Morante original

Caminos que recordar

José Luis Morante

Cardeñosa. Un poblado Vetton

 

Hace unas semanas, nuestro periódico daba cuenta de la programación para especialistas, en una universidad del norte de Italia, de un curso monográfico sobre los castros vettones abulenses. La institución docente manifestaba con su interés la relevante categoría de la arqueología celta de Ávila que se dispersa en la llamada €œRuta de los castros€ por el mapa provincial. De este recorrido por el pasado el enclave más cercano a la capital es el poblado de €œLas Cogotas€, un atractivo yacimiento a descubierta en el término municipal de Cardeñosa.

Se accede a Las Cogotas por la antigua carretera de Valladolid. Un ramal secundario, a pocos kilómetros de Mingorría nos desvía entre encinas y arbustos hasta la presa. Junto al puente, un aparcamiento, adornado con una escultura zoomórfica que representa un verraco, permite realizar el recorrido por los restos arqueológicos a pie, utilizando una trocha de pendiente suave que, poco a poco, asciende hacia el recinto amurallado.

Algunos arbustos impiden la contemplación completa del perímetro descubierto, por lo que lo más aconsejable para los que acuden por primera vez es iniciar la visita por la entrada principal, dos muros laterales reconstruidos con acierto y con materiales que preservan las técnicas constructivas del poblado. En su forma original, una gran puerta permitía acceder al recinto que se defendía con las paredes de piedra tallada, sin labrar, y con empalizadas de madera. Desde esa entrada primitiva el poblado aparece como un círculo completo, con vistas a la presa. El conjunto incluye algunos grupos de rocas graníticas que servirían como canteras naturales para las construcciones, para fabricar herramientas artesanales y para modelas sus tallas.

La vida familiar de sus moradores se aposentaba en pequeñas casas escalonadas, que aprovechaban el declive de la superficie y las paredes comunes para optimizar el peso de los muros y hacer más sólido el techado de ramas y hojarasca.

Junto a las casas, un recinto fortificado interior establecía una segunda línea de defensa y servía también como enclave de vigilancia que permitía dominar los cerros próximos y las laderas cercanas al poblado, donde se realizaban las actividades económicas, sobre todo la ganadería y el trabajo de los canteros.

En la quietud del sitio no es difícil imaginar la organización social del poblado de Las Cogotas, esa suma de cazadores, artesanos, constructores y ganaderos que aglutinaban esfuerzos para superar las dificultades de una naturaleza austera. El silencio del poblado paraliza el reloj y hace sentirse un intruso que escucha las silenciosas voces de la piedra.

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