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Blog Miguel Refoyo

Tribuna de Salamanca

El lobo está en casa

Jaume Balagueró sabe perfilar a un monstruo humano, obsesivo y pérfido, logrando que el espectador cree un vínculo insano en el seguimiento de sus oscuras hazañas vecinales.
A lo largo de la historia cinematográfica, el miedo ha tenido tantas mutaciones que a veces es complicado reconocerlo. Jaume Balagueró se adentra en el miedo a la invasión de nuestro espacio personal o de nuestra propiedad como contexto salvaje en el que cuestionar la fragilidad con una turbadora fábula que confecciona desde su inicio a un monstruo elaborado a través de la envidia, que tienta cada día el suicidio por llevar una vida vacía y de frustración. ‘Mientras duermes’ presenta y se sostiene, casi de forma unilateral, en uno de los mayores hijos de puta que haya dado el cine en mucho tiempo; un enfermo obsesivo que opera quirúrgicamente en la vida privada de sus vecinos, pero que también expone un hombre solitario y oscuro cuya descripción psicológica resulta angustiosa e incluso conmovedora. La octava película de Balagueró (la quinta en solitario) asume con delineación patógena la senda del guión de Alberto Marini para escarbar con frialdad en la presentación y desarrollo de este personaje; desde su metodismo a la hora de configurar sus pasos, su día a día y oscura rutina hasta llegar a crear una especie de ‘feedback’, un vínculo insano entre el espectador y el rol y el seguimiento de sus hazañas vecinales. Se trata, por tanto, de un ejercicio de manipulación, de reciprocidad por parte de un público que se mete en la piel del lobo y desea que sus conquistas se consumen, agazapados debajo de una cama esperando que llegue el momento para actuar y hacer el mal. En ese sentido, Balagueró sabe perfilar a su alimaña, a que todo resulte creíble, que el odio a la representación de la bondad y de la felicidad que simboliza esa vecina del 5º B. Y lo hace sin necesidad de falsas excusas ni cortadas. Aquí el antihéroe es un ogro que se alimenta del dolor ajeno para sentirse vivo, como un vampiro que subsiste cuanto más sufrimiento y angustia hay a su alrededor y que aspira a que los demás sepan lo que es sufrir tal y como sufre él.

A Balagueró no le interesa el efectismo, sino ir consumando su manifiesto mediante las emociones, a través del desaguisado psicológico y metódico de su desequilibrado personaje, creando una atmósfera concreta y reconocible, controlando su puesta en escena para que todo resulte eficaz. En ‘Mientras duermes’, no obstante, no abunda un excedente de originalidad. No cuenta una historia que no hayamos podido ver a lo largo de los últimos años. Sin embargo, bajo ese manto de obviedad se esconden algunos de los temas interesantes más interesantes de esta obra de Balagueró, porque el miedo está desglosado en varios frentes; no sólo en la idea demoníaca de ese portero que disfruta haciendo el mal a sus semejantes, si no en el propio temor autoasumido a ser normal de éste, a sentirse tan sólo y despojado de humanidad que ve imposibilitada una conducta estandarizada dentro de un colectivo. De ahí que disfrute gozosamente al narrar su problemática a una anciana de un centro hospitalario de la que el espectador puede sospechar que es su atormentada madre, pero a su vez que tampoco tenga un vínculo con este monstruo más allá de ser víctima de sus oscuros planes vitales. Y sí, lo de Luis Tosar empieza a dar miedo con su desbordante talento. Con una capacidad interpretativa tan absolutamente dotada para la excelencia, casi sobran los elogios y los cumplidos. Está simplemente brutal.

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