Morante original

Caminos que recordar

José Luis Morante

Santuario de Sonsoles

Se cumple este curso escolar el décimo aniversario del reencuentro de mi promoción docente, tras 25 años de ejercicio de magisterio en las aulas de muchos pueblos abulenses y en otros municipios dispersos de la geografía hispana. Celebramos aquel aniversario en el parquecillo que rodea la iglesia de Nuestra Señora de Sonsoles. Allí nos volvimos a abrazar, con los rostros cambiados por las señales del tiempo. Ya no éramos aquellos estudiantes de la Escuela Normal, de la Avenida de José Antonio, que tenían ante sus cuadernos de apuntes la ilusionante tarea de transmitir valores y conocimientos a los ciudadanos más jóvenes de una esperada democracia en la que todo estaba por hacer, sino un grupo de nostálgicos cuarentones que mostraban las fotos familiares de sus vástagos y la serena madurez de la pareja.

Se cumple este curso escolar el décimo aniversario del reencuentro de mi promoción docente, tras 25 años de ejercicio de magisterio en las aulas de muchos pueblos abulenses y en otros municipios dispersos de la geografía hispana. Celebramos aquel aniversario en el parquecillo que rodea la iglesia de Nuestra Señora de Sonsoles. Allí nos volvimos a abrazar, con los rostros cambiados por las señales del tiempo. Ya no éramos aquellos estudiantes de la Escuela Normal, de la Avenida de José Antonio, que tenían ante sus cuadernos de apuntes la ilusionante tarea de transmitir valores y conocimientos a los ciudadanos más jóvenes de una esperada democracia en la que todo estaba por hacer, sino un grupo de nostálgicos cuarentones que mostraban las fotos familiares de sus vástagos y la serena madurez de la pareja.

 

No habíamos elegido aquel sitio de forma aleatoria. El lugar formaba parte de nuestra educación sentimental y de los días más claros de la primera juventud, cuando las pandillas son el sustituto natural de las familias y empiezan a aflorar los abriles sentimentales. Nosotros, los de entonces ya no éramos los mismos, pero también el paisaje del santuario se había transformado. Frente a la Paramera, la carretera de El Barraco, que conducía a Sonsoles, ya no era la pronunciada sucesión de curvas y ondulaciones sino un trazado de asfalto con suelo firme y menos peligro para el conductor que en apenas cinco minutos hace los cuatro kilómetros de distancia a la ciudad; en realidad, en los años juveniles nunca utilizamos el coche, siempre llegábamos hasta allí en parejas o en grupos, tras haber hecho una parada previa en el Soto o en alguna venta. Ahora todos aparcábamos coches de gama media en el espacio destinado a los visitantes. Otra circunstancia que no recordaba.

 

Se mantiene la entrada al parque y la cancela, el camino hasta la entrada principal y los bancos y mesas que auguraban una sobremesa de paella dominical y tortilla reciente, aliñada con el excelente agua fresca de las fuentes de piedra. Y está perfectamente conservada la entrada al templo y los elementos interiores que hacían tan emotivos los enlaces matrimoniales de la época.

El templo dedicado a la Advocación Mariana, recuerda la visita de la Virgen María a su prima Santa Isabel, motivo de celebración el 2 de julio, cuando muchos abulenses se hacen peregrinos y muestran su devoción católica. Es una celebración en la que participan también espectadores curiosos, atraídos por el encanto de una procesión que ha conservado sus raíces y sus tradiciones.

 

Me hace gracia cómo la sabiduría popular resuelve con razonamientos primarios cualquier duda lingüística. Así, el nombre de “Sonsoles” se habría formado con la unión espontánea de la expresión “son soles”, que en boca de unos pastorcillos habría resumido el aura de luz que rodeaba a las apariciones de la Virgen y el Niño. Los investigadores que han estudiado la historia del lugar tampoco se ponen de acuerdo en las nociones etimológicas, así que creemos al pueblo, que siempre tiene razón, y sin más nos damos una paseo gozoso por la alameda, antes de rociar manos y la cara con un poco de agua fresca. Suena la campana. Algunos vencejos cruzan el mediodía.

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