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Con la verdad por delante

Gabriel De la Mora
Blog de Gabriel de la Mora en Tribuna de Salamanca.

Desencuentros, estrategias electorales y cambios políticos

El último acto del teatro ha finalizado. El acuerdo entre socialistas y ciudadanos no es un pacto para gobernar, si no una pinza electoral para trasladar la responsabilidad de las nuevas elecciones a sus rivales políticos. Mientras, el PP sigue fuera de juego y cerrado en banda; la izquierda, con lógica razón, se niega a aprobar un programa social-liberal en el que no han participado y que está diseñado a la medida de los grandes poderes económicos, impidiendo realizar los cambios estructurales que el país requiere con urgencia.  

El programa económico de Cs, que el PSOE ha aceptado acríticamente, apuesta por la ortodoxia macroeconómica neoliberal según el BCE, el FMI y la Unión Europea; en la que Alemania y los países del norte someten a los países del sur a las políticas de austeridad que las propias instituciones internacionales ya empiezan a cuestionar, por lastrar la economía, el empleo y generar más desigualdad, dejando por el camino a millones de personas, entre ellos a los refugiados, demostrando hasta qué punto la idea de la Europa de la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los pueblos se encuentra en un punto muerto.

 

El PP es el más cercano ideológicamente al pacto, tal como querían los barones del PSOE y el propio partido de Rivera, al colocarle en el centro del triángulo. No obstante, probablemente para los naranjas el PP no debería más que cambiar de líder, renovar sus cúpulas y así posibilitar el cambio de novia, o al menos de amante, quizá en un par de años. Entre las dificultades de encuentro con los populares, y que ellos mismos han querido visibilizar estos días, ha sido la supresión de las Diputaciones, lo que probablemente se arreglaría dejando libertad a cada región para establecer el régimen local territorial más adaptado a sus características.

 

La gran coalición, en cualquiera de sus formas y liderazgos, serviría para contentar a las oligarquías económicas y financieras, pero sin embargo acabaría con el PSOE tal como lo conocemos, por lo que no parece que los socialistas estén muy por la labor, tampoco Rajoy, que se vería fuera, de una vez por todas. Las promesas de recuperación de derechos civiles y sociales que se proclaman requieren presupuesto y voluntad, pero todo ello se encuentra limitado por el marco macroeconómico acordado y la ambigüedad de Cs en la derogación de las reformas del PP. No se verían grandes cambios, el PSOE habría engañado nuevamente a sus votantes y a la socialdemocracia, dejando el paso libre a PODEMOS, como líder de la oposición y única alternativa de gobierno, como agente real de cambio y transformación.

 

El gobierno de las fuerzas del cambio, la segunda opción propuesta, se encontraría en manos del PSOE, que debería apartar sus miedos a los poderes económicos y liderar el proceso de cambio de políticas, logrando convencer a la izquierda, al menos a PODEMOS, de la realidad de las propuestas más sociales, lo que no parece que sea suficiente si acaso no hay entrada en el gobierno de otros partidos y si, al menos, no se renuncia al marco macroeconómico austericida, dejando abierta, además, la posibilidad de consultas populares sobre la cuestión territorial, al menos en Cataluña y País Vasco, lo que favorecería la abstención de los nacionalistas.

 

Sin embargo, quizá el mayor problema se encuentre en  las reformas estructurales que requieren modificaciones constitucionales de calado y donde el PP juega con el bloqueo en el Senado, que ahora demuestra cuál es su razón de ser, después de décadas de cementerio de elefantes, despilfarro e inutilidad. El PSOE reniega de consultas populares en Cataluña y habla ahora del blindaje de los derechos sociales como si fuera una realidad pactada, pero nadie le cree, menos aún a Ciudadanos sobre este punto, que tan rápidamente lo ha eliminado de su discurso, claramente liberal, donde la igualdad de oportunidades se conseguiría únicamente a través de educación e integración en un mundo laboral dominado por la empresa capitalista, libre de interferencias estatales o comunitarias; nada nuevo en el horizonte: derecha liberal europea, sometida a la financiación y dictado de las grandes corporaciones multinacionales, sin ningún tipo de moral ni ética, que al menos sí constriñe, a veces, a los conservadores.

 

La tercera y final opción, que Mariano Rajoy ha dado comienzo en Salamanca, y que quizá PODEMOS y el PSOE juegan desde el primer día, son las nuevas elecciones. La misma noche electoral los de Pablo Iglesias entendieron que la repetición electoral les sería favorable, estableciendo firmemente las líneas estratégicas fundamentales del programa de máximos para pactar y formar gobierno. Poco se han movido hasta la fecha. El PSOE y Cs han querido retrasar la cuestión, al albur de las encuestas, entendiendo que la repetición no les beneficiaba entonces; con su acuerdo quieren colocarse en la parrilla de salida en mejor lugar del que estaban tras el 20D y convencer a la gente que han sido los más responsables, pariendo un acuerdo programático de investidura que, sin embargo, tiene la trampa que el portavoz del PNV, sin duda el mejor en el Congreso, explicitó claramente: demasiado extenso para ser negociado con otros, lo que supone claramente excluir al resto de partidos, como el suyo. No es un pacto para gobernar, si no una mera pinza electoral para trasladar la responsabilidad de la nueva convocatoria electoral al PP, de lo que se encargaría Ciudadanos, y a PODEMOS, de lo que públicamente daría cuenta el PSOE; quizá los firmantes deberían presentarse a las elecciones en coalición, lo que creo que sería una estrategia maestra, que les colocaría en el centro político que tanto les gusta, representando simbólicamente el consenso y el gobierno de la nueva transición que supuestamente proclaman.

 

Por otro lado, y desde la privilegiada barrera que supone la falta de militancia en partido político alguno, y como representante de una iniciativa municipalista de cambio en el Ayuntamiento de Salamanca, el acuerdo estatal PSOE-Cs podría servir para facilitar el cambio de gobierno municipal. No obstante, como me dice algún compañero, ni el PSOE municipal ni los concejales de Ciudadanos, parece que tengan muchas ganas de gobernar; se les encuentra demasiado cómodos, en especial a estos últimos, siendo como son, los máximos responsables de la lamentable situación de falta de cambio de políticas, la nula transparencia y participación ciudadana, manteniéndose inalterables las formas y el fondo del PP salmantino, que sigue gobernando con puño de hierro, con su beneplácito.

 

Mi preferencia pasa por un pacto general del mayor número de fuerzas políticas del arco parlamentario, inicialmente sin el PP. Este pacto proconstituyente debería constituir una hoja de ruta hacia la reforma agravada de la Constitución con la previa e indispensable reforma del sistema electoral, de cara a la convocatoria de asambleas constituyentes, de aquí a un par de años. Mientras, el gobierno de transición prepararía este proceso, a través de un programa de reversión de los recortes de derechos civiles y sociales, con el imprescindible rescate de las personas renunciando a la austeridad macroeconómica e ilusionando a la ciudadanía con la posibilidad de participar en el proceso de cambio constitucional hacia un nuevo modelo de país, para las próximas décadas. No obstante, no parece que el PSOE tenga la suficiente altura de miras, su renovación es tan falsa como las promesas electorales municipales de Ciudadanos en Salamanca.

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