Morante original

Caminos que recordar

José Luis Morante

Regresos. Desde San Vicente

 
El cálido paréntesis veraniego me deja una lectura expresionista del paisaje, casi una caricatura de colores llamativos: comercios en la calle y mercadillos al paso que airean su mercancía al sol del consumo, chiringuitos y terrazas atestados, con cerveza en jarras, olores mezclados de multitud con abanico, y esa mezcla pacífica de lugareños y visitantes que por unos días se olvidan de los titulares del periódico.

Son sensaciones que poco a poco se van difuminando o nos saturan hasta anhelar el tiempo de regreso. Casi inadvertido, con su aire serio y su agenda repleta de asuntos pendientes llega septiembre y con él las horas apresuradas de lo laborable.

El regreso se impone, levemente desdeñoso y proclive al síndrome postvacacional que es palabra rara y asunto de sillón de psiquiatra y sólo se resuelve con el secreto a voces de la rutina, esa forma de desbrozar la realidad por las rutas de siempre.

Son muchos los que piensan que cualquier viaje encuentra su itinerario definitivo cuando el regreso nos deja en el punto de partida. Retorno a Ávila y elijo como punto de partida la basílica de San Vicente, el edificio más armonioso y singular de todos los itinerarios que quedan fuera de la muralla. Desde que se inauguró el nuevo centro de visitantes, es la mejor carta de presentación del patrimonio medieval abulense. Casi todos los visitantes inician junto a San Vicente su recorrido por la piedra histórica de nuestra ciudad. Sorprenden las dos torres asimétricas, una concluida con grácil campanario y otra más rectangular y con forma de cubo, y sorprende también que la ilustre fachada principal tenga un antepórtico para proteger la puerta principal, un añadido que no tiene ninguna otra iglesia de la ciudad. El contraste entre la piedra arenisca de la basílica y el gris granítico del claustro lateral deja en la retina una imagen de buen diseño que acaba de encontrar asentamiento definitivo en el interior con el largo majestuoso de la nave central, la rejería, los sepulcros labrados y el altar mayor.

Grandiosa y uniforme San Vicente es la imagen que me deja en el calendario por estrenar de septiembre. Atrás quedan las horas de sosiego e introspección, el alto en el camino para tomar fuerzas y seguir adelante. Esperan nuevas rutas.


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