Morante original

Caminos que recordar

José Luis Morante

Fin de trayecto

He vivido muchos años fuera de Ávila, por motivos laborales, pero nunca he estado ausente. Ávila es el paisaje sentimental más constante de mi pensamiento porque abarca mi pasado y el ahora. Así que estos paréntesis temporales de alejamiento hacen más placentero el reencuentro con su ambiente urbano

Suelo cultivar entre sus piedras la nostalgia. Acumulo recuerdos mientras recorro alguna calle semidesierta del casco histórico, o me detengo en el ábside porticado de San Segundo, o vuelvo a San Vicente, para leer un libro en su claustro lateral, o rememoro en Santo Tomás los días de  estudiante interno en su residencia, cuando cada amanecer me asomaba a los huertos o deambulaba por las galerías claustrales, antes de comenzar las clases.

 

Pero Ávila es también el conjunto de pequeños pueblos de su provincia y las peculiaridades físicas de sus comarcas interiores. Soy morañego, mis ojos están hechos a la llanura y al cambio estacional de los sembrados y barbechos; soy también un agradecido enamorado de sus serranías porque viajo a la arquitectura de granito de la Sierra de Gredos siempre que puedo, cruzo las ondulaciones de la Paramera o asciendo las laderas de piornos de Serrota, convencido de que la felicidad es una cima de pronunciada pendiente que hay que escalar a diario para fortalecer el cuerpo y el espíritu.

 

Desde que se creó esta edición digital de tribunadeavila.com he colaborado en el blog “Caminos que recordar” con un artículo semanal que ha trazado aleatorios viajes por los municipios abulenses, diseminados en una geografía accidentada, con algunos rasgos comunes, más o menos demografía, y con un patrimonio monumental que a todos nos pertenece. De ese modo, he pretendido dejar una leve estela de mis visitas para que otros viajeros sumen pasos a los míos y transiten por su historia y por su geografía.

 

Este es mi último viaje. Fin de trayecto. Dejo, por otros proyectos literarios, este encuentro con los lectores de tribunadeavila.com y aparco mi coche en cualquier rincón de la ciudad para que otras escrituras tracen sus signos y sondeen los recodos de la provincia. Esta cita semanal ha sido posible a lo largo de tantos meses por la generosa decisión de María Sáez, quien me propuso hace casi un año encargarme de este blog. Muchas gracias, María. También quiero extender mi gratitud a Isabel y al resto del equipo del periódico, Les deseo a todos una feliz travesía y muchos éxitos. Un abrazo a todos los lectores y hasta el próximo encuentro. Siempre habrá caminos que recordar.

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