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Blog Ramón Vicente

Tribuna de Salamanca

Oleaje sonoro

La música siempre ha estado unida al cine. Como una empresa en la que hay dos socios y uno de ellos tiene menos importancia. La música ha sido hasta hace pocos años ese socio que está a la sombra, ese jugador que apenas nombran los locutores y que tan importante es para sus equipos, esa labor en la sombra que hace que esté ahí pero que no se le da la medalla que se merecen cada partido. ÂżQué sería del cine sin la música?

Pasa lo mismo con el sonido en muchos de los cortometrajes que se realizan en nuestro país. Muchos de estos trabajos abandonan y dejan el sonido de lado, sin darle apenas importancia. Sin duda alguna, un corto o una película, si tiene una mala imagen te lo puedes llegar a tragar, pero Âżaguantarías un corto si no escucharas lo que dicen?

El otro día, en casa y haciendo limpieza me topé con una película que hace mucho me gustó y que guardaba en una tarrina con otras películas de temática musical. ÂżA quién no le gustó Grease cuando era joven? Más distanciada en el tiempo queda la obra maestra de Lars Von Trier con su 'Bailar en la oscuridad', una película del año 2000 que nos dio a conocer, en su faceta de actriz, a la cantante islandesa Bjork. La cantante lo pasó tan mal en el rodaje que dijo que no volvería a hacer cine, cosa que ha cumplido hasta la fecha. Un trabajo duro y cruel que la cantante interpreta a la perfección creando, además, una banda sonora que es simplemente ESPECTACULAR, en mayúsculas. Por cierto, Bjork ha presentado hace pocas semanas su nuevo álbum, 'Crystallyne y Cosmogony'.

Otro film, 'La leyenda del pianista en el océano', cuenta la historia agridulce de un niño que aparece en los lomos de un piano, el maquinista del barco adopta al crío cuando lo encuentra abandonado. La música de Novecento, como así llamaría el maquinista a ese chiquillo que se convertiría en un maestro del piano, viajaba en un trasatlántico desde el Reino Unido hasta Estados Unidos durante los años treinta. Novecento nunca bajó del buque a pesar de intentarlo, lo único que salió de la nave fue su sombrero cuando lo lanzó al mar en su intento fallido de pisar tierra firme, no pudo cruzar la pasarela aunque eran unos pasos de nada.

El problema de Novecento no era otro que temer lo que no veía, lo que no tiene un final. Un piano tiene 88 teclas, tiene un principio y un final, una melodía empieza y acaba, dice el protagonista de esta poesía cinematográfica. Sus singulares creaciones musicales nacían de su forma de mirar la realidad, era incapaz de leer una partitura, pero eso no le impedía inspirarse viendo pasar la vida a través de un ojo de buey, de los orificios circulares que bordeaban el barco de proa a popa. ÂżQuién sabe dónde nos llevará este oleaje sonoro?

Decía Novecento, que no podía permitir que su música viajara sin él, hoy sería un fiel defensor de los directos, donde el alma del músico debería llegar transparente al público. Afortunadamente, para los que no podemos vivir en un concierto continuo hoy en día la música y la información viaja por el ciberespacio a la velocidad de la luz y no en un trasatlántico con nombre de mujer (El Virginia), lo que añade aún más romanticismo a esta bella historia de Giuseppe Tornatore, acompasada por la magistral banda sonora de Ennio Morricone.

Quién sabe lo que pensaría Novecento en estos días en los que los artistas nóveles cuelgan su música para darse a conocer al mundo. Incluso cuando ya nadie bailaba, él siguió tocando, claro que no contaré como acaba una película que recomiendo, por cierto. Supongo que tampoco sabremos dónde nos llevarán las nuevas tendencias sonoras, por lo que habrá que esperar, por lo menos hasta mañana, o hasta la próxima semana, o hasta el próximo mes...

@ramonvicente71

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