las diputaciones, empezando por las del antiguo reino de Aragón (Cataluña, Valencia, Aragón y Baleares) y siguiendo por las de Galicia y Andalucía; pero quizá reforzando algunas castellanas, eso sí, modificando radicalmente su actual organización, de tipo clientelar entre los municipios y los diputados de la institución, que sólo representan a municipios y cuyo único fin es obtener prebendas económicas.

 

El municipalismo y las naciones históricas deberán salir reforzadas, contando con la financiación suficiente para redistribuir la riqueza de mejor modo que actualmente. Nuestra sanidad y seguridad social pública, orgullo nacional, deberán mantenerse estatales, no cabe duda, pues su carácter universal y coactivo es el que permite justicia social, gran eficiencia y reducción de costos, aunque es necesaria su reforma, mediante el reforzamiento de la labor preventiva y los centros de salud de barrio. Especialmente deberemos dejar la semántica a un lado, y pensar que en democracia todo se conviene y casi todo son convencionalismos. España inventó el sistema autonómico, lo ha exportado a otros países y creo sinceramente que en este periplo se ha podido mejorar, ahí están los planteamientos indigenistas, de respeto y autonomías diversas en las tierras comunitarias.

 

En este lado castellano deberemos superar resabidas cantinelas, que nada aportan, por viejas. Se sigue citando a Ortega y a Azaña, servidor incluido, sin que unos y otros seguidores se den cuenta de las nuevas cuestiones. Ambos pensadores estaban de acuerdo en votar a favor del Estatut de Autonomía de la Segunda República, sin embargo, para el primero sólo era un acuerdo que permitiría conllevar al insaciable nacionalismo identitario e irracional; para el segundo, racionalista convencido, la cuestión quedaría zanjada por unos años, sin miedo a que se reabriera, pues en eso debía consistir una democracia saludable; y sobre esos parámetros parecen mantenerse los discursos en estas tierras.

 

No cabe duda que ambos tenían cierta razón en sus planteamientos, y que ambos consiguieron lograr un consenso básico entorno al sistema autonómico originario de la segunda república, invento español para el resto del mundo. Sin embargo, no tuvieron en cuenta lo que hoy es una realidad: la existencia de ciertos derechos comunitarios, que nos han enseñado los pueblos del Sur, a los que maltratamos mediante la colonia; las ansias de profundización democrática tras un modelo de democracia representativa agotado y; en especial, que el Estado ya no es el que era, soberano y todopoderoso: la globalización.

 

Las organizaciones internacionales, con sus tratados y memorandums de entendimiento, y las empresas multinacionales, condicionan de tal modo las políticas, antes competencia exclusiva de los Estados, que nuestra visión tradicional de cómo estructurar política y administrativamente una comunidad debe cambiar radicalmente.

 

Las soluciones a la globalización algunos las ven por arriba, fortaleciendo los lazos políticos que nos unen con nuestros socios europeos, otorgando más competencias de tipo fiscal y de redistribución a la Unión Europea, para así corregir, por ejemplo, las distorsiones que provoca actualmente la unión monetaria, que nos ha llevado a depreciar nuestros salarios, recortar nuestros derechos y reducir nuestra calidad de vida por la fuerza, la de la ley y la de la policía, al tiempo que se han recortado las libertades públicas, necesarias para oponerse a tales políticas.

 

De igual modo, una Unión Europea más poderosa dicen podría armonizar legislaciones y luchar contra las presiones a los Estados miembros de las grandes corporaciones, como así se ha producido contra Microsoft o Google, en los últimos tiempos, o contra los fondos de inversión que han jugado con nuestra deuda pública, como si de melones del mercado de San Justo se tratara.

 

Pero no somos mercancías en manos de políticos y banqueros y no nos representan, hay que recordarlo, la Europa de mercaderes nos la ha jugado. Quienes piensan “por arriba” se olvidan de la dificultad de control de los burócratas y elites políticas que pueblan las instituciones supranacionales y su fácil corrompimiento por el dinero y la influencia de los grandes lobbies, dirigiendo las grandes políticas, siendo evidente la dificultad  para las personas, movimientos, organizaciones sociales y sindicales de organizarse y coordinarse para hacer frente a estos poderosos enemigos, dedicados a la cooptación de las políticas europeas.

 

Es por ello que las soluciones localistas, “por abajo”, tienen cada vez mayor auge, como soluciones políticas que tampoco son nacionalistas y que permiten mayor autonomía de decisión de las personas, mayor y mejor democracia, un crecimiento sustentable de la riqueza, no solo medida en euros, si no en dignidad, derechos y calidad de vida, posibilitando además revertir la crisis ecológica a la que asistimos.

 

Estas soluciones municipalistas, que creo tener la suficiente dignidad para representar en esta tierra, si acaso eso es posible, no son además incompatibles con la constitución consensuada de otras entidades administrativas y políticas de ámbito superior, siempre y cuando éstas atiendan a principios básicos como la separación y división de poderes, la elección directa de representantes, rendición, control y máxima transparencia y en especial su total orientación a la protección, respeto y promoción de los derechos fundamentales, todos, no sólo unos pocos y de libre elección.

 

 

 

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