Morante original

Caminos que recordar

José Luis Morante

Hernansancho

 

Hernansancho

Hubo un tiempo, todavía cercano en la memoria aunque haya envejecido en el amarillo de los calendarios, en el que la comarca abulense de La Moraña era €“valga el conocido tópico-un productivo mar de cereales, sobre todo cebada, trigo y centeno. Tras las agotadoras jornadas de recolección, comenzaban las mágicas tareas de las eras para limpiar aquel grano que se acumulaba en largos peces. Después el acarreo al silo culminaba la labor de los agricultores. Casi todos los silos tenían una apariencia parecida, eran construcciones rectangulares con alturas llamativas, entre las construcciones unifamiliares de la zona. El ejemplo de silo más característico que recuerdo estaba en Hernansancho, un alto almacén, en la carretera de Sanchidrián, a un centenar de metros del centro urbano. En verano, en los andenes laterales de la carretera guardaban cola los tractoristas de los pueblos cercanos: Gotarrendura, Villanueva de Gómez, San Pascual o Bohodón.

Cuando regreso a Arévalo, siempre elijo esta ruta por el mínimo tráfico que tiene a diario y sobre todo por recuperar estampas de una vida en el campo que se va extinguiendo muy lentamente con el despoblamiento de sus núcleos rurales y con la falta de expectativas de una agricultura que apenas sobrevive a la feroz competencia de otros países europeos.

Hernansancho es un pueblo tranquilo, que todavía acoge en sus construcciones a casi doscientos habitantes, la mayoría con una franja de edad que les da un merecido descanso por la jubilación. Las casas se extienden a ambos lados de la carretera que actúa como un eje de simetría, ensanchado en la mínima plaza de la iglesia. El muro en el que se asienta la espadaña de la torre es sólido, reforzado por un contrafuerte y no son pocas las veces que ha servido de frontón para el juego de pelota de sus habitantes. Sorprende la austera apariencia de las casas, donde el ladrillo es el único elemento de construcción, con escasas fachadas revocadas y con algunos corrales integrados en el entorno del pueblo.

Cuando paseo junto al edificio del ayuntamiento, recuerdo la anécdota que suscitó en los medios de comunicación que el partido ganador de las elecciones municipales fuera Unión Progreso y Democracia y que la primera alcaldía de la formación estuviese en manos de María de los Ángeles Bartolomé.

Como en otros pueblos cercanos, la huella del mudéjar apenas ha dejado vestigios históricos, como si Hernansancho fuera una senda de paso hacia el magnífico legado arquitectónico de Arévalo. Pero no es bueno dejarse arrastrar sólo por la apariencia del paisaje y desconocer el latido más personal, el día a día de tantos abulenses que todavía se afanan por mantener su pueblo vivo y abierto al visitante.

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